Archive for 21 julio 2010

Uno más

julio 21, 2010

Despertó de nuevo con esa extraña sensación. A tientas buscó el reloj que siempre dejaba sobre la mesa de noche. Dos y cero siete minutos de la madrugada. “Otra vez” pensó inquieto. Ya eran seis días seguidos que despertaba a la misma hora, con la misma sensación extraña de ser observado. Alguien (¿algo?) en las sombras lo vigilaba. Nunca tuvo miedo a la oscuridad. Hasta ahora. No soportaba la idea de caminar en las sombras. No en esa casa. Se dio vuelta y trató de volver a dormir, solo que la sensación de no estar solo era más fuerte. Un susurro casi en su oído junto a la sensación de un aliento tibio sobre su cara fueron suficientes para que su corazón se disparara y para que frenético corriera escaleras abajo. El temblor de las manos le impidió maniobrar la cerradura. Un susurro, esta vez lejano, acompañado de unos pasos que bajaban por la escalera terminaron por quebrar el frágil hilo de cordura que aun quedaba en su mente. Enloquecido de terror saltó quebrando el gigantesco ventanal que daba al hermoso bosque que tanto había disfrutado cuando llegó durante el último verano.

Ensagrentado cayó llenando de rojo la nieve que ininterrumpida caía desde un mes atrás.

-Otro.

-Ya van tres.

-Es igual con todos. Mueren congelados después de saltar por la ventana.

-¿Sabes qué es lo más extraño? Nadie sabe quien repara los vidrios rotos, en la inmobiliaria nunca han visto al dueño, dice Julia que toda la comunicación es telefónica, que la voz del dueño es como un susurro incómodo, y que llama dos semanas antes de que empiece el verano anunciando que va a llegar un nuevo inquilino.

-Vámonos, está empezando a oscurecer.

Tan rápido como se lo permitían sus manos entumecidas terminaron el procedimiento del levantamiento, pusieron el cuerpo en la parte trasera de la ambulancia y partieron forzando el motor del viejo vehículo.  Ninguno de los dos mencionó la sensación de que alguien dentro de la casa los vigilaba.

Mientras suena: Right now. Van Halen

Calmate Negra

julio 9, 2010

Ya estás llorando Negra. Y no te voy a consolar. Te dije que sí, que te prestaba el hombro, no que te iba a consolar. Si apenas te toque, todo lo que hemos hablado se nos va a olvidar. Negra calmate, mirá que me tenés empapada la blusa.

Y vos, la que siempre ríe, la que hace amigos en todo lado, sabrosura pura, mirate ahora salándome el hombro. Hasta te hablaría, pero si abro la boca la voz me va a temblar y no sé que pase. No es fácil, Negra, nosotras no la tenemos fácil nunca. ¿Te acordás de esa noche? Entraste caminando como solo vos lo podés hacer, que movimiento Negra, y además sin mirar a nadie, como si solo existieras vos. Llegaste y pusiste a Fruko a todo timbal y la armaste, no tanto por la música sino porque llegaste. Fue ahí cuando pregunté por vos, haciéndome la fastidiada, como vos decías “con cara de niña ricachona”. Fue más fuerte la tentación y me acerqué, alguna bobada te pregunté. Esperate me acuerdo, ya sé, te pregunté que dónde habías comprado ese pantalón tan legal, algo me dijiste de una prima que hacía los mejores bota campana del mundo, y te reíste Negra y eso fue lo que me jodió. “Enseñame a bailar como vos”, te dije; “tan flaquita y tan blancuzca no podés, si parecés un queso”, me respondiste. Sin embargo toda la noche me diste clase de baile; de miraditas y roces te di yo. Y vos no te negabas, ni te quitabas, ni bajabas los ojos; eso era un sí en silencio. Ya era de día cuando me acompañaste a mi casa, las últimas cuadras te quitaste las plataformas porque de tanto bailar y caminar se te habían destrozado los pies. De despedida te planté las dudas que te tienen acá botando amargura por los ojos y te despedí rapidito antes de que se levantara mi papá; aunque hace rato que no me para bolas, los viejos saben.

Calmate Negra, no soy de palo como me dijiste tantas veces. Por ejemplo acordate de esa vez caminando por la Quinta que viste al tipo ese. Pispo sí era, no lo voy a negar; pero cuando vi como lo mirabas y las risitas, me quise morir. “Acá sobro”, les dije y me fui caminando rápido, dando cada paso muy duro como una niña chiquita a la que los papás no le dan gusto, cuando me alcanzaste no pude más, no quería que me vieras llorando y menos por vos. Y te reíste Negra, ¡te reíste! Estabas feliz con mis celos. Tuviste tu revancha ¿no? Claro, como eras vos la que siempre decía cosas. Siempre me reclamaste mi silencio y no era frialdad Negra, es que así soy yo. Pa’ vos todo esto era novedad, puro descubrimiento, los nervios de lo que no se conoce ni se sospecha. Pa’ mí no. Yo supe de esto desde niña: Me acuerdo de los domingos en el club, si vieras como era eso, todos aparentando perfección, cómo no, si son la crema de la crema; tan correctos y exitosos, todos con sus vidas perfectas. Pero qué va, comen callados… Si supieran que yo iba por las amigas de mi mamá. Y sin poder decírselo a nadie, ¿me entendés? Callando desde chiquita… Y pensar que nunca te llevé al club. ¿Te imaginás el escándalo? ¡La hija del doctor en esas! Y vos tan llena de sabor y color… Te hubieran acabado esas brujas, pero conmigo no se meten, ni pendejas que fueran; el mico sabe en qué palo se trepa.

No más Negra, mirá que ya pasaron los cinco minutos que te dije, y vos ahí. Negra me tengo que ir, Luz Marina me está esperando. Perdoname Negra.

Nota aclaratoria: Visitantes de fuera de Colombia, el acento del quien habla corresponde al de la bella ciudad de Cali (Valle del Cauca).

No olvides desayunar

julio 1, 2010

Como todos los días calentó el café. Aún quedaba un croissant relleno de jamón y queso de la media docena que había comprado el lunes anterior en la panadería de siempre. Le gustaba madrugar a comprar el pan, no le importaba el frío ni la espera, se sentaba en la fría madera del único banquito que quedaba en pie, mientras abrían la panadería, en cuanto se levantaba la puerta gris llena de grafitis, corría tan rápido como le permitían sus entumecidas piernas de viejo y entraba aspirando el olor a pan recién hecho. Con las bolsas  aún calientes regresaba a su casa, feliz de tener el pan más fresco de todo el barrio.

Yogurt, café y croissant. Nunca siguió las recomendaciones del abuelo, nunca hizo lo que tantos esperaban, nunca encajó. Sonrió al observar su vida entera pasar frente a sus ojos en cuatro segundos, no sintió dolor alguno. Dos semanas más tarde los vecinos no soportarían el mal olor y lo encontrarían caído sobre su desayuno.

Suena: No me abandones. Kevin Johansen.