Pobre

Odiaba sus pecas. Las detestaba. Ojalá pudiera verse como su abuelito la veía. A veces pasaba horas enteras frente al espejo imaginando que era su abuelo, buscaba esa belleza que nunca hallaba porque su cara pecosa y sus ojos grandes se interponían.

Apoyó la quijada sobre su rodilla izquierda mientras dejaba caer el pie derecho sobre el agua helada. Le gustaba sentarse en el muelle. El tacto duro de la madera le recordaba la banca del parque en la que se sentaba con Cecilia. Extrañaba a Cecilia. Sus padres nunca le explicaron porque un día Ceci se fue de casa llorando. Ella sospechaba que a su mamá no le gustaba que el novio de Ceci la visitara, y mucho menos que se encerraran dejándola a ella sin más compañía que el televisor.

Dejó que el pie izquierdo cayera en el agua acompañando al solitario derecho, mientras ponía sus manos bajo los muslos. El frío del agua empezaba a apoderarse de todo su cuerpo. Pateó el agua varias veces recordando que su hermano mayor odiaba el agua. El abuelo le dijo una vez que era porque cuando niño estuvo a punto de morir ahogado. Ella no le creyó, sostuvo que su hermano mayor odiaba el agua porque a ella le encantaba. El abuelo sonrió y la animó a seguir hablando. Ella le contó como todos sus juguetes favoritos caían uno a uno en sus manos y cuando regresaban no eran los mismos. El abuelo sí la entendía. A veces pensaba en decirle a su mamá que quería vivir con él. Pero ella nunca estaba y cuando estaba no quería quejas, ni reclamos, en realidad no quería que nadie le hablara. Ni siquiera su papá. Pobre papá siempre tan callado, como si pensara todo el tiempo en cosas muy tristes.

Sacó los pies del agua, saltó varias veces porque así se secaría más rápido. Recordó que no debía ponerse los zapatos con los pies mojados. No sabía muy bien porqué pero si lo hacía su mamá enloquecería y gritaría muy fuerte por mucho tiempo. Lentamente recorrió el ascendente camino empedrado que la llevaba a “la casa del lago”, como llamaban sus padres a su sitio favorito en el mundo. Para ella ésa era su verdadera casa. La de la ciudad era un sitio aburrido en el que debía estar encerrada.

Sin hacer ruido, para no provocar a su hermano mayor entró en la casa. En la sala su mamá y el tío Pipe, el mejor amigo de su papá, se daban un beso como los de Ceci y su novio. Confundida emprendió el camino de regreso al lago. Pobre papá.

Mientras suena: Just Breathe. Pearl Jam.

Anuncios

8 comentarios to “Pobre”

  1. princesasamaria Says:

    AW!!!!
    Pobre…. pobre no tiene ni nombre.
    Me gusto.
    Saludos.

  2. Flor Says:

    Este maravilloso relato demuestra como la definición ‘pobre’ no sólo se aplica a aquellos faltos de dinero u objetos materiales…

    Besitos Danilo!

    • Danilo Says:

      Hola Florcita.
      Una vez haciendo voluntariado en un barrio muy “pobre” hablando con la gente me decían que no se sentían “pobres”, eso me marcó.

      Un beso.

  3. princesasamaria Says:

    ¿Odiaba sus pecas?
    como alguien odia sus pecas? lo que mas me gusta de mi son mis pecas. ME FACINA. Mucho.

    • Danilo Says:

      Ella es muy pequeña para entender lo sexy que son las pecas. Sospecho que en unos siete años amará sus pecas.

      Un abrazo.

  4. Malua Says:

    Upala… Pobre chiquita tan confundida.
    Sera que eso tambien se lo conto a su abuelo?

    Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: