La Casa.

Teníamos que caminar unas siete cuadras. Cruzar la séptima, y subir hacia los cerros otras tres cuadras. Y ahí estaba. Justo en la esquina. Con su antejardín gigante venido a menos. Ni siquiera tenía garaje, nada, solo lo que alguna vez fue prado, y una fuente rota. Nunca entrábamos por la puerta principal, era muy obvio. Dábamos la vuelta y había un hueco en el muro y por ahí sí se podía entrar. La primera vez recorrimos la casa completa. Lo que había sido la sala estaba llena de basura reciente, lo que nos señaló que no era recomendable ir en las noches. Detrás de la sala había un patio. Uno de esos patios antiguos, de esos que están rodeados de cuartos. Ese patio era el sitio más importante de la casa, en el centro había un árbol, no tengo ni idea qué árbol era, igual ese sitio era nuestro favorito. El segundo piso estaba lleno de polvo, se veían marcas de patas muy pequeñas. Cuando subíamos se escuchaba como las ratas corrían a escoderse. Los últimos dueños habían dejado algunos muebles, unos muebles tan viejos que ya eran inservibles cuando la casa fue abandonada. A ese segundo piso apenas fuimos dos veces, y porque la lluvia nos sacó del patio.

Casi siempre íbamos los jueves al medio día. Los jueves son días raros, tan cercanos al viernes pero con un aire de angustia a lunes. Yo llegaba a su casa y silbaba, tres minutos después ella salía corriendo por la puerta de su casa con el pelo todavía mojado. Nos íbamos caminando a veces dando pasos largos a veces dando pasos cortos, eso sí siempre evitábamos pisar las líneas de las calles.

Por el camino comprábamos chocorramo y coca cola, o sandwich y cerveza, todo dependía de lo que dijera el sol sobre nuestras cabezas. Y nos metíamos a la casa abandonada a comer y hablar. Ella me contaba sobre las películas raras que le gustaban, películas en las que nadie hablaba y sin embargo la conmovían hasta las lágrimas, me hablaba sobre Picasso y Ernst, me contaba sobre lo que estaba pintando o sobre las cosas que tejía. Yo le hablaba de Sabato, de Kundera, de Led Zeppelin, de los Ramones, de lo que pensaba los domingos por la tarde, del olor a vainilla, del sabor ácido del maracuyá. La charla lentamente se iba apagando y llegados al punto del silencio total, yo me acostaba mirando las nubes y ella recostaba su cabeza en mi hombro, la rodeaba con el brazo derecho y fingía dormir mientras olía su pelo y me sentía en casa, mientras una paz infinita nos llenaba.

Hace poco pasé por ahí. Ya no está la casa, ahora hay un edificio de apartamentos.

Mientras suena: Notion. Kings of Leon

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15 comentarios to “La Casa.”

  1. POL Says:

    Jum, esas son justamente la dirección para llegar a mi casa (que es en un edificio de apartamentos), espero que no sea mi caso de ambición por el progreso el que haya demolido su casa de recuerdos. Porque, de todas maneras, extraño mi otra casa, la viejita, la que se caía a pedazos, pero tenía patio y sé cuánto apego se puede desarrollar por un árbol (el mío era un eucalipto, el de mejor olor).
    A ella le concedo algo, hay cosas que conmueven más cuando se quedan en silencio, las escenas y las canciones que me hacen alborotar la lágrima son usualmente en las que no se dice nada. Y, bueno, ya que estamos de confesiones, le comparto que, la verdad, nunca me ha gustado el jugo de maracuyá. Siempre me deja con sed.

    (el jugodemaracuyá de Por Partes, en cambio, siempre me deja más satisfecho de lo que sospecharía)

    • Danilo Says:

      Hombre, viejo Pol, no sabía que así también se llegaba a su casa. De acuerdo con usted, el silencio es algo increíble. Cuando éste llega en el momento adecuado.
      De otro lado, como se podrá sospechar el jugo de maracuyá es mi favorito.
      Y muchas gracias por lo que dice!

  2. Schatzy Says:

    Tejo una bufanda ahora, leo Capote.
    Me gustó

  3. Alice Says:

    Me sigue encantando la forma en la que escribe.
    Este texto en especial, me hizo pensar en Rafael Chaparro Madiedo. Muy propio de su estilo.:)

    Y claro que puede plagiarme cuando sea necesario.

  4. Flor Says:

    Me encanta como escribis!
    Sos muy buena describiendo… tanto, que me sentí dentro de esa casa.

  5. Flor Says:

    Por alguna razón, que desconozco, creo que te cambié el género.

  6. Sattine Says:

    Creo que lo mejor de todo el texto es ese final. Y también debo decir que esas son más o menos las señas para llegar a mi casa.. “hasta la loma” jaja.
    Un abracito Dani.

  7. Diana Says:

    y después de tanto y desde el otro lado del oceano volví a leerte……me encanto la parte de los silencios!!!!
    Un abrazo mi estimado gran escritor,

    • Danilo Says:

      Hola Diana!
      Es la primera vez que comentas! Se que llevas bastante leyendo lo que escribo. Es un placer saber que has regresado a mi casa. Y ahora dónde andas?
      Saludos.

  8. Mona Says:

    Nunca había venido a éste blog! De hecho hace muchos meses no entraba a ninguno, pero por alguna “majadería” entré y ya leí todas las entradas, todas-toditas. I likey!

    Saludos desde Canadá

    • Danilo Says:

      Hola Mona!
      No te imaginas la alegría que me produce la llegada de nuevos visitantes. Y mi alegría aumenta si les gusta lo que escribo.
      Bienvenida por acá, ojalá sigas viniendo.
      Saludos.

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