Hambre*

Olor a hierba húmeda que se filtra por el pequeño espacio que queda entre el piso y la puerta cerrada por fuera, lleva mucho tiempo encerrada, no puede calcular cuánto. Sin ver la luz del día es muy complicado. Hace mucho no ve ninguna luz, sus ojos se han habituado a las sombras. Parece que hace sol, ya era hora, el tic tac de la lluvia sobre el techo la tenía muy nerviosa.

Se arrastra hasta donde le permite la cadena asegurada sobre su tobillo derecho. Pega la cara al suelo, aspira el poco aire fresco que logra entrar bajo la puerta de madera. Enfoca cerrando un ojo. Algo alcanza a ver del patio interior. El árbol está ahí, como siempre.

“¡Tamaleeeees, tamaleeeeees!” grita una mujer en la calle. Es domingo y debe ser temprano. Aun no son las nueve de la mañana. Tiene hambre. Está tan cerca de la puerta. Si alguien la ayudara. Quiere gritar, pedir auxilio. La idea es clara y la ejecución pobre: de su garganta solo sale un bramido. Tiene mucha hambre, necesita aliviarla. Se agazapa en la oscuridad. Alguien se acerca. Una oportunidad, solo eso necesita. Nunca se la dan, tienen tanto miedo, no saben, no entienden (ni siquiera ella). Se saborea pensando en un pedazo de carne que no va a llegar. Babea sin control, la saliva baja por su cara y gotea desde la barbilla hasta el suelo. Recuerda como sus dientes se hundieron sin dificultad en la suave carne de un muslo. El sabor metálico de la sangre inundó su boca. Nunca antes sintió un placer mayor. Fue tan fácil. Trepó al árbol del patio interior, el niño no la vio, no la escuchó, nunca supo qué cayó del árbol. Ver sus ojos sorprendidos y asustados le ocasionó el primer orgasmo. El sabor metálico de la sangre el segundo. Cuando terminó de comerlo se masturbó durante cincuenta y siete minutos sin parar. Carne y sangre. No necesita nada más.

Mientras suena:   

*A partir de una visión de Caro Rueda.

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6 comentarios para “Hambre*”

  1. Pau Dice:


    ¡Escalofriante!

  2. La ReiNa Roja Dice:

    Wow…alucinante, me encantó.

    Verónica

  3. Pablo Medina Uribe Dice:

    Yo conozco a esa señora que grita “¡tamales!”.

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