El hongo del sifón

Mi papá siempre ha dicho que los cuartos más importantes de una casa son la cocina y el baño. La primera casa en la que vivimos la construyó él. Los padres de mi generación saben hacer de todo y además fueron papás jóvenes, antes de los treinta ya tenían hijos y casa; y la plata les alcanzaba para colegio, mercado, servicios y un paseo en diciembre. Héroes.

En esa primera casa mi papá construyó un baño para él. De nadie más. Su refugio, su reino. Era más grande que los demás cuartos de la casa, estaba enchapado en baldosas rectangulares azules. “Baño de rico”, decían mis tíos cuando nos visitaban.  En ese baño no había instalación para agua caliente, otra razón para que nadie más lo utilizara. Recuerdo el sonido del chorro de agua helada cayendo fuerte sobre el piso y a mi papá saliendo de su baño con el pelo mojado y parado, se veía como el pájaro loco. Cuando niño nunca entendí cómo alguien podía bañarse con agua fría. No sabía que veintisiete años después no soportaría el agua caliente y que, al igual que mi papá, me bañaría a diario con agua fría.  Hay días en los que me pregunto si algo anda mal en nuestras cabezas, no es fácil el agua fría en las madrugadas bogotanas.

Una mañana, cuando tenía cinco años, mi papá me dijo: “¿quiere ver un hongo?” y me llevó al patio. Levantó la tapa del sifón y señaló una de las paredes del desagüe de donde se aferraba  una cosa blanca que tenía un sombrero en la punta. “Eso es un hongo”, dijo, “echémosle agua para que crezca”.  Desde ese día todas las mañanas nos levantábamos a echarle agua al hongo. Cada día lo veía un poco más grande. Me preguntaba si debía ponerle un nombre. Tal vez Pipo, como al perro que tuvimos. O ninguno, no sabía si la gente le ponía nombre a los hongos.

Una mañana nos levantamos y al quitar la tapa del sifón el hongo ya no estaba. No dije nada pero me puse triste. Lloré. Lloré porque el hongo se había ido, porque no le puse nombre, porque a Pipo se lo robaron y no lo quisieron devolver. Pero sobre todo porque las mañanas ya no serían lo mismo, ya no tenía un plan con mi papá.

Mientras suena:

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8 comentarios to “El hongo del sifón”

  1. Pablo Medina Uribe Says:

    Qué lindo esto. (Yo sin duda alguna le habría puesto “Toad”).

  2. Pau Says:


    Qué bonito…

    Una vez tuve un Pipo, pero no era un hongo ni soportaba el agua fría. Mordía y comía queso a todas hora. Era un hámster 🙂

  3. hacemeun14 Says:

    Oiste Danilo, has leído a Pablo Ramos? De alguna manera me recordó la nostalgia jovial de sus libros. Saludos.

  4. Chris Says:

    Ay, carajo qué ternura 😊 Pobre hongo.

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