Archive for 29 marzo 2010

Aviso parroquial

marzo 29, 2010

Durante dos semanas este sitio no se actualizará con la regularidad acostumbrada debido a que el autor estará visitando la tierra de Sábato, Gardel, Calamaro, Cortazar y Boca.

Este aviso parroquial será borrado una vez regrese.

Nos veremos pronto.

D.

PS: Regresé. Dejo la entrada como recuerdo de un viaje increíble.

Decisión

marzo 25, 2010

Estiró los brazos como le había enseñado el profesor gritón de sus primeros años escolares. Buscó en su memoria la última vez que había hecho algún tipo de ejercicio. Un cambio de casa, recordó, cajas iguales a las que acababa de dejar en el suelo justo al lado de un hueco de forma semi circular de unos ochenta centímetros de diámetro.

Tres cajas llenas de libros. Dos cajas llenas de música. Una caja y media de papeles, apuntes sueltos, borradores, cartas, notas. Se secó el sudor con la manga de la camisa blanca, resopló y caminó hacia la nevera. Cincuenta y siete pasos. Los había contado varias veces. Ese número le gustaba. Ciencuenta y siete pasos de regreso al patio. Llevaba en su mano derecha la última botella de cerveza negra, en la izquierda una caja de fósforos de madera.

Juntó trozos de madera vieja dentro del hueco semi circular. Con paciencia encendió una hoguera. Con parsimonia abrió la primera caja. Cinco libros se unieron a la madera vieja y alimentaron el fuego. El humo y la conciencia le irritaron los ojos. Algún tiempo atrás había notado que las cosas que llenaban sus cajones, armarios, cuartos, rincones; no llenaban su vida. ¿Empezar desde cero o terminar de una vez con todo? Aun no lo sabía. Cuando se apagara la hoguera lo decidiría.

Mientras suena: Stripped. Depeche Mode.

Tres minutos

marzo 17, 2010

Con fuerza apretó los cordones de sus botas.  Nunca se sabía cuando tendría que correr. El sonido de la suela suelta contra el pavimento le recordó la necesidad de cambiar esas cómodas botas. De otro lado, los tiempos no eran buenos, la prosperidad era una palabra desconocida, así que envió la necesidad del cambio de las botas a un apartado rincón de su mente. “Un día va a estallar ese cálido rinconcito”, pensó con amargura, “cuando tantas cosas ahí guardadas salgan despedidas en todas direcciones no me quedará otra que morir de nostalgia”. Echó la cabeza hacia atrás en una larga carcajada, “que idea tan ridícula y tan bonita a la vez” pensó mientras tosía y regulaba su respiración. Giró hacia la derecha en dirección a los cerros, sintió el cambio en la inclinación del piso en el endurecimiento de los músculos de sus piernas. Reacomodó el pesado paquete que llevaba y continuó subiendo. -Hasta luego don Quijote-gritó el muchacho que pintaba turistas por monedas. Algunos días le desagradaba profundamente ese sobrenombre. No ese día. Tenía un buen presentimiento. Algo le decía que ese día sí encontraría lo que buscaba. Algunas veces lo encontraba. Aunque la gran mayoría de las veces era inútil su búsqueda. Sencillamente no estaba. Llegaba en el momento equivocado. Un cambio en la luz, un aumento del sepia, un aire más puro y pesado lo envolvió. “Lo sabía” se dijo triunfante. Encaminó sus pasos hacia el grupo de familias que alegres se sentaban en la hierba. Pacientemente esperó a que aparecieran su esposa y su hija. “Tres años, solo tres años” pensó con amargura y rápidamente envió ese pensamiento al cálido rinconcito. “Ahí vienen” se dijo mientras se le cerraba la garganta y le ardían los ojos. “Nunca me ven”. Parpadeó con fuerza obligando a las lágrimas a retroceder. Tres minutos para ver a su esposa y su hija. Cambio en la luz, el sepia se debilita, el aire se llena de hollín. Donde estaban las familias alegres se levanta una casa de familia. Un perro ladra desde la terraza. A veces pensaba que era un doblez en el tiempo, a veces pensaba que era otra de las extrañas jugadas de su mente. Nunca sabría la respuesta. Se encogió de hombros. Alisó los harapos que hacían las veces de pantalón, acomodó sobre su hombro derecho el costal en el que reunía papel y cartón y continuó su camino.

