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Veintisiete parejas más

diciembre 26, 2011

Limpia la tierra que rodea el palo de rosa que acaba de plantar. Se limpia el sudor de la frente. Mira el reloj. Últimamente pasa más tiempo en el patio que en su lugar de trabajo. Se lava las manos con lentitud y meticulosidad. Deben estar perfectamente limpias. Camina hasta el cuarto oscuro, ya es hora de salir a trabajar.

Saco de paño, corbata a juego con la camisa, sombrero de fieltro. Cámara al cuello. Su forma de vestir no ha sufrido mayores variaciones en los últimos cuarenta y tres años. Se pregunta si ese apego a una forma determinada de hacer las cosas es la clave de su, cada vez más fuerte, sensación de anacronismo. Camina a paso ligero las cinco cuadras que separan su casa de la enorme plaza llena de turistas, funcionarios y palomas.

Saluda a sus colegas con una inclinación de cabeza. Cada vez son menos, cada vez queda menos trabajo, cada vez están más viejos. Solo quedan cuatro en la plaza. Hace treinta años había trabajo suficiente para nueve de ellos. Quisiera ser práctico y culpar a la tecnología. Pero no puede. Observa a su alrededor. Tres parejas. Muy pocas. Cuando empezó en su oficio eran muchas más y sonrientes accedían a ser retratadas. No es la tecnología la que está acabando con su oficio, es la escasez de amor.

Camina entre la horda de turistas, busca parejas para retratarlas, son su especialidad y está seguro de que sus fotos les traen buena suerte. Prepara la cámara y enfoca, hace cuentas. Va a preparar una exposición, la primera y última. Veintisiete parejas más y se retira.

Mientras suena:

Al menos unos días más

diciembre 11, 2011

Deja las botas amarillas en la entrada. Se quita las medias y camina descalzo. Pisa fuerte y sus pasos retumban contra los listones de madera brillante. Pasa por la cocina, sirve una taza de café y toma un pan. Camina hasta la ventana y se para en el rectángulo que forma la luz del sol. Le gusta sentir el sol en los pies. Es bueno ver el sol de nuevo. Hace tres días no llueve. Tal vez eso ayude a que las cosas cambien.

Toma un sorbo de café y muerde un trozo de pan. Desde su ventana domina el panorama de un parque abandonado en el que juega un grupo de niños. Siempre soñó con vivir en una casa cerca a un parque. Mira a la izquierda, una torre de apartamentos se ha quedado a medio camino. Nunca la van a terminar. Las revueltas y disturbios cambiaron todo. Trata de recordar su vida anterior, parece muy lejana, como si perteneciera a otra persona. Le gusta lo que hace ahora. Se maravilla al observar como la gente continúa riendo y sufriendo por las mismas cosas. Tantas cosas cambian pero la base del ser humano es siempre la misma.

Suena el teléfono. En un reflejo aun no olvidado lleva su mano izquierda al bolsillo del pantalón del mismo lado, ríe al recordar que los teléfonos móviles son ahora cosa del pasado, corre hasta la pared donde está clavado el viejo teléfono de disco que ha vuelto a ser útil. “Que sea ella” piensa mientras levanta el auricular, no tiene mucho tiempo para sentir decepción, hombre maduro, edad aproximada cuarenta y cinco – ciencuenta años, camiseta verde y jean, armado, inestable, amenaza con disparar a su familia y suicidarse. Memoriza los datos que dispara velozmente la voz en el teléfono. Cuelga y en un ágil movimiento se calza de nuevo, se pone la chaqueta, también amarilla, que hace juego con las botas. Corre mientras se deja llevar por el pensamiento que por un momento cruzó su cabeza antes de responder el teléfono. Piensa en su ‘flaca’, recuerda la manera inverosímil como se vieron por primera vez en un aeropuerto. Sabe que es afortunado. Sabe que tiene algo que muchos otros han perdido. Piensa en el hombre que está a punto de matar a su familia, uno más de los que despiertan sin razones para continuar. Se promete convencerlo, o al menos darle unos días más piensa con crudeza. Repasa el diálogo que debe decirle al hombre armado. Todos los de su escuadrón dicen las mismas palabras, sin embargo él es quien más personas convence. Él tiene una motivación que los demás no, es afortunado. Acelera el paso. Ojalá pueda convencerlo.

Mientras suena: