Bajo la puerta

“No está solo”. Una sola línea escrita con bolígrafo de tinta azul, trazos firmes y regulares. Mientras dejaba el abrigo en el perchero imaginó que una de sus vecinas, tal vez la del apartamento del final del corredor, se había deslizado con sigilo y había dejado esa nota bajo su puerta. Tal vez, ella al ver su timidez, que tan bien disfrazaba de formalidad, decidió acercarse empleando el truco de la nota anónima. Pero eso dejaba un problema. En realidad dos, como nota anónima de acercamiento era muy pobre aunque cumplía muy bien si el objetivo era provocar su curiosidad. De otro lado, era la letra de un hombre.

El primer sorbo de café era siempre el mejor, alejaba el frío y sentía con claridad como la energía volvía a su cuerpo. El segundo sorbo lo dedicó a pensar en la nota. Se preguntó a qué se refería. Era evidente que estaba solo. Cama sencilla, estufa de dos fogones, cuatro trajes con sus correspondientes medias, corbata y zapatos; de los que cuidaba con esmero cada dos semanas. Observó su apartamento con detenimiento. El apartamento de un hombre solo. Tal vez la nota se refería a otro tipo de compañía, tal vez había otra persona en sus mismas condiciones y quería decirle que lo acompañaba en su forma de vivir.

Durante el tercer sorbo recordó cómo durante la última junta de habitantes del edificio se enfrentó a la administradora. El descuido en el mantenimiento de la fachada, por no hablar del interior, era evidente. ¿Dónde estaba invertido el dinero que él y los vecinos pagaban antes del décimo día de cada mes? Tal vez era eso. Uno de sus vecinos quería expresarle solidaridad, sin duda estaba de acuerdo con él. Una nota anónima de apoyo a su causa era muy sospechosa. Significaba que su enemiga era poderosa, los demás vecinos temían enfrentarla a cara descubierta. Debía andar con mucho cuidado.

Al terminar el café se desnudó, dobló el traje y lo dejó sobre una silla. Apagó la luz y se metió bajo las cobijas. Entendió el significado de la nota cuando sintió unas manos heladas que le cubrían nariz y boca, un aliento putrefacto que se acercaba a su cara, y unos colmillos que se hundían con facilidad en su cuello.

Mientras suena:

 

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2 comentarios to “Bajo la puerta”

  1. Pau Says:


    Uffff… el mismo frío gélido asoma por esta puerta.
    Muy bueno D., como siempre. Y la banda sonora todo un acierto.

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