Archive for 26 noviembre 2010

Cielo gris, agua azul

noviembre 26, 2010

No le importa el viento helado que bajaba desde la cordillera nevada, pasa sobre el lago y se mete por las calles del pueblo.  A veces le incomoda la lluvia, que sigue la dirección del viento y se estrella contra su cara en un vano intento por alejarlo del muelle.

La primera vez que hizo el recorrido sin importarle el viento ni la lluvia fue por casualidad, diría años más tarde con una sonrisa de satisfacción; sin embargo sabe que lo hizo movido por el extraño impulso de ver las aguas del lago mecidas por el viento helado. Al igual que esa primera vez, pasa por las calles desiertas con las manos en los bolsillos y tarareando una canción. Nadie en sus cabales sale a caminar con ese clima. Ni siquiera en la calle comercial hay actividad, los almacenes están cerrados,  los dependientes en sus casas tratan de calentarse con chocolate caliente. Pasa frente a la tienda de dulces, quiere comprar una caja de bombones, no para él, para regalo, ojalá envuelto y con un moño de color rojo. Deja de tararear y practica su silbido, un hombre de doce años debe saber silbar, se dice. Sin darse cuenta, llega al muelle; sabe que a su mamá no le va a gustar el estado en el que van a quedar sus botas por cuenta del barro que empieza a rodearlo; ya pensará como solucionar eso, primero lo primero. Desafiando a la lluvia, levanta la cabeza, cielo gris, agua azul; la cordillera apenas se adivina. Y a lo lejos el ferry.

Aun no lo sabe, en el futuro comprenderá lo afortunado que fue al no dudar nunca de su ilusión. En el ferry, como desde hace tres años, viene la única, la portadora de la sonrisa, los ojos expresivos y las pecas coquetas. Aunque venga con su familia (y muchas otras familias) a pasar vacaciones en el pueblo helado, solo le interesa ella. Tiene tantas cosas que contarle, tantos sitios bonitos que mostrarle, tantos bombones por regalarle. Empieza a saltar y a agitar los brazos, sabe que ella lo está buscando sobre el muelle.

Años después, tomados de la mano, reconocerán a los niños que fueron, detrás de las arrugas y la cabellera blanca. Y sonreirán, afortunados como pocos, por conocerse desde siempre.

Mientras suena: I saw her standing there. The Beatles.

****Aviso Clasificado***

El próximo 30 de noviembre a las 8 PM se realizará la inauguración de la exposición “Miradas del Sur por Fotoparche”. Los chicos de la Fundación Bella Flor una vez más nos muestran el resultado de su empuje y tesón. Se realizará en la Galería Art.co en la Torre Samsung: Cra 7 No. 113 – 43, Bogotá, Colombia. Allá nos veremos.

Art.co – Torre Samsung Cra. 7 No. 113 – 43
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Blanca silueta

noviembre 19, 2010

La silueta blanca se pierde entre los árboles. Observa con una ceja levantada a su perro. No ha ladrado, no ha gruñido, no ha dado la más mínima muestra de haber notado a alguien entre los árboles. Encoge los hombros, piensa en un rayo de luna colado entre las ramas; se concentra en los tres corredores que vienen por el camino de grava; en silencio, admira su disciplina, salir a trotar en la noche con el frío del invierno no le parece la alternativa más atractiva para sus noches. Maravillado, se fija en el paso uniforme con el que se desplazan; considera salir a correr en las noches con el perro. Ojalá Laura se les uniera, solo que en las últimas semanas no hablan mucho; sabe que la tormenta se avecina, le gustaría saber porqué o cuándo se va a desencadenar, así estaría preparado. La incertidumbre es parte de su motivación para dar largas caminatas en la noche. Tres años de convivencia y ahora sale a dar vueltas sin sentido para llegar cuando ella duerme.

De reojo ve como la silueta blanca se mueve entre los árboles a su derecha. No es un rayo de luna, está seguro. Mira de nuevo al perro, que está más interesado en marcar la banca pintada de verde que en la persona que se mueve entre los árboles. Es una mujer. Tiene el pelo negro, muy negro. Se esconde, tal vez corra peligro. Y él, que busca huir del silencio y la rutina con Laura, no duda en avanzar. Va a ayudarla, va a salvarla, va a oler ese pelo negro, muy negro… sacude la cabeza, fantasías ahora no, necesita concentración total. Amarra al perro a la banca y avanza en silencio. La hierba, húmeda, empapa sus converse. Se esconde detrás de un árbol tal y como sucede en las películas que ve los domingos en la tarde; sigiloso héroe de su propia historia, avanza entre los árboles. La mujer vestida de blanco está a dos metros, no lo ha escuchado llegar, solo ve su pelo negro, muy negro y en su mente no hay cabida para nada más que el momento en el que por fin pueda hundir su nariz en esa negra melena. Un aullido de su perro lo saca de nuevo de la fantasía, la mujer avanza hacia él, tiene los ojos inyectados en sangre, una sonrisa lunática y un cuchillo de cuarenta centímetros en su mano derecha. Comprende que es muy tarde, solo le hubiera gustado saber porqué está vestida de novia.

Mientras suena: Fealdad. Los Tres.

No es solo por el dinero

noviembre 4, 2010

Los carros pasan uno tras otro en una larga fila que nunca se detiene. Pequeñas gotas de agua bailan sobre el pavimento; la llovizna  aun no decide si para o continúa con ese ritmo lento que embota los sentidos, llena de pereza a los escolares y de desasosiego a los oficinistas.

Parado al lado de la vía, un hombre acomoda el cuello de su gabán, una gota encontró el punto justo por el cual colarse. Rápidamente devuelve sus manos a los bolsillos. Piensa con nostalgia en una playa de su infancia. Que lejanas son ahora las vacaciones familiares. Nada de eso queda, ni vacaciones ni familia. El verano nunca llega, el clima solía ser diferente, ya no quedan certezas. Solo la lluvia.

La puerta del edificio que vigila se abre. Una anciana saca a pasear un perro. No es a quien busca. Nunca ha visto al hombre que busca, pero conoce su cara de memoria. Lo que le interesa es la historia detrás. No el dinero. Aunque jamás trabajaría gratis por buena que sea la historia. Esta vez lo convenció la rabia con la que la mujer que lo contactó dijo: ” todo el daño ya está hecho”.

Una vez más se abre la puerta. Es la cara que busca. Reconoce el peso de su historia por la forma en que camina. Cuenta hasta treinta y tres antes de seguirlo. En un momento terminará esa historia y una mujer podrá dormir en paz.

Mientras suena: Eddie’s gun. The Kooks.