El jardín.

Al dar vuelta a la esquina la vi. Vista desde lejos parecía igual, cerré los ojos un momento para recordar como era, no es fácil recordar cosas que pasaron hace veinte años. Cada paso que daba era una grieta, una mancha de humedad, un cesped descuidado, unas rosas que no volverían a florecer, maleza invadiendo un jardín que veinte años atrás admiraba y ayudaba a cuidar.

Puerta del jardín oxidada, el rojo óxido casi la soldaba, con un chirrido me dejó pasar. El timbre no funcionaba. Nadie vive acá, pensé. Golpeé con la aldaba tres veces. Unos pasos vacilantes se arrastran hasta la puerta. ¡Mijito! gritó la anciana al reconocerme. Doña Margarita, ¿cómo está? no creí que me reconociera tan rápido. Mijo usté habrá crecido mucho, y tendrá cara de adulto y lo que quiera, pero a mí su mirada de curiosidad eterna nunca se me olvida.

Traté de reir y salió un graznido, era imposible reir en una casa que se caía a pedazos, era imposible reir frente a esa anciana triste que me miraba con ojos de sueños rotos. ¿Está Jaime? le pregunté más por acabar con el silencio incómodo que por verdadera curiosidad. Claro que está, está en su cuarto, siga mijo usted sabe donde. Permiso, le dije y seguí, recorriendo un camino que sabía de memoria. Jaime fue mi mejor amigo de infancia. Me gustaba jugar con él por tres razones básicas: su casa gigante y vacía. Un palacio de mejores tiempos, cuartos y más cuartos llenos de cosas acumuladas por años, basura, tesoros para dos niños de ocho años. El jardín. Un paraíso en Chapinero, parecía salido de otro sitio, un jardín imposible en Bogotá. El silencio.  Jaime era un niño muy callado, nunca me ha gustado hablar, ni que me hablen, por eso me gustaba jugar con Jaime, era casi como jugar solo, como con un amigo imaginario.

La puerta del cuarto estaba cerrada. Toqué tres veces, siga dijo una voz áspera. Entré. La impresión me obligó a agarrarme de la puerta. El cuarto era exactamente igual a como yo lo recordaba. Ahí adentro no había pasado ni un día en veinte años. ¿Jugamos en el jardín? preguntó Jaime. Traté de hablar y la voz no me salió. Para él no ha pasado el tiempo, bueno, para su cabeza, dijo doña Margarita a mi espalda. Lo miré fijamente y noté su mirada perdida, tenía un carro en cada mano, una mancha de helado casero de mora en el pecho y manchas de pasto en las rodillas. Así recordaba a Jaime, a un Jaime de ocho años, no uno de veintiocho. Tuve que sentarme. La cabeza me daba vueltas. ¿qué pasó? le pregunté a doña Margarita. No sé, me dijo. Un día volvió del colegio más callado que siempre, no respondía a ninguna pregunta, no hablaba nada, y nunca volvió a salir. Pero no me importa, continuó, es un niño muy bueno. Sus últimas palabras hicieron que un escalofrío me recorriera todo el cuerpo. Giré y la miré fijamente, y vi en sus ojos todo el peso de la locura de veinte años de sufrimiento, su mirada vacía y su sonrisa maníatica me paralizaron. Quédese mijo y jueguen, yo llamo a su casa y les digo que se va a quedar, dijo doña Margarita mientras cerraba la puerta y le daba dos vueltas a la llave. Lo siguiente que recuerdo es que grité, porque veía el jardín acercarse a mi cara, supongo que salté desde la ventana del cuarto de Jaime, caí mal, me fracturé la clavícula izquierda, por eso tengo un hombro más arriba que el otro. En ese momento no sentí dolor, me paré como si nada y corrí durante cincuenta y tres minutos hasta mi casa.

Tengo miedo. Doña Margarita me sigue. Cada vez que volteo la cabeza está ahí detrás, caminando muy despacio con sus pasos lentos y decididos de loca. Tengo miedo. Ayer encontré una nota encima de mi cama. “Venga y jugamos. Mi mamá me dijo que usted podía quedarse, Jaime”.

Sé que me siguen, sé que lograron meterse a mi casa. La cabeza me da vueltas, tengo miedo.

 

Mientras suena: Down in a hole. Alice in chains.

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4 comentarios to “El jardín.”

  1. Schatzy Says:

    Me gusta el estilo, mucho y este particularment me gustó, debe ser por psiquiatra 😛
    **
    Schatzy: upaaaa no sabía!!

  2. POL Says:

    Pero, ¿por qué no quedarse a jugar? ¿no es acaso un sueño ser un niño por siempre y pasar por la vida jugando? Oh, bueno, será mi sueño.
    Saludos a Jaime.
    **
    POL: Es cierto, es un sueño. Esperemos que el amigo de Jaime recapacite.

  3. Lina Says:

    Me gusta mucho ese tipo de relatos. Siempre paso por acá…
    **
    Lina: Es un gusto que pases por acá. Tu casa también me gusta mucho.

  4. 1 Says:

    .

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