Joyas

Tres pasos. Dos pasos. Un paso. Se detuvo jadeando. Ignoró el latido de su corazón y el chillido de sus pulmones, inclinó la cabeza aguzando el oído. “Cuadra, cuadra y media tal vez” pensó. “Pendejo” se dijo a sí mismo. Una catarata de imágenes inundó su cabeza. Un domingo gris como todos sus domingos, una corta caminata hasta la panadería, una bolsa de leche fiada, un pan robado en un descuido, una corta caminata de regreso. ¿Un golpe de suerte? “Ladrón que roba a ladrón” pensó encogiendo los hombros mientras guardaba el producido de la semana de ‘Las Joyas’, como llamaban en el barrio a la pareja de hermanos que cuchillo en mano aligeraba a los transeúntes del terrible peso del dinero. “Que jinchera tan brava” pensó sintiendo el sabor metálico de la emoción. ‘Las Joyas’ dormían sobre una sucia mesa en la tienda de siempre. Pendejo si no aprovechaba semejante papayazo fue su reflexión. Había entrado a pedir fiada una cerveza y un cigarrillo; nadie por aquí nadie por allá y en su bolsillo una semana de trabajo. Sonriente traspasaba la puerta cuando un “agarre a ese perro” le dio el impulso a sus piernas que veloces lo llevaron frente a esa vieja puerta de madera maciza que entreabierta lo invitaba a esconderse. “Buena tigre, siga elevándose” se dijo mientras daba el paso que lo separaba de una cuchillada segura. Cerró la puerta maldiciendo el chillido de protesta de la vieja puerta a la que sin duda no le gustaba el cambio de posición. Arrugó la nariz y soportó las ganas de vomitar que le provocaron el olor a podredumbre de la vieja casa y el miedo a morir acuchillado.

Cerró los ojos durante once segundos, se obligó a bajar el ritmo de sus pensamientos que enloquecidos se empecinaban en mostrarle macabras escenas llenas de sangre. Gritos cercanos lo obligaron a abrir los ojos de nuevo. “Ya están acá” susurró una histérica vocecita que habitaba profundos y casi nunca visitados rincones de su mente. Tres patadas y la vieja puerta empezaba a ceder; desesperado miró en todas direcciones, un escondite, algo que sirviera como arma.

Viejos periódicos arrumados en una inverosímil pila, una estufa portátil que alguna vez funcionó, un bidón de plástico amarillo y una rata que se pudría, nada más. “Les mando esa rata por la cara y listo” pensó mientras ahogaba una carcajada enloquecida.

En un rapto de desesperación se escabulló atrás de la inverosímil pila, contuvo la respiración mientras rogaba que el fuerte latido de su corazón no lo traicionara. Mitad cayendo mitad en pie entraron “las joyas” en la vieja casa. El que iba adelante entrecerraba un ojo tratando de enfocar la escena que bailaba aderezada en cerveza. Su hermano inclinaba la cabeza aguzando el oído. Un crujido surgido en las entrañas de la vieja casa los empujó en una torpe carrera hacia el interior de un oscuro corredor.

Una lenta exhalación surgió de la pila de periódicos, con la inspiración del desesperado destapó con mano temblorosa el bidón de plástico amarillo. Un fuerte olor a combustible surgió agradecido por la inesperada libertad. Musitando una incoherente oración a un recién inventado dios del fuego esparció rápidamente los restos de combustible sobre la pila de periódico, la vieja estufa, la rata que se pudría, las paredes, el suelo, y un poco sobre sus zapatos.

Al tercer intento su encendedor cumplió los designios del nuevo dios del fuego y brillante encendió un charco de combustible que pronto llegó hasta la pila de periódicos.

Una sensación de ligereza lo invadió haciéndole creer que flotaba, no que corría mientras se alejaba de la vieja casa que encendida daba color a un gris domingo.

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4 comentarios to “Joyas”

  1. Quien yo? Says:

    Wow! muy pero muy buenon!!!

    La verdad, y te lo digo nuevamente, tenes un don para enganchar a los lectores… es imposible dejar de leer cuando comenzas… Mis felicitaciones!

    Saluditos!!!

  2. Flor Says:

    Ahora que lo pienso tú escritura me recuerda a Federico Moccia, gran escritos de la época. Sin embargo, lo tuyo es bien tuyo y eso es lo que me encanta. Con tus palabras, modismos… por un instente te escuché decir ‘pendejo’ detrás de mi oído… ¿qué cosa, no?

    Seguí así Danilo 🙂

    Beso enorme!

    • Danilo Says:

      ¡Hola Florcita!

      No conozco a Federico Moccia. Lo buscaré.
      ¿Y solo escuchaste esa parte? 😉

      Muchas gracias siempre eres muy buena conmigo.

      Un abrazo.

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