Niebla

En cuanto terminó de tapar el espacio que queda entre el piso de madera y la puerta se recostó contra la pared. El dolor agudo en el pulmón izquierdo no se va, por el contrario aumenta cada vez que suelta el aire. Nunca, hasta el momento en que se golpeó el pecho contra el espejo de una SUV, había sido consciente de su respiración. Una más de las cosas cotidianas que se dan por sentadas y que no se valoran ni siquiera se analizan, que había desaparecido.

Se obliga a respirar despacio, por primera vez en sus cuarenta y dos años de vida nota que puede controlar su respiración. Ella le propuso tantas veces que la acompañara a sus clases de yoga. Ya no importa. Si nada de esto sucediera igual no importaría. El conocimiento llega cuando lo único que anhelamos es una oportunidad de demostrar lo aprendido. Ya qué, piensa.

El silbido proveniente de su pulmón izquierdo es nuevo. El golpe es peor de lo que había imaginado, la adrenalina producida por su cuerpo en la huida lo inmunizó por unos minutos al dolor. Qué rara es la vida cuando se sale del guión. Un día estás casado, aburrido de la rutina, con ganas de ahorcar a tu esposa cada tres días, pero a pesar de todo feliz. Con esa felicidad lenta, invisible como la respiración pero que cuando te la quitan sientes que te mueres. Como la respiración. Sin embargo, corrió, luchó por sobrevivir, no por su vida, ya no hay vida. No como solía haberla.

Las noticias hablaron de un derrame en altamar, los rusos, los gringos, los asiáticos, los árabes; unos y otros se lanzaron la pelota y ninguno la agarró. Ya no importa, y antes del derrame tampoco importaba. Litros y litros de bourbon y diosas de la noche que a la luz del día era espantapájaros pintorreteados. El olvido se resistía a presentarse a su puerta.

El último comunicado del gobierno había sucedido diecisiete horas antes. Era un parte de tranquilidad, al parecer la altura de la ciudad, ubicada tan cerca de las estrellas, imposibilitaba la llegada de la niebla.  Y sin embargo, a pesar de la serenidad y del juramento hecho en vivo por el presidente había huido de la niebla. El golpe así lo demostraba. Tanto pensar en el olvido y huir apenas lo vio a los ojos. Las imágenes eran aterradoras. La niebla impedía toda visión más allá de veinte, veinticinco pasos. El canal internacional transmitió en vivo durante siete minutos. Nada más. Después solo el negro y el ruido de la estática.

 

Cerró los ojos para calcular con mayor precisión. Una semana. Una semana y media máximo. Ahora la vida se dividía en dos posibilidades. Una agonía larga o una agonía corta. Nostalgia u olvido. Las esperanzas se le acabaron con un correo electrónico. Ahora solo le queda el instinto. Incapaz de decidir mete la mano al bolsillo, saca una moneda y la examina con curiosidad. Un círculo de metal inútil. Un acto de fe que servía para ser intercambiado por cosas que en verdad no eran necesarias. Lo lanza y observa como su vida gira en el aire.

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