La espera

La luz amarillenta de la bombilla no es suficiente para llegar a todos los rincones del sótano donde funciona el café, pero sí para sacar brillo a su calva. No se siente cómodo bajo la bombilla. Prefiere una de las mesas de la penumbra. Su objetivo, el tercero de la tarde, entra y se sienta en la barra. Rubia, casi albina, ojos rosados de conejo, gafas de montura negra, vestido amplio que impide adivinar sus formas. Hace mucho se decantó por las poco agraciadas, la probabilidad de éxito es superior.

La chica albina lo busca con la mirada y agradece con un gesto de cabeza el café que acaba de enviarle. Él consulta su reloj, tiene cuarenta y tres minutos para obtener un triunfo antes de emprender el camino de regreso a casa donde lo espera su esposa convencida de que sigue dictando clases de literatura inglesa en la universidad cercana al café del sótano; aún no le ha dicho que fue despedido hace tres semanas, no lo hará no vale la pena, no quiere aumentarle las preocupaciones. Tiene ahorros suficientes para el mes que falta, después ya verá.

La chica se acerca tímida a su mesa. Hablan, la hace reír y sonrojar. Le miente y ella lo sabe, no le importa porque nadie le había mentido así. La invita a su carro que está afuera, en el estacionamiento trasero justo bajo los árboles donde nadie puede ver nada. Es un polvo rápido y triste, un trámite, de agradecimiento ante las mentiras bien dichas que por un rato la han hecho feliz, de rutina, de olvido, de escape.

Recorre a baja velocidad las diez cuadras que lo separan de su casa donde lo espera su esposa. Al entrar pasa derecho al cuarto, la ve dormir un sueño intranquilo a causa del dolor a pesar del alivio momentáneo de los opiáceos. Acaricia la cabeza calva como la de él, a ninguno le volverá a crecer el pelo. Aumenta la dosis y la observa caer en un sueña más tranquilo. se acuesta al lado del cuerpo que alguna vez fue tibio y confortante, se pega a los huesos de su esposa y trata en vano de calentarla. Acaricia su espalda huesuda, escamas de piel se quedan en sus dedos. Se da la vuelta y mira al techo. No dormirá, hace mucho no lo hace.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: