Pulgas

Siguiendo un impulso, aceleró y tomó la vía que llevaba al tradicional mercado de las pulgas que solía visitar los domingos soleados de su juventud. Ocho años habían pasado desde su última visita. Esa vez estuvo siete minutos. Caminó sin rumbo, no resistió y se fue.

Caminó despacio, redescubrió las calles que llegó a conocer de memoria.  Sonrió mientras levantaba la cara hacia un sol que competía con una suave brisa que bajaba de los cerros. Sol y brisa se combinaban formando un clima perfecto de domingo. Compró una cerveza, bebió lentamente mientras buscaba los toldos de libros usados. Un viejo de voz clara y potente cantaba tangos que salían de su alma. Conmovido lo observó un rato. Viejos recuerdos cayeron ensombreciendo su ánimo. Sacudió la cabeza y continuó su camino.

Mientras regateaba por una vieja edición de ‘Sobre héroes y tumbas’ una mano tocó suavemente su hombro. Giró, el vacío que nació en su pecho bajó rápidamente debilitando sus piernas. Ocho años, cinco meses después de la última vez que estuvieron frente a frente, se encontró de nuevo con la mujer que había sido su más grande sueño.

-Hola-dijo ella con una sonrisa nerviosa.

-Hola-respondió él con voz temblorosa y apenas audible.

-Vine a pasar las fiestas. En tres días me voy de nuevo. Es raro, ¿sabes? tuve un impulso irresistible de visitar el viejo mercado de las pulgas. Bueno, ya sé porqué debía venir.

Sonrieron con alegría, sin incomodidad y se fundieron en un fuerte y largo abrazo. Una vocecita que decía mamá los obligó a separarse. -Tiene tus ojos-dijo él sintiendo un nudo en la garganta. De la mano de la preciosa niña de cinco años caminaba un gigante de ébano. Con un suspiro de resignación reconoció para sí que era un tipo con una facha impresionante. Formaban una pareja perfecta. Brillaban por separado, encandelillaban juntos.

-Ella es Natasha mi hija, él es Antoine mi esposo- dijo ella alegremente. Con su mejor sonrisa los saludó e hizo las preguntas corteses de rigor. Con la impaciencia propia de los niños pequeños Natasha tomó la mano de su padre y echó a correr.

-Debo irme. ¿Sabes algo? A veces me arrepiento.

Él sonrió y no dijo nada. De nuevo se fundieron en un fuerte e interminable abrazo. Se separaron. Metió las manos en los bolsillos, silbó una canción alegre, sintió ligero su ánimo. Por fin después de ocho años y cinco meses empezaba a olvidar.

Mientras suena: Believe. Trans-siberian Orchestra.

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16 comentarios to “Pulgas”

  1. Flor Says:

    Hoy parece que leo sobre sentimientos en todas partes. Debe ser el día… en fin.

    No me voy a cansar nunca, nunca, nunca, de decir lo mucho que me gusta cuando escribes. Esta historia es muy real, triste no, porque la vida es así. Para mi más que olvidar es dejar de sentir, dejar de esperar… ser un poco feliz. ¿No?

    Saludos Dani 🙂

    • Danilo Says:

      Hola Florcita.

      Pienso que estás en lo cierto. Más que olvidar es dejar de esperar. Me gusta que digas que no es triste, estoy de acuerdo con eso, incluso tiene un final feliz.

      Un abrazo.

  2. Bárbara Says:

    Es verdad, no es triste, no deberíamos verlo triste. Pero me produce una sensación extraña, siempre tuve miedo a que me pase eso. Ocho años y pico no son poco tiempo para nada, y como vos decís es dejar de esperar, no olvidar. Además eso de “A veces me arrepiento”… No sé, para ponerlo en una película es muy atractivo, pero que te pase en la vida real no debe ser nada lindo.
    Besoss!

    • Danilo Says:

      Hola Barbi.

      Me gusta que tampoco lo veas triste. Ocho años son demasiado para guardar una ilusión. No se como “él” después de tanto tiempo y después de esa confesión puede empezar a olvidar. Tienes razón. No envidio para nada su situación. Esperemos que tu temor no se convierta en realidad.
      Saludos.

  3. Mona Says:

    Esto le pasa a muchísimas personas. Muy bien escrito 😉

    • Danilo Says:

      Hola Mona.

      ¿Conoces muchos que les haya pasado? Terrible que tome tanto tiempo empezar a olvidar. Eso me hace pensar en una frase que no me gusta para nada: “lo que no es pa’ uno, no es pa’ uno”.
      Insisto en que el final es feliz. Gracias por el elogio 🙂

      Saludos.

  4. Andrea Carolina Says:

    siempre es bueno volverlo a leer, sera que ud es el padre de la melancolia y nos lleva siempre al pasado? pero un pasado hermoso he de confesar

    al menos espero poderme ufanar que leyendo sus historias me siento un poco protagonista, pero solo hasta la mitad

    saludo

    • Danilo Says:

      Hola Andrea.
      Que frase tan chévere pones. “El padre de la melancolía”. Que bueno que la lectura te llevó a un bonito pasado. Eso me lleva a pensar que a pesar todo fue bueno el final de tu historia. Ojalá.

      Saludos.

  5. Diana Says:

    Algunas veces solo estando cara a cara con la realidad, se reune el valor suficiente para comenzar a olvidar. A mi me ha pasado.

    Saludos mil Danilo 🙂

    • Danilo Says:

      Hola Diana.

      Que nota lo que dices. Cuando no se confronta la realidad se tiende a idealizar. Muy sabio lo que dices.

      Saludos.

  6. La ReiNa Roja Says:

    Olvidar eso jamás, deja de doler si, pero nunca se olvida, Muy bonito lo escrito me hacía falta leerte con juicio,

    Un abrazo

    • Danilo Says:

      Hola Vero.

      Como decían por acá arriba, se trata de dejar de esperar algo. De acuerdo, olvidar no.

      Que bueno verte de regreso 🙂

      Saludos.

  7. Upendi Says:

    Como pasa con Bruno y Martín, los recuerdos atan.

    El paso del tiempo da cabida a la rememoración y creería que a su vez reduce progresivamente las expectativas.

    Un viejo mercado de pulgas es un excelente espacio para un reencuentro de ese tipo.

    • Danilo Says:

      Que bueno eso que dices sobre el paso del tiempo y las expectativas. Pienso que así es.
      Un encuentro así es mucho más fuerte en un mercado de las pulgas. Hay que cosas que nunca tendrán una segunda oportunidad.

      Saludos.

  8. Catalina Says:

    he estado leyendo tu blog, me gusta mucho como escribes…
    Este sobretodo me llego al corazón…me encanta el lugar del encuentro, no puede ser más perfecto…son los reencuentros que en el fondo todos queremos tener, con esas personas que quedaron en nuestro corazón!!

    • Danilo Says:

      Hola Catalina.

      No sabes cuanto me alegra que lleguen personas nuevas a “Por partes”. Y mucho mejor si comentan en entradas no tan nuevas.

      Para un amor viejo y no olvidado no habría mejor sitio de encuentro que un mercado de las pulgas, como decía en otro comentario, allí muchas cosas encuentran su segunda oportunidad. Como muy bien dices ese tipo de encuentros son muy añorados, y si tienen un final para la sonrisa como éste caso, mucho mejor.

      Saludos.

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