Dos días

Las patas del gato golpeando sobre el piso de madera terminan con su concentración. Echa una última hojeada a los libros de contabilidad y sonríe. Le va mejor vendiendo empanadas y café que libros; sin embargo el aviso que cuelga afuera dice ‘Librería’.

Se quita las gafas para ver de cerca, se levanta de la silla de cuero vieja, gastada y muy cómoda, camina hacia donde ve que el gato juega. Bicho ha atrapado una polilla. Juega con ella antes de matarla. Ríe al ver al tigre en miniatura en acción. No es su mascota, es su socio. Los visitantes regulares los saludan a los dos. Los visitantes nuevos que saludan a Bicho se convierten de inmediato en sus favoritos. Deja de mirar al gato para mirar su reloj de pulsera. Justo a tiempo. Le encarga el negocio a Bicho que apenas lo mira con sus grandes ojos verdes. Pone el cartel de “Cerrado” y emprende su caminata diaria.

Siente deseos de ver gente, toma la calle Florida y esquivando a los turistas, perdiéndose entre los acentos camina buscando un pequeño negocio de sánduches muy buenos que hace mucho no prueba. Pide su almuerzo para llevar. Bolsa de papel en mano continúa su caminata. Hace treinta y dos años llegó impulsado por el amor hacia una ciudad que había idealizado en las madrugadas de insomnio. Ahora, años después ha aprendido a quererla en su realidad tan distinta al ideal que había creado en sus ensoñaciones.

Llega a Plaza San Martín, camina despacio, busca un banco bajo un árbol y lejos de los niños que juegan. En los últimos días ha sentido una extraña añoranza por cosas que nunca tuvo y que a su edad serían una irresponsabilidad. Encuentra uno desde el que se divisa la Torre de los Ingleses. Se pregunta qué sucede con la luz del otoño, cómo es que logra embellecer todo.

Mastica despacio y deja que su mente vague. Sorbo tras sorbo de té helado su mirada se concentra más y más en el infinito. Se limpia las manos y la comisura de la boca. Observa a una joven pasear con su perro mientras habla por celular. El pelo rojo y ondulado y el caminar lento y despreocupado, le recuerdan a alguien que ya no le espera en la Ciudad de los Cerros. Saca la billetara y mira el calendario. Un círculo marca una fecha a dos días de distancia. En dos días debe pasar por los resultados de los exámenes médicos. De lo que digan, depende su regreso a La Ciudad de los Cerros. Sólo dos días. Su pelo rojo y ondulado.

Mientras suena: Tomo y obligo. Carlos Gardel

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2 comentarios to “Dos días”

  1. Sattine Says:

    “No es su mascota, es su socio” Me encantó.

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