No es solo por el dinero

Los carros pasan uno tras otro en una larga fila que nunca se detiene. Pequeñas gotas de agua bailan sobre el pavimento; la llovizna  aun no decide si para o continúa con ese ritmo lento que embota los sentidos, llena de pereza a los escolares y de desasosiego a los oficinistas.

Parado al lado de la vía, un hombre acomoda el cuello de su gabán, una gota encontró el punto justo por el cual colarse. Rápidamente devuelve sus manos a los bolsillos. Piensa con nostalgia en una playa de su infancia. Que lejanas son ahora las vacaciones familiares. Nada de eso queda, ni vacaciones ni familia. El verano nunca llega, el clima solía ser diferente, ya no quedan certezas. Solo la lluvia.

La puerta del edificio que vigila se abre. Una anciana saca a pasear un perro. No es a quien busca. Nunca ha visto al hombre que busca, pero conoce su cara de memoria. Lo que le interesa es la historia detrás. No el dinero. Aunque jamás trabajaría gratis por buena que sea la historia. Esta vez lo convenció la rabia con la que la mujer que lo contactó dijo: ” todo el daño ya está hecho”.

Una vez más se abre la puerta. Es la cara que busca. Reconoce el peso de su historia por la forma en que camina. Cuenta hasta treinta y tres antes de seguirlo. En un momento terminará esa historia y una mujer podrá dormir en paz.

Mientras suena: Eddie’s gun. The Kooks.

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