La abuela nunca había tenido problemas para dormir

Esa mañana, como todas, se despertó muy temprano, todavía estaba oscuro; yo también estaba despierto pero siempre finjo que duermo un poco más. Me gusta quedarme en silencio, muy quieto, escuchando las noticias que pone la abuela en el radio de pilas. Me levanto cuando es imposible seguir aplazando la visita al baño.

Esa mañana, se bañó más temprano que de costumbre. Era el primer martes del mes, el día que le entregan la pensión. Antes la acompañaba a hacer la fila. La escuchaba quejarse con los demás ancianos de la fila de la lentitud de los cajeros, de lo desconsiderados que eran con los viejos como ellos. Ya no la acompaño. Me da pereza. Y tengo otras cosas que hacer.

Después de reclamar la pensión se encuentra con las amigas. Con dos, una tercera ya murió;  almuerzan en el segundo piso del edificio de Seguros Nacionales. Ahí queda un restaurante en el que se han reunido desde cuando eran solteras. El edificio de Seguros Nacionales queda a seis cuadras del palacio presidencial y a cuatro de la sede del banco donde la abuela reclama la pensión, en pleno centro de la ciudad. Muchas veces le he dicho a la abuela que cambie de sede, que traslade la cuenta a una sucursal más cercana. No responde nada, apenas me mira como si yo no entendiera nada. Tal vez así sea.

Esa mañana salió temprano, como todos los martes de pensión, con su cartera bonita y los tacones, la abuela nunca ha dejado de ser vanidosa. Llegó a la hora acostumbrada. Llegó callada y pidiendo agua. Se sentó en el sillón frente al televisor pero no puso la novela de las cuatro, ni me contó los últimas noticias de sus amigas. Solo tomaba agua. La vi tratando de tejer pero no pudo. Deshizo todo lo que había avanzado.

Se acostó a la hora de siempre pero no tomó café con tostadas. Toda la noche la escuché dar vueltas sobre la cama. Las tablas chirrean con cada movimiento. No me dejó dormir. Más o menos a las once y media fui a su habitación, de pronto estaba enferma y teníamos que ir al hospital. La encontré sentada en la cama.

-¿Qué pasa abuela? -le dije.

-El ascensor siguió derecho. Inés marcó el piso dos. Yo la vi. Pero siguió derecho. Paró el en el piso tres. Elsa estaba ditraída, pobrecita cada día está peor, y se bajó. Salimos detrás de ella y el ascensor se cerró. Buscamos la escalera, solo era un piso, pero la puerta estaba con llave. Pedimos el ascensor pero el botón no funcionaba. Inés se reía pero Elsa y yo nos sentíamos mal. En ese piso hacía mucho frío, como si un viento corriera ahí dentro. Nos quedamos calladas y escuchamos las voces. Gritaban que no los mataran, que tenían hijos, que no por favor. Me dieron ganas de acostarme ahí, en el piso, y llorar. El ascensor se abrió y salió un celador, agarró a Elsa de un brazo y nos dijo que entráramos rápido. Nos dijo que ese piso estaba clausurado, que llevaba desocupado desde 1977 cuando la guerrilla se metió y mató a todos los que trabajaban en la oficina de abogados de ese piso. Nos dijo que ahí asustaban.

La abuela nunca había tenido problemas para dormir. Ahora no quiere quedarse sola. Tiene miedo y mucho frío.

Mientras suena:

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12 comentarios to “La abuela nunca había tenido problemas para dormir”

  1. Tatiana Says:

    Me dio un escalofrío cuando lo leí. Muy bueno.

    • Danilo Says:

      Mi estimada Lalu:

      Gracias por lo que dices. Muy buenos que te hayas asustado.
      Para multiplicar el escalofrío te cuento que esta historia está basada en una real. En Bogotá, en el centro, en el edificio de Colseguros hay un piso desocupado desde hace más de 30 años. Es el piso 14. Ahí hubo una masacre. Y nadie puede ocuparlo. No lo resisten. A veces, el ascensor se pide “solo” en ese piso. Y los que se bajan por error ahí pasan los peores momentos de su vida. Conozco a alguien a quien le pasó.

      Saludos.

  2. Collective Soul Says:

    Muy buena historia. La gente dice que uno solo debería tenerle miedo a los vivos, que son los que pueden hacer daño, pero !que va! a mi me daría mucho miedo si se me aparece un fantasma o cualquier joda de esas…

    Juanma es Collective Soul

    “I’m here can you see me
    ‘Cos I’m out on my own
    When the room goes cold tell me
    you can feel me…’cos I’m here”
    – The Apparition –

    • Danilo Says:

      Hay muchas cosas que no se pueden explicar simplemente desde la racionalidad. Aunque un profe de física, en la u, decía que la energía permanece. Eso puede ser. ¿Cómo saberlo?

      Saludos y gracias por pasar.

  3. Pau Says:


    Siempre consigues arrancarme los espasmos con tus finales de infarto.
    Enhorabuena por tus relatos D.

    Saludos.

  4. Jean Marcel (@hacemeun14) Says:

    Danilo, hace tiempo que no pasaba, por estar metido en ‘embelequerías del siglo XXI’, pero me pareció muy grato. Leí este cuento por la atracción que me produjo el título y lo encontré fascinante. Recordé uno de tus cuentos que más me gusta… 15 niños, sino me equivoco.

    Saludos.

    • Danilo Says:

      Jean Marcel:
      Qué bueno verlo de regreso. Mucho tiempo sin verlo por acá.
      Claro, recuerdo ese cuento, el de la maestra de pre escolar a la que le sobra un niño.

      Bienvenido de regreso.

      Saludos.

  5. Julibelula Says:

    Yo no entiendo por qué no vengo más seguido, si siempre encuentro buenas cosas para leer. Como siempre, escalofriante y sorprendete, como siempre buenísimo como todo lo tuyo.

    • Danilo Says:

      Hola Juli.

      Qué alegría verte de regreso. Me encanta haberte asustado. Lo más escalofriante es que está basado en hechos reales. El edificio y el piso existen. Y asustan.

      Saludos.

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