Loco del pueblo

Se acerca a la ventana del desván buscando algo de brisa. El sol sigue firme en su posición de medio día. Mira los árboles estáticos a lo largo de la calle, parecen quemarse ante sus ojos. “Al menos en esta calle quedan árboles” piensa Jota mientras mira al Babe, el vendedor de paletas del pueblo que se seca el sudor bajo la sombra de un  árbol. El Babe no envejece, ha vendido paletas a varias generaciones y no ha cambiado nada. Que duerme entre su carrito refrigerado para conservarse, dicen en la escuela.

Desde la colina donde estaba el monasterio llegan gritos. Pone la mano sobre su frente formando pantalla. Una nube de polvo se alza alrededor de un grupo de muchachos en bicicletas. “Otra vez” piensa Jota mientras baja corriendo. Tiene que encontrarlo y obligarlo a entrar. Baja corriendo las escaleras de los tres pisos. Salta donde están rotos los escalones. Alguna vez fue la casa más elegante y visitada del pueblo. Ahora se cae a pedazos y solo están él y sus abuelos.

Es la hora de la siesta, todavía tiene dos horas de entera libertad, sin adultos. El problema es encontrar al Bicho. La única que lo sigue llamando Julio es la abuela, por supuesto. No sabe lo que planean los muchachos del pueblo, la última vez que lo encontraron antes que él, lo dejaron amarrado a una cerca y lo golpearon con mandarinas  podridas. Corre pegado a las casas, rogando porque al dar la vuelta a la esquina lo vea venir como siempre, con su sombrero gigante, sonriente y guapo y hablando con la gente que siempre camina a su lado y que nadie más ve. Recuerda que cuando era niño el Bicho (él aun le decía tío) le llevaba unos grillos de colores imposibles para que jugara, nunca le dijo donde los encontraba. Se detiene a secarse el sudor y quitarse la camisa empapada. Corre en dirección al río.  Los abuelos no hablan de eso. Nunca han querido contarle qué pasó; solo sabe que está relacionado con lo que le pasó a sus padres. Sabe que la respuesta está en el desván, sabe que entre los papeles amarillentos que se deshacen está la clave de la locura de su tío y la desaparición de sus padres. Tiene que encontrar pronto al Bicho para poder regresar, una extraña inquietud lo domina cuando está mucho tiempo fuera del desván. Además le pareció ver un grillo azul leyendo los papeles. Jota gime angustiado y sigue su carrera por el pueblo. Queda poco tiempo.

Mientras suena: El loco de la calle. El último de la fila.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: