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Imparidad

enero 18, 2011

Un movimiento mínimo el lado de su mano derecha distrae su mirada. La arena apenas se mueve y un pequeño cangrejo sale de su imperceptible guarida. Contrario a la creencia popular el cangrejo no camina todo el tiempo de lado. Cuando baja las pequeñas dunas que la brisa marina ha formado, camina de frente, si debe subir, camina de lado. Observa el divertido ir y venir de su nuevo amigo. Diez minutos o tal vez dos horas. No lo sabe. No quiere saberlo. No ha llevado reloj, ni celular, ni ipod. Ahora sabe que sí puede vivir sin ellos. Solo ha llevado una cámara a la que olvidó ponerle baterías nuevas y que yace inútil en el fondo de su morral.

A sus espaldas una cabaña pequeña y fresca. Dentro de la cabaña, una matrona de edad imposible de calcular prepara el pescado que será su almuerzo. El aroma del pescado unido al rugido de su estómago le hacen pensar que hace mucho el medio día pasó. Se levanta para refrescarse una vez más en el mar de muchos colores que se extiende hasta donde duelen los ojos.

Piensa en las personas que están al otro lado de la mancha de muchos colores en la cosmopolita ciudad costera. Sabe que están escuchando música a todo volumen, bebiendo grandes cantidades de alcohol, haciendo largas filas para entrar a los sitios top, pagando cifras astronómicas por minúsculos platos de comida bellamente decorada. No entiende. No sabe porque no logra una conexión real. Se pregunta si en verdad es importante ser parte de. ¿Por qué el afán ante la imparidad? Recuerda las charlas con sus amigos y amigas; en general tratan sobre el mismo tema: novios, novias, esposos, esposas, amantes, ex…encoge los hombros y deja de hacer la lista. Reconoce que bajo la luz del sol del caribe y sobre una playa solitaria y silenciosa, la imparidad se hace más llevadera, llega a ser una amable compañera. Se pregunta si en las noches de la ciudad de los cerros pensará de la misma manera. Ya habrá tiempo de averiguarlo. Por ahora, ser impar ha dejado de ser una carga. Sale del agua y camina hacia la cabaña desde donde la matrona le hace señas. El pescado está listo. No necesita nada más.

Mientras suena: Ahora. Caro Rueda G.

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