Archive for 27 septiembre 2012

Lleno hasta el borde

septiembre 27, 2012

“Perra de mierda, me voy a vengar, conmigo nadie se mete, ya va a ver cómo le va a ir. Le voy a afeitar una ceja. Una. La otra no. A ver qué hace. Puta me volvió mierda el pelo”, piensa Diana mientras se mira en el espejo. No ha parado de llorar desde que llegó de la peluquería. Yolanda le ha cortado el pelo desde los siete años, o sea hace trece que conoce su pelo mejor que ella misma. Un mal día puede tenerlo cualquiera, pero ¿tanto?

Llena el lavamanos hasta el borde, no se siente con ánimos para quitarse la ropa y bañarse totalmente, además desea hacer un inventario de daños lo antes posible, y ojalá, dar con alguna solución. Evita el espejo mientras sumerge la cabeza en el agua helada, masajea su pelo con cuidado, esparce el champú a conciencia; se muerde los labios de rabia, consigue evitar los deseos de llorar. El tacto de su pelo es tan distinto al de la mañana.

Con cuidado envuelve su cabeza en la toalla. Se incorpora y enfrenta de nuevo el espejo. Grita, patalea, y rompe el cristal con su imagen. Al retirar la toalla nada mejoró; su pelo sigue del color de la zanahoria, tiene un mechón largo ubicado en la parte posterior izquierda de su cabeza, el resto no tiene más de dos centímetros de largo, aunque en algunas zonas llega a los cinco centímetros.

Yolanda lleva dos horas y treinta y un minutos convencida de estar en un sueño. Ríe al recordar lo que hizo con el pelo de Diana, suelta la carcajada hasta ahogarse con el humo del cigarrillo al recordar que dejó calvo a Mateo, el hijo de la señora de la tienda. Da una larga chupada al cigarrillo y cierra los ojos de placer. Dejó de fumar hace once años, le prometió al Divino Niño que nunca más fumaría si curaba a su hijo. Fumar en un sueño no cuenta. Porque tiene que ser un sueño. Su hijo está curado. No encontró a su hijo comiéndose a mordiscos a Luna, su jack russell de ocho meses, mucho menos se la comió cruda,  tampoco es cierto que la sangre caía chorreando por su barbilla. Es un sueño, se repite mientras se quema la mano izquierda con el cigarrillo, la misma mano con la que aprieta el frasco de pastillas que su hijo debe tomar a diario y que sin embargo está lleno, hasta el borde.

Mientras suena:

Mierda fresca en las manos

septiembre 17, 2012

“Es como cuando David usaba pañales. La misma vaina.” Repite esa frase una y otra vez, como si se tratara de un mantra; busca escapar al mal olor, al asco, a la sensación de que llegar a viejo es una porquería absoluta y con todas sus letras. Mira sus manos untadas de la mierda fresca de su padre, obliga a su mente a ir más allá del color marrón, de la sensación cálida, del olor que lleva el vómito una y otra vez a golpear las puertas de su boca. Se concentra en las arrugas de sus manos, en las venas brotadas “iguales a las del viejo” piensa. El viejo. Se pregunta si sus hijos se referirán a él del mismo modo. Levanta la mirada, se encuentra con los ojos de su padre, a sus noventa y ocho años ya no lo reconoce, no reconoce a ninguno de sus hijos, a veces pregunta por su difunta esposa,  ha olvidado que hace trece años murió. Se queda mirando a su padre a los ojos, espera ver una chispa de reconocimiento, una sonrisa desdentada y fugaz, algo que le permita, así sea por un momento, volver a ver a su viejo. Nada. Solo encuentra tristeza y vergüenza. Esa  mirada de vergüenza es un buen indicio, aun es consciente de que ya no puede levantarse de su cama, ni limpiar su propio culo. Aun hay orgullo en ese cuerpo. Algo es algo. Una vez escuchó a una anciana decir que quería vivir mientras pudiera limpiarse su propio culo. Recuerda el tono de voz crudo de la anciana y le da la razón. A pesar de todo, le alegra ver a su padre aun vivo, sus domingos serían peores si fuera a visitar una tumba. Es más fácil pensar en su muerte que en la de su padre. Tal vez cuando lleguen los primeros síntomas del olvido y la confusión haga algo. Algo radical, debe pensarlo con calma y elaborar un plan. Tiene sesenta y ocho años y no soporta la idea de estar observando un espejo que le muestra el futuro dentro de treinta años. Termina de lavar a su padre, lo envuelve en una toalla y lo lleva a su cuarto; con paciencia lo viste y lo observa hasta que se queda dormido. Sin hacer ruido sale del cuarto, se encierra en el baño y no hace ningún esfuerzo por detener las lágrimas que empiezan a caer.

