No se puede engañar al desgaste del mundo

Cada día está más lejos la panadería de la plaza. Algo le pasa al mundo, las distancias se alargan, los días se hacen iguales, las voces se hacen más tenues, incluida la propia. Una labor que antes le tomaba treinta minutos ahora le toma cuarenta y cinco. O tal vez cincuenta, el desgaste del mundo afecta también al reloj que lleva en la muñeca izquierda.

Los primeros diez minutos los gastaba caminando de su casa a la panadería. Ahora, en ese mismo recorrido se demora quince. No hay explicación lógica para eso. Comprar el pan, partirlo, llevarlo a la plaza y repartírselo a las palomas, entrar a la iglesia, rezar por todos sus hijos y nietos le consumían el resto del tiempo. Además cada día hay más palomas, la fuerza de su brazo no alcanza para mandarle pan a las más desconfiadas, las que se quedan en la periferia.

Hoy no ha podido salir de la iglesia. No puede irse sin rezar por toda su familia. Le faltan dos de sus hijos y sus doce, ¿once? nietos. Algo pasa con la atmósfera de la iglesia, está más pesada que de costumbre, al parecer la ampliaron porque casi no ve el altar. Una mano lo mece con suavidad, van a cerrar la iglesia, debe salir. No puede hacerlo. No ha terminado de rezar. La mano lo ayuda a levantarse y lo conduce hasta la puerta. Ahora los días son más cortos, ya está oscuro, no puede ser, cuando entró a la iglesia faltaban pocos minutos para el medio día, el tiempo saltó y ni siquiera pudo almorzar. Tal vez si se apura pueda engañar al desgaste del mundo, si tan solo reconociera las calles, ¿hacia dónde es su casa? algo muy malo pasa con el mundo.

Mientras suena:

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6 comentarios to “No se puede engañar al desgaste del mundo”

  1. clavosycanelas Says:

    Un gusto leer Por partes, saludos.

  2. Cosmo DaKitten Says:

    Para allá vamos. No nos damos cuenta pero estamos en camino.
    Saludos.

  3. Sara Mejía Says:

    De ser mayor me imagino que tener muchos años a cuestas debe cambiar mucho la manera como se vive el tiempo.
    Me gustó la parte de las palomas.

    Saludos.

    • Danilo Says:

      Me acuerdo mucho cuando José Arcadio Buendía llegó a viejo en Cien años de soledad y todos los días le parecían el mismo. Yo creo que algo así debe ser llegar a muy viejo. Qué impresión.

      Qué gusto verte por acá, Sara.

      Saludos.

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