Archive for 30 septiembre 2009

Infierno

septiembre 30, 2009

No dan ganas de nada. Ni moverse. Ni pensar. No se como sea para usted, para mí es así. Es como si no estuviéramos acá, como si algo hubiera pasado y de un día para otro despertamos en un sitio completamente diferente. Las calles ardiendo, un viento caliente que solo sirve para levantar nubes gigantes de un  polvo que no deja respirar. Personas sentadas a la sombra, abanicándose con lo primero que encuentran a mano, ni siquiera los perros ladran, se limitan a respirar muy rápido y a abrir los ojos de cuando en cuando. Esto no puede ser real hermano. Nos robaron la lluvia, el viento helado, la gente saltando charcos, los perros mojados que huelen horrible, las manos en los bolsillos. Como Rip van Winkle, así me siento.

Va despacio la cabeza, y eso es desesperante, peor que la vez que tuve que soportar durante cuarenta y dos minutos a la fanática de coelho, esa que soltaba cada dos minutos frases acerca de los sueños, el universo, la importancia de la visualización en la ley de la atracción, pero que nunca dijo nada concreto, nunca me explicó sus sueños, ni mucho menos su plan para lograrlos, ahora pienso que no los tenía, tan solo un repertorio de frases y lugares comunes llenos de una dulzura y un positivismo tan irreales, que yo y mi cinismo solo pudimos reír sin parar, viejo lo peor fue cuando entrecerró los ojos y recitó completa una canción de un guatemalteco que nunca leyó un libro en su vida;  este bochorno es peor que todo eso, este calor que derrite los pensamientos antes de que sean palabras, que no deja caminar, que llena la garganta de un aire seco que produce tos, sed y ganas de acostarse y vivir de noche, esa debe ser la solución, el día ya no es soportable, tal vez la noche todo lo mejore, probaré y le cuento; y me acuerdo de todo esto porque esa vez al final de los cuarenta y dos minutos de infierno la pobre y positiva fan de coelho no soportó más mi cinismo o su fracaso como profeta de esa nueva y extraña religión y vació sobre mi cabeza un vaso de agua helada, que es justo lo que quisera hacer ahora porque no soporto más este infierno.

Mientras suena: The KKK took my bay away. The Ramones.

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No

septiembre 22, 2009

Con el tiempo se le va tomando práctica. A estas alturas del partido ya no duele decir no. Ya no se duda. Ya se hizo y se deshizo. La curiosidad está relativamente saciada. Aun hay preguntas, muchas preguntas pero sacar un no como respuesta, no es problema. Claro que esta vez sí me ha costado. No estaba seguro de ese no que parecía tan correcto, tan lo que se debe hacer así duela. Porque siendo honesto puede ser una de las últimas oportunidades. Es ahí donde duele ese no. Es muy posible que haya dejado ir el último tren, es más el último vagón del último tren y sin fuerzas para seguir corriendo.

A ver, recapitulemos. Compañía he tenido. No hay porque quejarse. Buenas compañías, malas compañías; en este momento da igual, los recuerdos todo lo suavizan, todo se supera, es como sentarse a ver el atardecer de un día bien vivido. La sensación de paz es la misma. Y no solo paz, alivio, como cuando se termina una labor que demandó un gran esfuerzo. Alivio y satisfacción. Así me sentía. Claro, nada es para siempre. Y esa sensación se fue. Ahora dudo de ese no tan correcto. Ya no hay satisfacción, De nuevo hay curiosidad. Además está la ridícula sensación de tener muchos años menos.  De nuevo el corazón acelerado, de nuevo los chistes tontos, las risitas, las miradas como quien no quiere la cosa. Y a estas alturas del partido. Sigamos con la honestidad. Cincuenta y cinco años. Plateado en las sienes. Arrugas en los ojos así no esté riendo. Del otro lado, veintiseis años. Huequitos en las mejilla cuando ríe. Pelo muy negro y ondulado que  juega con el viento. Carajo, tan viejo y tan cursi. Y la pregunta del millón, ¿qué me ve? ¿qué quiere ella de veintiseis con un viejo de cincuenta y cinco? Ya no lo sabré. Ya le dije no. Ya dejé ir el último vagón. Y sin embargo aun me quedan fuerzas para una última carrera. Aun tengo muchas preguntas. Quiero tener una última ilusión. Quiero arriesgarme, equivocarme ydecir sí. Allá voy, a ser cursi de nuevo. La voy a buscar.

Mientras suena: Electric feel. Mgmt.

Tierra

septiembre 15, 2009

El abuelo se entristece y dice que dañaron una tierra hermosa, que esa era la hacienda del doctor, el papá de la niña que murió a los seis años, que el doctor no resistió la tristeza de la pérdida, que también murió, que eran las mejores tierras. Lo escucho y le juro que trato de ver lo que él ve, claro que es más lo que ve hacia adentro y hacia atrás; trato de viajar en el tiempo y ver las mejores tierras. No puedo, no me sale la nostalgia necesaria para viajar al pasado y menos a un pasado tan borroso y lejano. Subo la cremallera de la chaqueta; click y la enésima imagen de la represa queda grabada, me pregunto cuánto tiempo dura una fotografía digital. Dos giros y ahora las fotos en blanco y negro, uno más y son sepia. Las fotos en sepia no tienen cuando. Están ahí suspendidas en un limbo. No hay casas, ni carros, ni gente, no hay tiempo, solo viento y agua, un sol que no calienta. Una nostalgia prestada, la que se siente al ver la tierra de los abuelos, la tierra que nunca fue mía y sin embargo se extraña. No hay lazos, no hay pasado, el abuelo cortó todo y emigró. Y aún así, ¿por qué extraño esas montañas? ¿por qué añoro esa vida apacible que nunca conocí?, ¿qué hay en la tristeza del abuelo que ha transmitido a sus hijos y sus nietos ?  Ni idea. Conversaciones de noches enteras no nos acercan a la respuesta. Solo sabemos que un día, así de la nada, sentiremos esa extraña añoranza y viajaremos una vez más a ver la tierra del abuelo, montañas, viento, agua.

Mientras suena: Que bien huelen los pinos. El último de la fila.

Aislada

septiembre 7, 2009

De entrada se notaba que algo no combinaba. Edificios de 9 pisos a izquierda y derecha. Una casona abandonada en proceso de demolición justo al frente. Era más baja que los edificios circundantes, claro era una casa. Era el único sitio por el que el sol lograba llegar hasta la calle. Por eso la vi. Una casa gigante, rodeada de un muro blanco, sobre el muro un arbusto de esos que conforman una cerca viva. Completamente aislada. Y no solo aislada. Detenida en el tiempo. Fascinado, espié por los pocos espacios que quedaban entre el muro y la cerca viva. Un bmw descansaba sobre lo que alguna vez fueron llantas. Era imposible definir su color, era del color sol y lluvia; un niño y una niña jugaban con carros y muñecas al lado del bmw. Una señora los vigilaba. Constantemente miraba hacia dentro de la casa y restregaba las manos en su delantal. Los tres tenían ropas que estuvieron de moda hace treinta años. No recuerdo cuanto tiempo estuve escondido, fascinado, comprobando que el tiempo sí se detiene, que las casas aun resisten el acoso de los edificios, que aun hay niños y jardines, que la velocidad del tiempo depende de la ubicación espacial, que alguien soñó con conservar una vieja y gigante casa y sencillamente lo hizo.

Mientras suena: Out on the tiles.  Led Zeppelin.