Archive for 29 julio 2008

Descansando*

julio 29, 2008

“Solo está descansando” se repitió por enésima vez mientras pasaba una oxidada esponjilla metálica por el reluciente número 72 que la diferenciaba de otras como ella. Ahora solo podía colarse en las noches para limpiarla y mantenerla a punto. “Lista para salir” se dijo. “Ya van a ver quien es el loco”.

Lo único que sabían los otros indigentes es que se llamaba Toño y que había sido maquinista de La Morena. Así la había llamado desde el momento en que inició el primero de los cientos de recorridos que juntos hicieron. Nunca se casó, no tuvo hijos, su hermana y lo que quedaba de su familia murió en la avalancha de Armero. Solo tenía a La Morena y a Abimael un perro viejo y cansado al que le gustaba espantar a la familia de ratones que vivía en lo que alguna vez fue un cojín sobre el asiento del conductor.

“Ya pronto nos vamos” le susurró a La Morena. Sabía que algo no estaba del todo bien. Lo sabía porque aun tenía momentos de plena conciencia en los que notaba que le estaba hablando a una vieja locomotora alemana traída a Colombia en el año 1956 y que llevaba 33 años abandonada. Sabía que el fin no estaba lejos, sabía que su cordura caducaría el día en que La Morena le respondiera.

Interminables cultivos de arroz, montañas gigantes y tímidas que escondían su cabeza tras densos bancos de niebla aparecían cada vez más a menudo frente a sus ojos. Y la carrilera. Una carrilera que no parecía tener principio ni final. Una carrilera a la que le faltaba el alma, le faltaba La Morena.

“Ya casi nos vamos, cierto Morena?” le preguntó en voz alta a la dormida locomotora alemana. “Sí Toño” le respondió La Morena, “mientras tanto descansa, ahora yo te cuido, ya te avisaré cuando estemos listos”. Trastabillando Toño dio los últimos cinco pasos de su vida, con su último aliento se acomodó en el asiento del conductor de la locomotora, el único sitio donde había sido feliz en toda su vida. Con una sonrisa observó la interminable carrilera que se extendía bajo La Morena, “Vamos” dijo La Morena, “Arranca pues” dijo Toño mientras hundía la cabeza en su pecho.

Mientras suena: Promises Broken. Soul Asylum.

*Inspirado por: http://www.flickr.com/photos/veronica_giraldo/2705682204/

Abuelos.

julio 16, 2008

No se puede bajar esa ventana. Mejor dicho sí se puede bajar, pero después no se puede subir. Y usted sabe, acá llueve en cualquier momento.

El fin de semana pasado vi a mis abuelos, sí a los cuatro. Es cierto soy muy de buenas, no todo el mundo conoce a todos sus abuelos. Y ¿sabe algo? Me ha dado duro. El papá de mi papá ya no sabe quien soy. Me saluda “buenas tardes señor” y disimuladamente (piensa él) le pregunta a quien esté a su lado “¿ y él quién es?”… ya no reconoce a algunos de mis tíos. Sí, a mi papá sí, no ni idea porque a unos sí y a otros no. No de resto está perfecto, no le duele nada, nada de colesterol, tensión normal, todo bien. Lo más raro es que desde que tengo memoria cada fin de año él dice que el próximo será el último, y mi memoria ya abarca bastantes años. Claro, todavía sale a dar vuelta por la cuadra, antes iba caminando a todas partes, sí él es campesino, ahora solo va hasta la esquina y se devuelve, ese paseo le toma veinte minutos, además se rindió y aceptó el bastón, porque antes decía “yo bastón no uso, no quiero que me digan viejo”, sí así es él, así son los hijos, y así somos los nietos, el orgullo ante todo.

Mi otro abuelo arrastra los pies, se le olvidaron las fórmulas de las aleaciones y además no ve bien por un ojo, claro que sí, él sigue buscando trabajos, pero se demora mucho y cada vez le llegan menos. ¿Sí ve esta cadena? Él la hizo, me la regaló cuando terminé el colegio, la uso todos los días. Claro, le tengo mucho cariño, no todo el mundo puede tener una cadena hecha por su propio abuelo. Le tocó dejar de manejar, eso le dio muy duro, hace poco trató de levantar un paquete de naranjas y el peso le ganó, cayó con todo y paquete. Duró todo el fin de semana triste y callado. Quiere seguir haciendo cosas, quiere seguir sintiéndose útil, pero los años no ayudan. Mire que desde muy niño como cinco o seis años he visto llorar a mi abuelo y a mis tíos, sí a los maternos, por eso cuando en el colegio decían que los hombres no lloran yo sabía que era mentira, si alguien como mi abuelo lloraba entonces cualquiera podía llorar. Así es él, así son sus hijos, y así somos sus nietos, muy sentimentales y sin miedo a mostrarnos como somos.

Sí para qué pero soy muy de buenas, mis abuelos son lo máximo.

Mientras suena: Cerrar y abrir. Los Tres.

Luces y sombras.

julio 1, 2008

No sirve, ¿para qué sigue jodiendo con el interruptor? Sí, está fundido. Hace como un mes. No. No es pereza. Vea, saque las fotos, párese acá, eso ahí en ese punto como intermedio. ¿Sí ve? Es como si fueran otras fotos, como si fuera otra gente. No se. Es como si no fuera yo el que tomó esas fotos. Es como si ahí parado se viera algo más, esas sombras le dan un aire raro. Exacto, por eso no cambio el bombillo. No se, un día me paré ahí y descubrí el cuento de las fotos, paso horas viéndolas ahí, moviendolas unos centímetros inventando caras nuevas, nuevos paisajes, inventando las historias detrás de cada imagen. A veces hasta escucho los diálogos que sostenía esa otra gente mientras era retratada. Sí, es eso. Como espiar la vida de otra gente, y eso siempre me ha gustado. Quedarme ahí quieto y callado mirando, imaginando, llenando los espacios en blanco. Siempre así, siempre imaginando.

Mientras suena: Us and them. Pink Floyd.