Insoportable ese parche de discurseros tramadores, que todo lo explicaban poniendo voces que dentro de su cabeza sonarían muy profundas e interesantes pero que afuera eran un granznido, además estaba la cara de sufrimiento cuando decían que no eran apreciados ni comprendidos. Me imagino yo, y ésa es mi especialidad, ¿sí o qué? armarse videos, que con ese mismo discurso se les fue la infancia, la adolescencia y hasta ahí, porque a esos siete, cagada que el apodo de los siete enanitos nunca pegó; a esos siete solo les duró el impulso para ser adolescentes eternos; y si a eso vamos no es mucho lo que puedo decir, de esa eternidad soy víctima, pero no siempre, usted sabe. Y lo peor de todo es que por separado eran personas, juntos eran un organismo de mierda. Por eso hermano no se deje convencer del show, del acá estoy, del míreme que incomprendido soy, porque esa es la publicidad; la verdad es lo que se dice cuando no hay público, cuando la audiencia se reduce a uno y el sol amaga con salir; como esa noche que me tragué todas mis palabras y prejuicios. Años y años habían pasado, y ahí estaba otra vez, en el bar del hippie, pidiendo lazy eye, a tres mesas de donde estábamos, ¿se acuerda? nunca la vi venir, nunca le creí, porque hermano en ese momento no sabía que a veces la publicidad está en su cabeza, a veces es uno mismo el que arma toda la bulla, el que le mete todo el ruido al asunto; viejo no veía claro, la miraba y era tan salgo en comerciales, soy tan lugar común, tan como otra que sale en comerciales; y ella que me decía que cuando la conociera no la iba a olvidar, hermano cuando uno apenas empieza a escalar el segundo piso nunca se equivoca, y ahora en el tercero sí que nos equivocamos, o ya no nos importa tanto; y vea, esa madrugada en el bar del hippie, sin audiencia, libres de shows, con el sol amenazando con salir, me tragué todas mis palabras, satisfecho de estar equivocado otra vez.
Mientras suena. Lazy Eye. Silversun Pickups