-Buenas noches padre.
-Buenas noches-respondió el párroco sin volverse a ver. Le dio dos vueltas más a la llave. Haló la puerta dos veces para asegurar que estaba completamente cerrada. ‘Con estas puertas viejas nunca se sabe’ pensó mientras se daba la vuelta.
-Estoy de salida, mañana a las 8 estaré en el despacho de nuevo. Vaya con dios.
-Padre solo vine a entregarle esto-dijo la anciana mientras estiraba la mano y mostraba un paquete. -Es chocolate artesanal, receta de familia, usted sabe-continuó con una enigmática sonrisa.-Es exclusivo para usted. Y tenga cuidado el mal anda rondando por acá.
-Muchas gracias. Por el chocolate, que huele delicioso, y por la recomendación. Nos vemos mañana-dijo el párroco mientras sonreía y arrancaba a caminar con pasos ágiles y decididos.
Debe ser nueva por acá, nunca la había visto. Pensó mientras aceleraba el paso. ‘Cuatro cuadras hacia el sur y siete hacia el occidente, acuérdese padre, la casa de la palmera’ recordó las intrucciones de Juanita. Un quejido lo sacó de sus recuerdos, miró hacia la derecha un bulto con forma humana se revolvía a la entrada de una casa vieja y abandonada.
-Padre ayúdeme, tengo mucha hambre-dijo el bulto con una voz ronca.
El párroco dio un paso hacia atrás espantado por el hedor a descomposición que salía del bulto con forma humana. Corrió asustado dos cuadras, mirando constantemente hacia atrás. Lentamente recobró la calma y se sorprendió del miedo sin razón que había experimentado.
‘Juanita’-pensó sintiendo un agradable cosquilleo que subía desde su entrepierna. ‘Juanita y su cuerpo firme, su piel suave, su inocencia de chica joven y de provincia, Juanita y su búsqueda de consuelo espiritual y carnal’, una amplia sonrisa se dibujó en su cara y desapareció casi inmediamentamente. Un fuerte remordimiento remplazó el agradable cosquilleo por un vacío en el estómago. ‘Al menos no me meto con niños’ pensó tratando de callar esa desagradable voz interior. ‘Bueno, mejor hago una buena acción y ya’ decidió mientras se daba vuelta y buscaba el maloliente bulto con forma humana.
-Tome señor, que lo disfrute-dijo mientras alargaba el chocolate artesanal. Unos ojos rojos encendidos lo miraron con furia y hambre, una garra de piel verdosa y áspera lo tomó por el cuello mientras un rugido de triunfo salía del bulto con forma humana.
Juanita temblorosa y excitada lo esperaría en vano, porque un mal anterior al hombre, anterior al miedo mismo se había instalado en Ciudad Bipolar. Y pensaba alimentarse hasta el hartazgo.
Mientras suena: Gimme Shelter. Rolling Stones.