Mientras suena: De hacerse se va a hacer. Los Tres.

Así

marzo 10, 2010

Finge indiferencia. Pasa y mira de reojo. Cree que nadie nota que se le van los ojos. En las noches el sueño llega cada vez más tarde. El tiempo se le escapa entre recuerdos y videos de dos minutos y treinta y tres segundos que su imaginación crea sin importar cuantos candados le ponga la parte racional, esa que le habla en tono a veces paternalista, a veces irónico, esa que le dice lo no quiere oír, esa que siempre escucha, esa que a veces quisiera callar pero sabe que no puede, ya no, son muchos años. Vueltas y más vueltas, la sábana llega al cuello, algunos noctámbulos pasan bajo la ventana. Se acerca un día más de continuar deseando en voz baja, pidiendo en un murmullo, fingiendo indiferencia, acá no pasa nada, high five y todos tan felices. Y así continuará. Hasta que el eje se desgaste, hasta que ya no importe, hasta que la indiferencia sea real. Y eso que se ve tan perfecto a la distancia, tan hecho a la medida, tan así debería ser. Pero no es, no está cerca ni lejos. Simplemente allí. Esperando. No se sabe qué, ni cuándo, esperando. Esa voz llena de ironía de su cabeza lo sabe, se lo repite constantemente. Y así es, así será porque ya hizo su mejor esfuerzo y nada cambió. Así debe ser la eternidad.

Mientras suena: El Seto. Victoria Sur.

Acampando

marzo 3, 2010

Lentamente bajó la mano. El viento era muy fuerte. Un movimiento brusco, un pequeño resquicio por el que entrara el viento bastarían para apagar el fuego. Una hora y treinta y tres minutos, pensó divertido. Una hora hora y treinta y tres minutos intentando encender un fuego. Tantos años siguiendo las órdenes del pedazo de metal que nunca abandonaba su muñeca izquierda. Pues hoy no importa, ni hoy ni mañana, no más, dijo en voz alta a pesar de que nadie podría escucharlo.

Apoyando su decisión, el fuego creció hasta que no fue necesario protegerlo del viento, tan solo alimentarlo regularmente. Con movimiento lentos y precavidos, propios de quien no tiene experiencia, extendió una tira de carne sobre la parrilla. Destapó una cerveza y brindó con la laguna y con la luna por su primera vez acampando.  Muchos años buscando algo, persiguiendo algo que no terminaba de encontrar, siempre había algo más por conseguir, algo más que debía ser sumado, corriendo, siempre corriendo tras algo que nunca se sabía muy bien que era, en una carrera eterna, una carrera en la que no había ganadores, una carrera enorme, una carrera que no dejaba a nadie por fuera, el que no corre es aplastado, apartado, dejado atrás, ignorado, encerrado, medicado, olvidado, lo que sea necesario para que no distraiga, no detenga, no haga pensar, no haga dudar a los demás corredores, todos con pánico en sus caras, con miedo a ser dejados atrás, claro que lo disimulan muy bien con sus risas falsas, sus triunfos mínimos, su continua acumulación de artilugios que tanto prometen y tan poco cumplen.

El empujón final se lo dio el gris que empezaba a acumular en las sienes y en la barba de tres días que solo necesitaba un día para crecer. Comprendiendo que nunca ganaría la carrera, que ya no importaba, que ya empezaba a ver la otra orilla, que por fin la serenidad mostraba su cara; cedió al impulso tantas veces resistido y partió una mañana. Destapó otra cerveza y brindó con el frío de la noche por el fin de la carrera.

Mientras suena: Making gestures. The Pack A.D.