Los muchachos

I.

Uno de los primeros recuerdos de infancia que tengo es ver a mi papá saltar y romper una lámpara de techo. Estaba celebrando un gol de Colombia. En aquellos años no ganábamos nunca. Crecí viendo a mi papá sufrir y gozar por el fútbol.

Para el mundial del 94 mi papá fue a Sanandresito y compró el televisor más grande y moderno de la época. Quería ver los goles de la selección de la mejor manera posible. El amor de mi papá por el fútbol murió, ya venía herido, la madrugada en que asesinaron a Andrés Escobar.

II.

En junio de 2014 mi hermano y yo, herederos de la pasión futbolística de mi padre, creíamos. Con cautela, pero creíamos. Mi papá observaba desde lejos, sin involucrarse. Y entonces sucedió. Los muchachos jugaron y ganaron. Y ganaron bien.

III.

El profe Pékerman da una instrucción y Faryd se quita el peto. Faryd a sus cuarenta y tres años va a jugar los últimos minutos de un partido que los muchachos ganan. Faryd y el profe se abrazan y es demasiado para mí. Empiezo a llorar y no pararé hasta cuando se acabe el partido. Mi hermana llora emocionada, mi papá nos mira, parece que va a decir algo, se arrepiente y sigue mirando el partido.

IV.

James la para de pecho, gira y hace el gol más bonito que yo haya visto en un mundial. Grito hasta que me duele la garganta. En medio de la locura alcanzo a ver a mi papá celebrando. Ha vuelto el brillo a su mirada después de dieciséis años.

V.

Esperamos a que pase el bus de la selección. Hay tanto ruido de cornetas, vuvuzelas y cantos que es casi imposible hablar entre nosotros.  Ahí vienen, grita alguien. Veo al profe Pékerman agitar una bandera de Colombia y lloro de nuevo. Mi primo no puede parar de llorar, por fin se libera de cosas que un niño de catorce años no debería haber vivido. Gracias a los muchachos puede desahogarse.

El bus se aleja, miro a mi hermana y a mis primos. Tenemos los ojos rojos y la sonrisa gigante.

VI.

Durante veinte días vivimos un carnaval. Algo que nunca había visto y que deseo repetir. Los muchachos lograron eso. Jugaron con ganas, convencidos de lo que hacían. Cada vez que hacían un gol celebraban juntos, con alegría. Jugaron como amigos y qué difícil es ganarle a un equipo de amigos.

Estos veinte días vi enamorarse de la selección a personas que nunca antes se habían interesado por el fútbol. Nos regalaron veinte días en los que creímos, nos tuvimos fe, nos unimos.

Gracias por tanto, ojalá pudiera abrazarlos a todos, en especial al profe Pékerman, el papá de esa banda de muchachos sonrientes que nos hicieron tan felices.

 

 

 

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2 comentarios to “Los muchachos”

  1. p_saboya Says:

    No había leído una narración de lo que produjo el mundial Brasil 2014 en Colombia tan acertada 😉

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