Mientras suena: 

Que cuenten en tu memoria[1]

septiembre 3, 2012

Hay varias formas de hacerse inmortal. Dejar una gran obra ya sea música, literatura, pintura, cine…, descubrir o inventar algo que cambie la vida humana, liberar a un pueblo, morir joven de manera heroica, ser un deportista único e inigualable…

Jimmy García no fue un boxeador típico. Lector voraz de clásicos de la literatura universal, cinéfilo, estudiante de inglés, buen chico, de esos que a todos les cae bien [2]. En el ring se caracterizó por no rendirse nunca. Varias veces enfrentó a rivales que lo superaban en condiciones y técnica, eso no lo amilanó, los enfrentó convencido de poder ganar. Y si le iban a ganar tendrían que esforzarse, Jimmy García no se rendía.

Su último combate fue muy largo. Duró trece días. Lo peleó hasta el final convencido de poder ganar. El 6 de mayo de 1995 se enfrentó al mexicano Gabriel Ruelas. Fue una carnicería. Jimmy no tenía, aún, las armas para derrotar a un campeón mundial. No ganó ningún asalto. La pelea estaba pactada a diez asaltos, los resistió todos, sin rendirse sin dejarse derribar; buscando ese golpe que cambiara la historia. Cuando terminó el décimo asalto caminó hacia su rincón, dijo “me duele la cabeza” [3] y se desplomó. Nunca más se volvió a levantar. Estuvo trece días en cuidados intensivos. Luchando por levantarse una vez más. Como siempre. Como Jimmy García. Murió a los 23 años.

La historia de Jimmy García siempre me ha conmovido. Tengo un respeto y admiración especial por las personas que nunca se rinden, que luchan hasta el final.  Jimmy García perdió esa pelea, pero ganó un lugar en el olimpo de los héroes particulares. Aunque tantos años después su nombre suene cada vez menos, un grupo de personas se ha encargado de inmortalizarlo de la manera más bonita que se me puede ocurrir: con música. Y acá estoy, recorriendo las últimas palabras que me separan del punto final de lo que pretende ser un homenaje a Jimmy García, sé que me quedo corto, que estas palabras no están a la altura de su vida. Que ningún escrito podrá hacer justicia a ninguna vida por sencilla o corta que esta sea. Por eso, prefiero parar acá y cederle la palabra a quienes me inspiran a recordar a Jimmy y a su espíritu inquebrantable. Bajo Tierra logró lo que él buscó en el ring, le hicieron el homenaje más bonito y duradero que haya recibido, lo inmortalizaron en una canción.

Jimmy García. Bajo Tierra:

[1] Fragmento de la canción “Jimmy García” de Bajo Tierra. (Esta canción es otra razón para quererlos tanto)

[2] Leído en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-290512

[3] Leído en: http://www.elheraldo.co/deportes/hace-17-anos-jimmy-garcia-dejo-todo-en-el-ring-67170

También leí estos artículos:

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-325176

http://www.boxeomundial.net/boxeo.php?category=NOTICIAS&id=4168

http://boxeototal.com/2012/05/19/17%C2%BA-aniversario-de-la-muerte-de-jimmy-garcia/

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-338022