Aunque se le canse la espalda y le pese la cabeza

Se lleva las manos a la nariz, sí ahí están las gafas, a veces olvida si las tiene puestas o no. Ya no sabe si es por costumbre o es otra de las cosas que los años se llevan. Aprovecha el movimiento y acomoda los anteojos, enfoca en la oscuridad que empieza a caer y se agacha. Patas arriba, respetando la costumbre que sus antepasados han seguido durante miles de años, yace muerta una cucaracha. Se admira al observar su tamaño. Hasta ese momento creía que cucarachas de tales proporciones solo existían en las películas. Lleno de asco la golpea suavemente con el bastón para darle la vuelta. “Cualquier cosa menos morir en el suelo”, piensa mientras imagina una caída mortal en el baño, o un súbito ataque al corazón. “No quiero que me den vuelta como a un bicho gigante.” Observa el caparazón duro, grandes surcos lo atraviesan de lado a lado. Fue un bicho poderoso en sus días. Verlo en movimiento seguramente causaba terror. Suelta una carcajada al observar la analogía. No era terror lo que causaba, pero sí respeto. Limpia el bastón en la hierba que crece a los lados del camino empedrado. Al principio, cuando aun creía engañar al observador incauto, utilizaba un paraguas negro y elegante que en su mente era el indicado para ser usado por un lord inglés. Siempre tan cuidadoso de su aspecto. Y tan orgulloso. Un día aceptó que a nadie engañaba y compró el bastón. No podía ser cualquiera, por su puesto, debía ser un digno sucesor de su elegante paraguas. Estuvo una semana sin salir a la calle, caminaba por toda la casa, de arriba a abajo, de la entrada al patio, aprendiendo el complicado arte de dominar su bastón y enloqueciendo a su esposa con su caminadera. Ahora, domina como el mejor el arte de caminar en tres piernas, siempre derecho, encorvarse es una concesión que no está dispuesto a hacer, aunque se le canse la espalda y le pese la cabeza.  De un puntapié saca la cucaracha del camino y continúa su paseo, le gusta salir de la ciudad, por el cambio de clima, aunque no está dispuesto a reconocer que el frío lo afecta cada vez más. Y por las estrellas. En la ciudad no es fácil verlas. Le gusta caminar hasta lo más alto del camino empedrado, levantar la cabeza y emocionarse con un cielo estrellado que quiere aprender de memoria. Detiene su paseo una vez más, levanta la cabeza, el cielo está despejado, en un rato tendrá una vista magnífica. Da media vuelta, ya es hora de regresar. Antes de entrar a su casa de veraneo, se las ingeniará para bajar un mango del árbol que sembró cuarenta y siete años atrás y que aun da los mejores mangos que ha probado en su vida. Y los favoritos de su esposa. La hará muy feliz.

Mientras suena:

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8 comentarios to “Aunque se le canse la espalda y le pese la cabeza”

  1. Lalu Says:

    Qué entrada tan bonita.

    Me retorcí del asco con la descripción de la cucaracha, le tengo fobia a esos bichos ¿Qué animal se la habrá comido?

    Me gusta el orgullo con el que algunas personas envejecen sin sentirse derrotadas, aunque todo, hasta las cosas más simples, les cueste más cada vez

    • Danilo Says:

      Muchas gracias Lalu por lo que dices.
      También le tengo mucho asco a esos bichos. Lamentablemente vi ese cadáver de cucaracha.

      A mí me cae muy bien la gente que a pesar de los años siguen con fuerzas y ánimos de verse bien, de sentirse bien, que no se rinden. Eso me parece a mí que es envejecer con dignidad.
      La dignidad no tiene nada que ver con cirugías ni pendejadas de esas.

      ¡Saludos!

  2. Pau Says:


    Los cielos estrellados siempre conmueven el alma.

    (Precioso D.)

    Saludos.

    • Danilo Says:

      Hola Pau.
      Qué bonito ver tu visita. Muchas gracias por lo que dices.
      Como habitante de ciudad, debo decir que me quedo sin aliento cuando puedo disfrutar de un cielo estrellado.

      Saludos.

  3. Juliana (@JuliOspiA) Says:

    ¡Qué belleza de cuento!
    Ese señor domina el arte de caminar con tres piernas y vos el de escribir. Te felicito.
    Me identifiqué demasiado con el hecho del orgullo, de no aceptarlo y creer engañar a la gente apoyándose en un paraguas negro. Creo que perfectamente yo podría hacer una cosa de esas. Pero también sé que la mejor opción es por la que optó este personaje, llevarlo con dignidad y entereza. Y bueno, también me identifiqué porque sueño un árbol de mangos en el jardín de mi casa cuando esté vieja.

    • Danilo Says:

      Hola Juli.
      Muchas gracias por tus palabras tan bonitas.
      Te entiendo. Yo haría lo mismo, puedo verme disimulando con un paraguas negro gigante. Debe tener punta recubierta en goma para evitar inconvenientes. Ya lo he pensado. Esa batalla contra el orgullo va a estar dura.
      Casualmente sueño con sembrar un árbol de mangos.

      Saludos.

  4. Tatiana Says:

    También ve dignidad en aceptar que el cuerpo se acaba. Si el man se hubiera encorvado, me parecería que lo asume con dignidad mientras no ande maldiciendo a la vida porque se encorvó.

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