Quiero verte de civil

Antes de salir se para frente al espejo, repasa su maquillaje. El rojo de la boca, muy rojo. Lo sombra, gigante, exagerada y verde en los ojos. La peluca amarilla, crespa, alborotada. Para completar su atuendo se pone un sombrero negro igual al que utilizaba Chaplin en sus películas. Perfecto. Ahora sí puede salir.

El sol del medio día lo golpea en los ojos, camina lento, haciendo el mínimo esfuerzo. No puede darse el lujo de sudar y que el maquillaje se corra. Es muy importante la imagen para su trabajo. Atraviesa la calle. Debe comprar cebollas y tomates para preparar la carne que le dejará preparada a su hija. Ojalá su hija no se avergonzara de  su profesión. Algún día comprenderá que es su verdadera y única vocación.

-¿Cuándo te dejarás ver de civil? -le pregunta la joven mujer encargada de la tienda de barrio. Hasta hace dos semanas eran los dueños quienes atendían. Un matrimonio viejo, al que al parecer no le pasaban los años, y sin embargo la anciana se había enfermado. Su esposo se había retirado a cuidarla. La joven mujer era probablemente una nieta o una sobrina lejana de alguno de los viejos.

-Un día de estos -responde y toma una bolsa para escoger las cebollas y tomates. Siente los ojos de la joven mujer clavados en su cuerpo.  Se mueve con torpeza, como pasa siempre que alguien se hace consciente de sus propios movimientos. Se pregunta si eso en verdad está pasando. No puede ser. La joven mujer pesa los alimentos. Roza su mano adrede cuando recibe el billete.

Ahora sí está sudando, debe repasar el maquillaje. No puede llegar así a la función de las tres de la tarde. Los niños jamás se reirán de un payaso mal maquillado. Apura el paso, debe terminar el almuerzo de su hija y repasar su maquillaje. La joven mujer lo ve alejarse en dirección a su casa y suspira. Algún día.

 

Mientras suena:

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6 comentarios to “Quiero verte de civil”

  1. Lalu Says:

    Dani, muy lindo el cuento. Me alegra que, para variar, aquí no se haya muerto nadie.
    Ese roce de la mano es tan, pero tan bacano. Ese roce y todas las señales de lenguaje no verbal que la gente usa para decirle a otra persona que le gusta cuando no tiene suficiente confianza para decírselo con palabras o simplemente chantarle un beso en plena boca. El nudo en el estómago antes de moverse deliberadamente para tocar al otro de una forma que parezca inintencionada y la descarga de adrenalina cuando el contacto se logra y uno quiere saber qué tanto rato se queda el otro participando de él.

    • Danilo Says:

      Muchas gracias por lo que dices Lalu.
      Me dejas pensando, tal vez escribo mucho sobre muerte y locura. Por algún lado toca sacar las cosas que hacen ruido adentro y no dejan estar en paz.

      Esos roces mínimos tan ansiados, tan insuficientes y a la vez con ese poder para acelerar el corazón; toda esa etapa del descubrimiento del coqueteo, es tan bonita. Es una zozobra permanente pero una chévere, uno sabe que algo bueno se avecina.

      Saludos, gracias por leer siempre.

  2. Cosmo Says:

    Mi papá fue payaso. Se voló de la casa a los 12 años con un circo. Fue trapecista además y una de las cosas que lamento es que no haya una sola foto de esos años. Me gustó mucho el cuento.

    • Danilo Says:

      Qué lástima que no haya fotos de esta etapa de su padre.
      Me parece que ahí hay mucho por contar, esa historia de su papá merece ser narrada.

      Gracias.

  3. Pau Says:


    Me pongo la nariz de payaso y te dedico una sonrisa mientras te digo: ¡¡GENIAL!! 😀

    Saludos D.

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