Archive for 23 febrero 2010

Fotografía

febrero 23, 2010

Solo conservaba una fotografía. Profundos surcos blancos atravesaban la imagen mostrando como la acomodaba en el bolsillo derecho de un saco que alguna vez fue de un paño fino. Siempre contaba la misma historia, sin cambiarle ni una sola pausa, ni un solo gemido, ni un solo ay de tristeza. Cualquier otro asunto era ignorado, una exclamación de desdén, una mirada en el vacío, y monosílabos como respuesta. La fotografía, siempre esa fotografía, nada más podía ya existir en su cansada mente. ¿Su amante?, ¿su esposa?, ¿un amor imposible?, ¿la ingrata que se fue? nunca lo supe. Unos ojos gigantes que vencían el tiempo, unos ojos profundos cuya oscuridad era resaltada por ese sepia desvaído de las fotografías muy antiguas. Una sonrisa que era la confirmación de una promesa. Era imposible sustraerse al poder de esa imagen. “¿Se da cuenta joven? hay un pedacito de alma ahí, yo sé que usted lo siente”, un antiguo temor siempre se apoderaba de mí al llegar a ese punto del relato. Porque era cierto, lo sentía. Sentía el inmenso poder que brotaba de la imagen, consumiendo al anciano hasta la locura. Sudor frío, temblor en las manos, con un esfuerzo lograba apartar mi mirada de la fotografía. Una profunda sensación de tristeza se apoderaba de mí para dar paso a un miedo absurdo. El miedo al paso del tiempo, el miedo a un futuro que se me presentaba en forma de anciano. El mismo miedo que se ve con el rabillo del ojo cuando la mente no descansa, cuando una idea rebota sin control buscando una salida. De un salto me ponía de pie, prometiendo nunca más caminar hasta esa antigua iglesia, nunca más quedarse entre las sombras de la derruida capilla lateral, nunca esperar a que el anciano se materializara a mi lado como si fuera una sombra más. Sabía que era una promesa vana, sabía que el siguiente domingo ahí estaría de nuevo, porque sabía algo que el anciano ignoraba. No era el alma de su antiguo amor la que estaba atrapada en esa imagen. Era la suya.

Mientras suena: Sorrow. Pink Floyd.

Anuncios

¿Y por qué no?

febrero 17, 2010

A ver déjeme revisar, sí acá está, ¿si lo ve? es muy clara esa tendencia, nuestros estudios, nuestro seguimiento, no miente, según esta tabla usted lleva muchos años acumulando una considerable cantidad de Nadas, y no quiero preocuparlo, aunque sí deseo ponerlo sobre aviso, es, ¿cómo decirlo? una llamada de atención, eso es, fíjese usted que si sumamos el tiempo que usted ha venido acumulando Nadas, eso nos da un total de trece punto siete años, es un número bastante alto para alguien de su edad, en este punto quiero recordarle que nuestra compañía no lleva ningún tipo de seguimiento cuantitativo sobre los primeros años, consideramos esos años como de entrenamiento, de aprendizaje, aunque no llevamos un seguimiento cuantitativo sí llevamos uno cualitativo, y revisando los informes que tenemos de sus primeros años encuentro que usted prometía bastante, incluso se le pusieron varios asteriscos, eso quiere decir que se apostaba por usted, por así decirlo, que se esperaba mucho de usted, no quiero decir que ya no haya nada que hacer, que no haya cumplido, a ver lo que quiero decir es que debe dejar de acumular Nadas y empezar a acumular Algo, eso sí, esperamos que no empiece a sumar Cualquiercosa, déjeme decirle que para casos como el suyo le recomendamos que emplee la política de Yporquéno, en cuanto usted empiece a aplicarla, va a notar la diferencia en sus estadísticas, este folleto que le estoy entregando contiene toda la información que le permitirá aplicar de una manera acertada la política de Yporquéno, muchas gracias por su visita, recuerde que nuestro objetivo es servirle. Que tenga un muy buen día.

Mientras suena: Come back baby. The Ramones.

Hágale

febrero 10, 2010

No más hermano. Párela. Dígame, ¿cuánto tiempo llevamos acá? parecen siglos, es por el sol infernal de afuera, al menos acá hay sombra, sí el aire es pesado y produce sueño; bueno viejo a lo que iba: párela. Siglos y siglos hablando de lo mismo. ¿Usted cree que no he pasado por las mismas? Pues claro que sí, es más, todo el mundo ha pasado por esas. ¿Y sabe que se hace en eso caso? Se traga todo eso que le jode la cabeza, todas las conversaciones que fueron y las que no fueron, las buenas respuestas que no se le ocurrieron en el momento, las sonrisas, las tardes de jueves, las mañanas de domingo, los tamales con chocolate, el álbum de figuritas de los chocolates, las húmedas noches de sábado, las rumbas interminables, las cervezas del medio día, las charlas después de tirar, el olor de su pelo, la sonrisa pícara, las manos frías, el pelo muy negro. Viejo me perdí. Sé que le estaba diciendo algo, pero una cosa llevó a otra y ahora solo quiero seguir olvidando. Hagamos eso hermano, olvidemos. Quedémonos un rato en las sombras, que no nos vean la mirada clavada en el vacío, que imaginen que sonreímos.  Que imaginen que olvidamos. Hágale hermano, sin miedo, hasta que todo sea un borrón. Un gran borrón. Hágale hermano, hagamos eso.

Mientras suena: Disturbios. San Pascualito Rey.

Viajando

febrero 3, 2010

Cerró el libro lentamente.  Miró por la ventana tratando de esconder las lágrimas que empezaban a acumularse y a buscar una salida. Sacudió la cabeza pensando que no entendía muy bien porqué lloraba.

Un mes llevando una doble vida. Una llena de dolores y limitaciones. Se daba ánimo recordando que la recuperación sería dolorosa y frustrante pero que no dejaría mayores secuelas. Tal vez un dolor en su pierna izquierda los días de lluvia. Tal vez. Aun era pronto para saberlo. Otra llena de emociones. En otro sitio y en otra época. Lejos en el tiempo y en el espacio. Muy lejos. A veces no quería regresar. Sin embargo tarde o temprano regresaba. Sonrió pensando que cada vez regresaba más tarde. Observó lo que le faltaba y suspiró resignada. Dentro de poco no viajaría más. Dentro de poco habría un último regreso.

Tomó lápiz y papel. Conmovida escribió una carta. Una carta de agradecimiento. Recordó que estuvo un buen rato palpando el tosco papel en el que iba envuelto el paquete. Un papel diferente, un papel que solo a él se le ocurriría utilizar para envolver un regalo. Tres días después del accidente él dejó el paquete sobre la cabecera de su cama. Sabía que cuando la dieran de alta y regresara a casa, sería lo primero que vería. Se estiró y trató de acomodarse mejor, a veces no había forma, una sola y permanente incomodidad independiente de la postura que adoptara. Suspiró y siguió recordando, al abrir el paquete una nota cayó sobre sus piernas. “Mucho mejor que la máquina del tiempo que algunas vez soñamos”. Nada más.

Sonrió y se dispuso a seguir viajando, abrió el libro y continuó leyendo.

Mientras suena: You’re my star. Stereophonics.