El otro

“Ahí están”, piensa al verlos. Lo van a atacar en cualquier momento. Instintivamente su cuerpo se prepara para atacar o huir. Su reacción depende del número de atacantes. Sabe que no será uno solo, mínimo dos, máximo…desecha el pensamiento. Si piensa en el número máximo que podrían destinar para atacarlo el miedo puede paralizarlo. El flujo de ideas se detiene. El fuerte entrenamiento recibido toma su lugar y controla el cuerpo entrenado para matar. Porque así se lo dijeron, así se lo repetían una y otra vez durante las largas marchas de preparación, inmersos en la selva, con kilos y kilos de equipo y armas, preparando cada fibra de su cuerpo para la confrontación final, sin dormir, comiendo poco y de afán, no podían revelar su presencia al enemigo, siempre en silencio, como sombras que se entienden con miradas y gestos, adivinando, leyendo la diferencia entre la vida y la muerte en un movimiento. Tensión al máximo las veinticuatro horas, máquinas entrenadas para matar.

Los cuenta. Son cinco. Se separan en dos grupos, uno compuesto de tres y otro de dos. Se acercan dos. Los otros tres esperan a siete metros y fingen hablar entre ellos. Se acercan, están a tres pasos, van a atraparlo. No se va a dejar atrapar sin luchar. Utilizando el paraguas como arma, golpea a los dos jóvenes policías bachilleres que se acercan al paradero de autobuses a esperar transporte de regreso a casa. Los testigos observan paralizados como el hombre de treinta y cinco años que fumaba tranquilo ataca a dos adolescentes sin mediar palabra alguna, mientras la señora de cincuenta y dos años que lo acompaña grita que ellos son de los buenos, que no los mate. La mujer observa a su hijo, se transforma en una “máquina de matar” (como él dice) en dos segundos. No puede detenerlo, no sabe en qué momento va a explotar, no sabe qué le dispara la pesadilla en la regresó convertido. Lo encierra en casa a diario, salen una vez al mes a reclamar la pensión por enfermedad que él obtuvo al volver del ejército. Cuando se fue era su hijo, cuando regresó era otro. Otro al que teme, otro al que no conoce, otro al que le desea la muerte. Otro.

Mientras suena:

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6 comentarios to “El otro”

  1. atina07 Says:

    uno de mis preferidos!!

  2. Lalu Says:

    ¿Has leído las cosas que escribe Andrés Delgado sobre el ejército? Son sobrecogedoras, no sé cómo ese man no salió loco.
    http://moleskin32.blogspot.com/2011/03/bienvenido-al-ejercito.html
    http://www.lasillavacia.com/historia-invitado/17194/andres-delgado/cronica-de-un-soldadito-de-plomo

    • Danilo Says:

      Lalu:
      Me dispongo a leer lo que me recomiendas. A mí me sorprende que no hayan más locos por ahí. El ejército es muy hp. O fijo si están por ahí pero no estallan, y uno no los diferencia de cualquier parroquiano que fuma y espera bus.

      Saludos.

  3. Pau Says:


    Otro.
    Pero siempre eres tú, tu esencia tras las letras.

    Felicidades por tantos relatos.

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