Chocolates con semáforo

Empiezan a escucharse los colectivos que pasan por la quinta. Aun no sale el sol. Ni siquiera se sabe si vaya a salir; en los últimos meses la llovizna eterna se transformó en una lluvia eterna. Finge dormir y escucha a su esposo salir de la cama. Sin necesidad de verlo sabe lo que está haciendo, el ritual es el mismo desde hace treinta y siete años. Alista la camisa, y los zapatos, la corbata y el pantalón serán los mismos del día anterior. Deja la ropa lista sobre la silla que está al lado de la puerta. Tres pasos hasta el baño, el ruido del agua al caer, un grito ahogado. Se baña con agua fría, dice que lo mantiene joven y vigoroso; ella sabe que lo hace para dejarle la caliente.

Calcula diez minutos,  se levanta a calentar el chocolate que dejó preparado la noche anterior. Debe haber un pan o una almojábana en algún lado. Revuelve la cocina. Cada vez son más frecuentes esos olvidos pequeños. Ella sabe que él lo ha notado, pero los dos lo ignoran. Un pacto tácito producto de una convivencia que ya no necesita palabras, solo paciencia, mucha paciencia.

-¿Cómo me veo? -pregunta él entrando en la cocina. -Delicioso -responde ella con una sonrisa que en algún tiempo fue pícara. Arregla el nudo de la corbata, él trata de ocultar el cada día más fuerte temblor de sus manos. Ella se las toma y las aprieta, están heladas. “Ya no debería bañarse con agua fría y menos en la madrugada y mucho menos en un barrio tan frío como La Perse”, piensa ella divertida. En voz alta siempre dirá La Perseverancia, jamás hablará “como los muchachos de ahora”.

Toman chocolate con pan. Hablan de las pequeñas tragedias domésticas que proporciona el gato, no lo admiten pero es su gran fuente de diversión. Ella le pasa el maletín, le da un beso cotidiano y lo acompaña hasta la puerta. Lo ve alejarse bajando hacia el occidente; entra y empieza a preparar los chocolates para los próximos días; él los vende en un semáforo. A esa edad solo en eso puede trabajar. El trabajo podrá ser muy humilde, pero él se viste así en señal de respeto a sus clientes y a ellos les encantan los chocolates artesanales que vende el anciano de corbata.

Mientras suena:

Anuncios

8 comentarios to “Chocolates con semáforo”

  1. Lalu Says:

    no sé por qué, pero esta entrada me dolió en el alma

  2. jean mar Says:

    A @hacemeun14 le gusta esto

  3. Julibelula Says:

    😥
    Así se supone que debe ser el amor.

  4. Chris Says:

    Se me arrugó el corazón 😢

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: