Tres minutos

Con fuerza apretó los cordones de sus botas.  Nunca se sabía cuando tendría que correr. El sonido de la suela suelta contra el pavimento le recordó la necesidad de cambiar esas cómodas botas. De otro lado, los tiempos no eran buenos, la prosperidad era una palabra desconocida, así que envió la necesidad del cambio de las botas a un apartado rincón de su mente. “Un día va a estallar ese cálido rinconcito”, pensó con amargura, “cuando tantas cosas ahí guardadas salgan despedidas en todas direcciones no me quedará otra que morir de nostalgia”. Echó la cabeza hacia atrás en una larga carcajada, “que idea tan ridícula y tan bonita a la vez” pensó mientras tosía y regulaba su respiración. Giró hacia la derecha en dirección a los cerros, sintió el cambio en la inclinación del piso en el endurecimiento de los músculos de sus piernas. Reacomodó el pesado paquete que llevaba y continuó subiendo. -Hasta luego don Quijote-gritó el muchacho que pintaba turistas por monedas. Algunos días le desagradaba profundamente ese sobrenombre. No ese día. Tenía un buen presentimiento. Algo le decía que ese día sí encontraría lo que buscaba. Algunas veces lo encontraba. Aunque la gran mayoría de las veces era inútil su búsqueda. Sencillamente no estaba. Llegaba en el momento equivocado. Un cambio en la luz, un aumento del sepia, un aire más puro y pesado lo envolvió. “Lo sabía” se dijo triunfante. Encaminó sus pasos hacia el grupo de familias que alegres se sentaban en la hierba. Pacientemente esperó a que aparecieran su esposa y su hija. “Tres años, solo tres años” pensó con amargura y rápidamente envió ese pensamiento al cálido rinconcito. “Ahí vienen” se dijo mientras se le cerraba la garganta y le ardían los ojos. “Nunca me ven”. Parpadeó con fuerza obligando a las lágrimas a retroceder. Tres minutos para ver a su esposa y su hija. Cambio en la luz, el sepia se debilita, el aire se llena de hollín. Donde estaban las familias alegres se levanta una casa de familia. Un perro ladra desde la terraza. A veces pensaba que era un doblez en el tiempo, a veces pensaba que era otra de las extrañas jugadas de su mente. Nunca sabría la respuesta. Se encogió de hombros. Alisó los harapos que hacían las veces de pantalón, acomodó sobre su hombro derecho el costal en el que reunía papel y cartón y continuó su camino.

Mientras suena: De hacerse se va a hacer. Los Tres.

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11 comentarios to “Tres minutos”

  1. Malua Says:

    Cuando leo la primera linea de cada cosa que usted escribe, mi imaginacion vuela tan rapido y entonces intento meterme en su cabeza y adivinarle el final. Para ser la presidenta del club de fans yo ya deberia ser capaz de anticipar el final de su obra… Entonces es cuando me alegro, porque si se lo anticipo, renuncio a mi cargo 😉
    Un abrazo

    • Danilo Says:

      Hola Malua.

      ¿Me creerías si te digo que la mayoría de las veces no se como va a terminar una historia?
      Arranco con una idea pero el personaje hace lo que debe hacer. Muchas me sorprende.

      Muchas gracias por tus palabras siempre tan bonitas.

      Un abrazo.

  2. Mona Says:

    Ole Dani a vos te gusta el numero 3 no? te sabes el poema de “Chau numero 3” de Benedetti?

    Muy bueno como siempre

    Saludos

    • Danilo Says:

      Hola Mona.

      Tuve que releer para entender porque lo decías. Salió así de casualidad.
      Buscaré el poema que dices.

      Mil y mil gracias 🙂

      • Mona Says:

        1. “Tres minutos” mientras suena “algo” de Los Tres
        2. El tiempo se le escapa entre recuerdos y videos de dos minutos y “treinta y tres segundos”
        3. Una hora y “treinta y tres minutos”, pensó divertido
        4. …acumular en las sienes y en la “barba” de tres días…
        5. “Tres” días después del accidente él dejó el…
        6.Vine a pasar las fiestas. En “tres” días me voy de nuevo.
        7. Despertó dos o “tres” veces…

        Solo por “numbrar” algunos TRES 🙂

  3. POL Says:

    (Pero, hay que anotar: Los Tres, bueno, ¡eran cuatro! 😛 -aunque también se podrían factorizar como “Álvaro Henríquez y otros ‘tres'”-).

    Los perros desde el balcón. Me traen muchos recuerdos -más de tres-, recuerdos que creo que no son míos -creo, depronto, son de mi papá.

    Y, por otra parte, ya que estamos en ambiente para halagar, lo que a mí me encanta de sus historias es que se salen del marco, no tienen comienzo ni final determinados, no están delimitadas, son como una polaroid en la inmensa vida de los personajes, pero una de esas polaroid que dejan imaginar qué hay más allá de los bordes.

    Saludos.

    • Danilo Says:

      Jajajaja muy bueno su comentario don Pol. Me gustó especialmente la factorización.

      Muchas gracias por su descripción de la polaraid en la vida de los personajes me parece muy acertada. No lo había pensado y se ajusta muy bien.

      Saludos.

  4. Julibelula Says:

    A ver Dani, yo no sé cómo, pero lográs, con historias como esta, que se me arrugue el corazón…
    Esa capacidad tuya de jugar con las palabras como te da la gana… mejor dicho señor, mis respetos!!!
    Un abrazo de libélula!!!

    • Danilo Says:

      ¡Hola Juli!

      Muchas gracias. Esta historia ha traido muchos elogios. Me llena de satisfacción saber que te conmovió 🙂

      Saludos.

  5. Flor Says:

    El tres es un buen número. No es uno (muy solitario) ni dos (siempre, a alguien, le parece poco). Por eso con este numerillo vas bien 🙂

    Ese “nunca me ven” me pegó danito. Imaginé los ojos del hombre, al borde de las lágrimas, con su bolsa… es increíble lo que me genera leerte. ¡Sigo esperando el libro eh!

    Besos 🙂

    • Danilo Says:

      Hola Florcita.

      Pobre hombre tantas ganas de ser visto de nuevo y nada. Y verlos por tan poco tiempo.

      Muchas gracias por tu apoyo 🙂

      Saludos.

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