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Pulgas

diciembre 29, 2009

Siguiendo un impulso, aceleró y tomó la vía que llevaba al tradicional mercado de las pulgas que solía visitar los domingos soleados de su juventud. Ocho años habían pasado desde su última visita. Esa vez estuvo siete minutos. Caminó sin rumbo, no resistió y se fue.

Caminó despacio, redescubrió las calles que llegó a conocer de memoria.  Sonrió mientras levantaba la cara hacia un sol que competía con una suave brisa que bajaba de los cerros. Sol y brisa se combinaban formando un clima perfecto de domingo. Compró una cerveza, bebió lentamente mientras buscaba los toldos de libros usados. Un viejo de voz clara y potente cantaba tangos que salían de su alma. Conmovido lo observó un rato. Viejos recuerdos cayeron ensombreciendo su ánimo. Sacudió la cabeza y continuó su camino.

Mientras regateaba por una vieja edición de ‘Sobre héroes y tumbas’ una mano tocó suavemente su hombro. Giró, el vacío que nació en su pecho bajó rápidamente debilitando sus piernas. Ocho años, cinco meses después de la última vez que estuvieron frente a frente, se encontró de nuevo con la mujer que había sido su más grande sueño.

-Hola-dijo ella con una sonrisa nerviosa.

-Hola-respondió él con voz temblorosa y apenas audible.

-Vine a pasar las fiestas. En tres días me voy de nuevo. Es raro, ¿sabes? tuve un impulso irresistible de visitar el viejo mercado de las pulgas. Bueno, ya sé porqué debía venir.

Sonrieron con alegría, sin incomodidad y se fundieron en un fuerte y largo abrazo. Una vocecita que decía mamá los obligó a separarse. -Tiene tus ojos-dijo él sintiendo un nudo en la garganta. De la mano de la preciosa niña de cinco años caminaba un gigante de ébano. Con un suspiro de resignación reconoció para sí que era un tipo con una facha impresionante. Formaban una pareja perfecta. Brillaban por separado, encandelillaban juntos.

-Ella es Natasha mi hija, él es Antoine mi esposo- dijo ella alegremente. Con su mejor sonrisa los saludó e hizo las preguntas corteses de rigor. Con la impaciencia propia de los niños pequeños Natasha tomó la mano de su padre y echó a correr.

-Debo irme. ¿Sabes algo? A veces me arrepiento.

Él sonrió y no dijo nada. De nuevo se fundieron en un fuerte e interminable abrazo. Se separaron. Metió las manos en los bolsillos, silbó una canción alegre, sintió ligero su ánimo. Por fin después de ocho años y cinco meses empezaba a olvidar.

Mientras suena: Believe. Trans-siberian Orchestra.

Bulto

diciembre 16, 2009

-Buenas noches padre.

-Buenas noches-respondió el párroco sin volverse a ver. Le dio dos vueltas más a la llave. Haló la puerta dos veces para asegurar que estaba completamente cerrada. ‘Con estas puertas viejas nunca se sabe’ pensó mientras se daba la vuelta.

-Estoy de salida, mañana a las 8 estaré en el despacho de nuevo. Vaya con dios.

-Padre solo vine a entregarle esto-dijo la anciana mientras estiraba la mano y mostraba un paquete. -Es chocolate artesanal, receta de familia, usted sabe-continuó con una enigmática sonrisa.-Es exclusivo para usted. Y tenga cuidado el mal anda rondando por acá.

-Muchas gracias. Por el chocolate, que huele delicioso, y por la recomendación. Nos vemos mañana-dijo el párroco mientras sonreía y arrancaba a caminar con pasos ágiles y decididos.

Debe ser nueva por acá, nunca la había visto. Pensó mientras aceleraba el paso. ‘Cuatro cuadras hacia el sur y siete hacia el occidente, acuérdese padre, la casa de la palmera’ recordó las intrucciones de Juanita. Un quejido lo sacó de sus recuerdos, miró hacia la derecha un bulto con forma humana se revolvía a la entrada de una casa vieja y abandonada.

-Padre ayúdeme, tengo mucha hambre-dijo el bulto con una voz ronca.

El párroco dio un paso hacia atrás espantado por el hedor a descomposición que salía del bulto con forma humana. Corrió asustado dos cuadras, mirando constantemente hacia atrás. Lentamente recobró la calma y se sorprendió del miedo sin razón que había experimentado.

‘Juanita’-pensó sintiendo un agradable cosquilleo que subía desde su entrepierna. ‘Juanita y su cuerpo firme, su piel suave, su inocencia de chica joven y de provincia, Juanita y su búsqueda de consuelo espiritual y carnal’, una amplia sonrisa se dibujó en su cara y desapareció casi inmediamentamente. Un fuerte remordimiento remplazó el agradable cosquilleo por un vacío en el estómago. ‘Al menos no me meto con niños’ pensó tratando de callar esa desagradable voz interior. ‘Bueno, mejor hago una buena acción y ya’ decidió mientras se daba vuelta y buscaba el maloliente bulto con forma humana.

-Tome señor, que lo disfrute-dijo mientras alargaba el chocolate artesanal. Unos ojos rojos encendidos lo miraron con furia y hambre, una garra de piel verdosa y áspera lo tomó por el cuello mientras un rugido de triunfo salía del bulto con forma humana.

Juanita temblorosa y excitada lo esperaría en vano, porque un mal anterior al hombre, anterior al miedo mismo se había instalado en Ciudad Bipolar. Y pensaba alimentarse hasta el hartazgo.

Mientras suena: Gimme Shelter. Rolling Stones.

Jamás

diciembre 2, 2009

Levantó el pie del acelerador. Extrañado quería corroborar lo que había visto. O lo que creía haber visto. Sin disimulo alguno giró su cabeza, clavó su mirada en la conductora que parecía haberle sonreído desde el carril siguiente. Comprobó, con un subidón de ego que sí le había sonreído. Todavía lo tengo pensó mientras ignoraba su calvicie mal disimulada, su barriga de sedentario bebedor de cerveza, su cara redonda y sus ojos minúsculos que le daban una extraña apariencia porcina.

Con una seña de su mano, la sonriente conductora le indicó que la siguiera. Dejó volar su imaginación a alturas insospechadas, anticipó proezas sexuales que ni siquiera en su juventud hubiera sido capaz de realizar. Con una carcajada de triunfo aceleró y siguió a la sonriente conductora.

Perplejos, los agentes de policía se miraban mientras tomaban nota, rascaban sus cabezas y elaboraban teorías. Con éste eran cinco los cadáveres de hombres maduros y obesos que aparecían desnudos, sin dientes y sin manos. Eso difilcutaba la labor de identificación. Esa tarde en la rueda de prensa hablarían de un asesino en serie, con seguridad seriamente perturbado, de fuerza extraordinaria.

Esa noche, la sonriente conductora sonreiría con mayor coquetería y seguridad. Jamás sospecharían de una mujer.

Mientras suena: Crazy train. Ozzy Osbourne.