Cielo gris, agua azul

No le importa el viento helado que bajaba desde la cordillera nevada, pasa sobre el lago y se mete por las calles del pueblo.  A veces le incomoda la lluvia, que sigue la dirección del viento y se estrella contra su cara en un vano intento por alejarlo del muelle.

La primera vez que hizo el recorrido sin importarle el viento ni la lluvia fue por casualidad, diría años más tarde con una sonrisa de satisfacción; sin embargo sabe que lo hizo movido por el extraño impulso de ver las aguas del lago mecidas por el viento helado. Al igual que esa primera vez, pasa por las calles desiertas con las manos en los bolsillos y tarareando una canción. Nadie en sus cabales sale a caminar con ese clima. Ni siquiera en la calle comercial hay actividad, los almacenes están cerrados,  los dependientes en sus casas tratan de calentarse con chocolate caliente. Pasa frente a la tienda de dulces, quiere comprar una caja de bombones, no para él, para regalo, ojalá envuelto y con un moño de color rojo. Deja de tararear y practica su silbido, un hombre de doce años debe saber silbar, se dice. Sin darse cuenta, llega al muelle; sabe que a su mamá no le va a gustar el estado en el que van a quedar sus botas por cuenta del barro que empieza a rodearlo; ya pensará como solucionar eso, primero lo primero. Desafiando a la lluvia, levanta la cabeza, cielo gris, agua azul; la cordillera apenas se adivina. Y a lo lejos el ferry.

Aun no lo sabe, en el futuro comprenderá lo afortunado que fue al no dudar nunca de su ilusión. En el ferry, como desde hace tres años, viene la única, la portadora de la sonrisa, los ojos expresivos y las pecas coquetas. Aunque venga con su familia (y muchas otras familias) a pasar vacaciones en el pueblo helado, solo le interesa ella. Tiene tantas cosas que contarle, tantos sitios bonitos que mostrarle, tantos bombones por regalarle. Empieza a saltar y a agitar los brazos, sabe que ella lo está buscando sobre el muelle.

Años después, tomados de la mano, reconocerán a los niños que fueron, detrás de las arrugas y la cabellera blanca. Y sonreirán, afortunados como pocos, por conocerse desde siempre.

Mientras suena: I saw her standing there. The Beatles.

****Aviso Clasificado***

El próximo 30 de noviembre a las 8 PM se realizará la inauguración de la exposición “Miradas del Sur por Fotoparche”. Los chicos de la Fundación Bella Flor una vez más nos muestran el resultado de su empuje y tesón. Se realizará en la Galería Art.co en la Torre Samsung: Cra 7 No. 113 – 43, Bogotá, Colombia. Allá nos veremos.

Art.co – Torre Samsung Cra. 7 No. 113 – 43
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2 comentarios to “Cielo gris, agua azul”

  1. Upendi Says:

    Él se animo a desafiar la lluvia y muchos años después sonrió por contar con esa fortuna de pocos. No lo había considerado, pero desafiar y sonreir parecen ser directametne proporcionales.

    Una razón más para sonrerir cuando Venecia llega a esta masa continental

    🙂

    • Danilo Says:

      Hola Andrea.

      Que maravilla ver tus palabras de nuevo.
      Pienso que estás en lo cierto. Hay que desafiar la lluvia, el frío, y demás. Y la sonrisa llegará.

      Un abrazo.

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