No, no baja, sí sigue dañada. Abra el techo. Pues viejo ¿qué puedo decir? Es una vaina muy rara. Pues es que la conozco hace como diez años, sí siempre me pareció bonita, una vieja chévere y bonita y ya. No se que pasó esta vez. Hace como dos años que no nos veíamos. Y de pronto apareció no tan inesperadamente, la verdad un poco esperadamente hasta con cierto toque ligero de ansiedad, claro es que en dos años la gente cambia, y con ella los años son buenos, cada vez más bonita y más chévere.
Que jartera este trancón, no vamos a llegar nunca, bueno como le iba diciendo, apareció y no se que pasó esta vez. Pero me costaba mucho esconder una sonrisa pendeja cada vez que la veía y cada vez que hablaba con ella. La miraba a los ojos y sentía dos impulsos opuestos uno quería desviar la mirada porque me intimidaba, sentía nervios, y en el otro quería quedarme mirando esos ojos gigantes, mirarlos sin pausa; pero claro nunca seguí ninguno de esos impulsos del todo, seguía un poquito de cada uno. Como dos veces le rocé la mano y sentí un corrientazo, ni idea si ella sintiera lo mismo. No creo.
No hermano, no le dije nada, ni tampoco se lo voy a decir. ¿Para qué? Ud. sabe lo iluso que es ponerse a soñar a estas alturas del partido. ¿Qué voy a hacer? Nada, sí que desgracia, esta historia murió sin nacer.
Mientras suena: Descontrol. Fobia.