Lleno hasta el borde

“Perra de mierda, me voy a vengar, conmigo nadie se mete, ya va a ver cómo le va a ir. Le voy a afeitar una ceja. Una. La otra no. A ver qué hace. Puta me volvió mierda el pelo”, piensa Diana mientras se mira en el espejo. No ha parado de llorar desde que llegó de la peluquería. Yolanda le ha cortado el pelo desde los siete años, o sea hace trece que conoce su pelo mejor que ella misma. Un mal día puede tenerlo cualquiera, pero ¿tanto?

Llena el lavamanos hasta el borde, no se siente con ánimos para quitarse la ropa y bañarse totalmente, además desea hacer un inventario de daños lo antes posible, y ojalá, dar con alguna solución. Evita el espejo mientras sumerge la cabeza en el agua helada, masajea su pelo con cuidado, esparce el champú a conciencia; se muerde los labios de rabia, consigue evitar los deseos de llorar. El tacto de su pelo es tan distinto al de la mañana.

Con cuidado envuelve su cabeza en la toalla. Se incorpora y enfrenta de nuevo el espejo. Grita, patalea, y rompe el cristal con su imagen. Al retirar la toalla nada mejoró; su pelo sigue del color de la zanahoria, tiene un mechón largo ubicado en la parte posterior izquierda de su cabeza, el resto no tiene más de dos centímetros de largo, aunque en algunas zonas llega a los cinco centímetros.

Yolanda lleva dos horas y treinta y un minutos convencida de estar en un sueño. Ríe al recordar lo que hizo con el pelo de Diana, suelta la carcajada hasta ahogarse con el humo del cigarrillo al recordar que dejó calvo a Mateo, el hijo de la señora de la tienda. Da una larga chupada al cigarrillo y cierra los ojos de placer. Dejó de fumar hace once años, le prometió al Divino Niño que nunca más fumaría si curaba a su hijo. Fumar en un sueño no cuenta. Porque tiene que ser un sueño. Su hijo está curado. No encontró a su hijo comiéndose a mordiscos a Luna, su jack russell de ocho meses, mucho menos se la comió cruda,  tampoco es cierto que la sangre caía chorreando por su barbilla. Es un sueño, se repite mientras se quema la mano izquierda con el cigarrillo, la misma mano con la que aprieta el frasco de pastillas que su hijo debe tomar a diario y que sin embargo está lleno, hasta el borde.

Mientras suena:

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6 comentarios to “Lleno hasta el borde”

  1. Julibelula Says:

    QUE CHIMBA!!!

  2. Pau Says:


    Los pelos de punta.

    Recuerdo una vez cómo lloré al salir de la peluquería, jajaja. Ahora me río, pero en su día hubiera cogido por los pelos a la Yolanda de las narices y la hubiera dejado no sin una, sino sin las dos cejas a lo Mona Lisa.

    • Danilo Says:

      Hola Pau.
      Dices muy bien: los pelos de punta.
      Hay que estar muy mal de la cabeza para arriesgarse a dañarle el pelo a una mujer; las consecuencias pueden ser fatales.

      Saludos.

  3. Chris Says:

    El hijo de Yolanda es escrizofrénico!!

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