De cómo llenar un espacio vacío

Qué difícil es buscar algo. Ha acumulado tanto en los últimos años. Antes no le sucedía eso, desechaba sin pensar, sin dar una segunda mirada. El sitio estaba despejado, la luz brillaba en el piso y en las paredes, el viento entraba y corría libre sin obstáculos, daba siete vueltas sin rozar nada, sin tumbar nada y volvía a salir aburrido de no poder causar destrozos.

Un día entornó la puerta y permitió que una persona que pasaba por ahí echara un vistazo en ese amplio espacio que habitaba. A esa persona le gustó como la luz del sol hacía brillar pisos y paredes, como el viento entraba y salía sin causar destrozos. Le gustó tanto que la persona regresó al día siguiente, tocó la puerta y pidió que le permitiera ver el espacio amplio que habitaba. Día tras día regresó la persona que pasó a ser la visitante. Sin darse cuenta empezó a esperarla; pronto las visitas se extendieron a una mera conversación desde la puerta. Poco a poco la visitante fue ubicándose más y más adentro.

Unas cuantas visitas después  la visitante llegó con un regalo. Fue aceptado con alegría y el regalo pasó a ocupar un espacio mínimo, casi ni se notaba que estaba ahí. Regalo tras regalo el amplio espacio que habitaba se fue llenando hasta que se hizo necesario elaborar un mapa que mostraba tres caminos posibles para moverse en el otrora amplio espacio. Nunca se deshizo de nada, le gustaba disfrutar del calor que expedían los regalos y que calentaban el otrora amplio espacio. La luz los embellecía y el viento pasaba y los saludaba. Para ese entonces ya eran dos los que habitaban allí, reían hasta quedarse sin aire cuando se encontraban por casualidad al dar la vuelta en una pila de regalos.

Después de algunos días de no cruzarse con la persona que ya no era visitante sino habitante encontró una carta de despedida. La releyó varias veces, recorrió los tres caminos, invitó al viento a que le ayudara a buscarla. Nada. Ya no era siquiera visitante. De nuevo su compañía no era otra que la luz del sol, el viento y una araña que se sentía muy a gusto entre las pilas de regalos.

Ahora al buscar algo, no porque en verdad lo necesite, sino porque lo recuerda, no puede evitar quedarse varias horas examinando algún objeto que es incapaz de botar. A veces escribe cartas y las manda con su amigo el viento. Nunca llega respuesta, en realidad no la espera, no es tan iluso, solo que no puede dejar de recordar.

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6 comentarios to “De cómo llenar un espacio vacío”

  1. D Says:

    Triste y bonito 🙂

  2. @aureliaci Says:

    Gracias. Me inspiraste un recuerdo que pensaba no volvería nunca. Y ahora escribo…

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