Archive for 29 septiembre 2010

Nada más

septiembre 29, 2010

Alpiste y ponqué convertido en migajas para los pájaros. Agua para las plantas. Sobras para los perros. Pan mojado en chocolate para la lora. Escoba y trapero para toda la casa. Esa es su rutina diaria desde hace veintitrés años, tiempo que coincide con la partida del último de sus hijos. Ni un día deja de cumplir sus tareas. Los domingos en la mañana lava la ropa y la extiende en el patio para que se seque. En la tarde va a cine. Cada vez le cuesta más encontrar películas de su agrado en los pocos cines que van quedando en pie en el Centro; los que quedan se han convertido en iglesias llenas de gritos histéricos o en cines dedicados a la rotativa de pornografía. Cada vez que camina a paso lento por la séptima recuerda los años dorados del cine mexicano. “Que poco nos queda” piensa la anciana; un poco por el cine, un poco por sus fuerzas. Al salir del cine compra dos cervezas, dos almojábanas y dos panes rellenos de chocolate. Ella es la encargada de la bebida y del postre y nunca ha faltado a esa tradición. Apura el paso, tiene una cita muy importante.

Como todos los domingos, espera a que ella se vaya al cine. En cuanto escucha la puerta guarda herramientas y juguetes. Cada semana hace menos juguetes. En parte porque cada vez compra menos madera, en parte porque cada vez le cuesta más controlar el temblor de sus arrugadas manos y la rebeldía de sus ojos. Saca su cuaderno de apuntes. Ahí están anotadas todas las recetas de lo que ha cocinado cada domingo. Esta vez elige un sandwich que lleva pollo, rúgula, tomate y queso azul. Escoge cuidadosamente su corbata y su sombrero, necesita verse increíble. A paso lento recorre las pocas cuadras que lo separan del Parque Nacional. Cada día le pesa más la canasta que él mismo construyó, en la que guardó los dos sandwiches y una rosa roja. Debe llegar antes que ella y tener todo listo para su domingo de merienda en el Parque. Quiere ver su sonrisa cuando lo vea con la rosa roja en la mano. Después de tantos años de búsqueda descubrió que lo único que necesita es ésa sonrisa que lo enloqueció hace más de cincuenta años. Ésa sonrisa que lo lleva a viajar en el tiempo y verla como la primerza vez. Ésa sonrisa que hizo que olvidara como caminar y respirar a la vez. Ésa sonrisa, nada más.

Mientras suena: Always on my mind. Elvis Presley.

En sueños

septiembre 21, 2010

Otra vez hermano. Otra vez he caminado en sueños. Esta vez fue peor. Porque juraba que ya no me iba a pasar, que estaba todo bajo control, usted sabe, el poder de la mente. Y claro que fue así, pero al revés. Viejo, que cosa tan loca, de repente, así de la nada desperté y miré alrededor y solo vi risas y miradas de lástima. Semanas enteras se fueron a la mierda hermano. No sé donde he estado, no sé que he hecho. Nada. O bueno, sí sé. Pero no era real. Nada de lo que veía, nada de lo que pensaba, nada de lo sentía era real. Y lo peor es que me gustaba dónde estaba. ¿Nunca ha pensado en eso? Quedarse sumido en la ignorancia, caminando en sueños. Ya sé que es imposible, ya sé que es mejor despertar, pero déjeme quedarme un rato con esa nostalgia tan dura de lo que nunca fue. Me gusta poder evocar esa sensación, ¿por qué cree que me gusta tanto el tango?  Que poco me gusta la realidad. Viejo, ¿sabe qué es lo más complicado? Que ahora no volveré a creer en lo que veo, lo que pienso, lo que siento. Puedo estar de nuevo caminando en sueños, y no sé si resista otro despertar.

Mientras suena: El día que me quieras. Carlos Gardel.

Miranda

septiembre 16, 2010

Su madre entró al cuarto. Tomó una profunda inhalación y contó hasta diez. Papeles arrugados y esparcidos por todo el piso, las crayoles fuera de su caja, mordisqueadas, quebradas, ninguna se salvaba; dos pasos más allá, casi bajo la cama, la caja de las crayolas doblada y pisoteada.

En la pared contra la que se apoyaba el cabecero de la cama, la última obra maestra de su hija: una mujer de pelo muy negro y largo, alta y flaca, al menos eso daba a entender las extrañas proporciones con las que había sido dibujada. Y de nuevo esa cara extraña, una cara que daría miedo sino se tratara del dibujo de una niña de seis años. No tenía que esforzarse mucho para saber que su hija estaba bajo la cama, seguramente la vería con las manos apoyadas en los ojos, haría falta algo de fuerza para separar sus manos de la cara. “¿Por qué, por qué?” pensaba mientras reunía fuerzas para enfrentar una vez más el extraño comportamiento de su hija.

Bajo la cama, Miranda supo que su madre no tardaría en sacarla. Al día siguiente no iría al colegio, tendría que visitar una vez más a la psicóloga. No quería hacerlo. Nunca la escuchaba. Además Miranda le temía, porque en cuanto sus padres las dejaban solas “para poder jugar” la psicóloga se giraba hacia un closet vacío y pasaba el resto de la hora hablando con alguien que no estaba allí.

De mala gana Miranda descubrió sus ojos y salió de su escondite. Giró su cabeza hacia el dibujo. Nada. Todavía no podía pintarla bien. La cara no daba suficiente miedo. Sabía que el día que pudiera dibujarla bien por fin podría dejar de vivir aterrorizada porque la mujer alta y flaca de cara horrible dejaría de seguirla.

Mientras suena: Got me wrong. Alice in chains.

Nada

septiembre 8, 2010

“Pues vea, si usted mira hacia atrás no hay nada.  Nada. Una colección de canciones, trozos de películas, tardes de lluvia y cucharitas. Pero, ¿algo de eso es real? No. Cada vez más lejano, una bruma más y más espesa en la que cuesta mucho entrar cada vez que le da por viajar en el tiempo. Ahora gire la cabeza. Mire hacia adelante. ¿Qué hay? Nada. Nada. Una colección de ideas, sueños, ilusiones, miedos. No existe. Y, claro usted me recordará sus planes, sus objetivos, su optimismo inquebrantable; pero no se trata de eso. Es más sencillo. Nada de eso está ahí. ¿Qué nos queda? El acá y ahora. Y es aquí donde acabo mi discurso lleno de lugares comunes. Porque acá tampoco hay nada. No queda nada. “No queda más que viento” dice el Flaco. Y le doy toda la razón”.

Apuró el último trago de cerveza, se limpió la boca con la manga de su traje, abrió la puerta que daba a un sol que empezaba a esconderse y tomó rumbo al puerto. Iría a ver buques viejos e inservibles.

Mientras suena: Numb. Portishead.