Solo realidad

Camina por las calles llenas de turistas; revisa una y otra vez la tarjeta doblada que aprieta en su mano izquierda. El sol empieza a recorrer su camino de regreso. Una brisa fría y ligera anuncia que quedan a lo sumo dos horas más de luz natural. Revisa una vez más la tarjeta, suspira decidida y se pierde por una calle lateral, una que ningún turista tomaría. Camina rápido, esquivando los montones de basura, los bultos que duermen en el piso y a los dealers que sonrientes se le acercan. “Increíble ver esto a dos calles de la zona turística” piensa mientras mira a una prostituta de quince años fumar en la puerta de una antigua mansión.

Se detiene frente a una casa de dos pisos. El cartel hecho a mano sobre un madero muestra un ojo con unas largas pestañas, es igual al dibujo de la tarjeta que lleva en su ahora sudorosa mano izquierda. Entra a un local oscuro, el cambio en la luz la obliga detenerse. Se respira un ambiente pesado; ante sus ojos empieza a tomar forma lo que la rodea. Varias personas se sientan alrededor de una pipa comunal. Sentados, apoyando la espalda contra la pared algunos parecen dormir, sus quijadas caen pesadas sobre el pecho; otros se mueven en sueños acostados en el piso. Avanza sintiendo gotas de sudor resbalar desde sus axilas. Una escalera, junto a ella, un cartel en madera. Se acerca para comprabar sus sospechas, es igual al de la tarjeta.

Diecisiete días atrás contemplaba fascinada un cuadro.  Desde que ese antiguo barrio obrero cercano al puerto se puso de moda, lo visita cada fin de semana. Las mejores fiestas se hacen en una casa vieja, con patio central y terraza con vista a los barcos viejos que se oxidan olvidados. El tipo de la puerta ya la conoce, la deja pasar mirándole con descaro el culo. El volumen de la música impediría cualquier intento de conversación; la única luz es la de la luna que cae sobre el patio. No conoce a nadie, no importa; el licor, su minifalda y su belleza angelical harán el resto. Da vueltas por los cuartos llenos de gente. En un pasillo ve el cuadro. En él una mujer vestida de blanco camina descalza por la playa. -¿Te gusta?- oye a su espalda. No sabe cuanto tiempo ha estado mirando la pintura. Gira y ve a la mujer que sirvió de modelo. El realismo del cuadro es impresionante. Parece una fotografía. La belleza de la mujer la paraliza, su cercanía acelera su pulso. Un suave beso en los labios la estremece. -Ve- le dice la mujer y le entrega una tarjeta.

Termina de subir la escalera. Un hombre de rasgos orientales fuma y la observa en silencio. Le hace un gesto indicándole que lo siga. Entran a un estudio, un caballete, pinturas, pinceles, lienzos se desparrraman por todo el espacio disponible. -Quiero que me pinte como a un ángel, de blanco y con unas alas muy grandes- dice ella con voz temblorosa. El hombre la observa mientras da un par de chupadas a su cigarrillo. -No, -responde finalmente- solo realidad. Ella se sienta en un taburete, deja que su vestido se suba y lo observa prometiendo el paraíso con su mirada. Sabe que ningún hombre se resiste. El pintor encoge los hombros, prepara sus implementos y en tres horas y veintiún minutos de trabajo continuo, termina la pintura.

Como si se escapara de una pesadilla, despierta al día siguiente. Siente la cabeza pesada, y el dolor de espalda casi la hace gritar. Contra la pared a los pies de su cama ve la pintura. No hay foto, ni pintura que le haga justicia a su verdadera belleza, sólo ese cuadro. Feliz, olvida por un momento el dolor. Con dificultad se levanta, se siente tan cansada. Camina hasta la ducha, se quita la pijama. El roce de la tela contra su espalda la hace gritar. Se gira y observa su espalda en el espejo. Tímidas y aun pequeñas sus alas de ángel empiezan a salir.

Mientras suena:

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6 comentarios to “Solo realidad”

  1. Ocurrencias de domingo Says:

    Solo de lo real e incluso de lo sórdido pueden emerger unas verdaderas alas de ángel. Me encanta todo Led Zeppelin. Un saludo

  2. Florencia Says:

    Y de tan real se me hace bien surrealista.
    Excelente, ¡de verdad!

    Sé que estoy medio perdida en el tiempo, pero aún estoy y me sigo fascinando y sorprendiendo con tus cuentos.

    Te dejo un beso y continúo el deleite!

  3. Jean Marcel Says:

    Oiste, tuve una sensación rara cuando estaba leyendo este cuento. Se me hizo ver en mi cabeza el escenario de una distopia del cine … creo que repasé rápidamente Soylent Green, Blade Runner y Ghost in the shell. Aun no sé como explicarme, fue una conjunción interesante de sensaciones, pero muy fiel a tu estilo. Me gustó y sobre todo que utilizás mi amado punto y coma.

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