El sabor de la felicidad

El gato abre un ojo, afuera aun está oscuro pero él sabe que ya es hora. Se estira sobre la cama, abre las fauces, una lengua rosada y rasposa se asoma entre sus colmillos. Camina con suavidad hacia la cabecera de la cama, con suavidad pero con insistencia mordisquea la negra melena que asoma bajo la colcha y cubre la almohada. La mujer abre los ojos, acaricia el cuello del gato y se levanta a darle de comer. En su vida anterior nunca se levantaba tan rápido, de hecho alargaba hasta cuando le era posible el momento de abandonar la cama.

Mira comer al gato mientras prepara café con leche, huevos con jamón y cilantro, pan francés y jugo de mango y guayaba. En la comida estaba la respuesta, siempre lo supo aunque decidió ignorarlo mucho tiempo. Toma una ducha larga y caliente, en su vida anterior pasaba corriendo bajo el chorro de agua, corría hasta la estación y se abría paso a codazos para embutirse en un vagón lleno de oficinistas y estudiantes, corría hasta el edificio de 36 pisos para sentarse frente a una pantalla de excel durante ocho horas, al final de las cuales repetía la entrada a codazos a un vagón atestado y de vuelta a la cama a dormir para no pensar.

Mira por la ventana de su cuarto mientras se viste, jean, camiseta y tenis. No más tacones ni trajes. En la distancia las montañas parecen azules apenas más oscuras que el cielo de una mañana que será soleada. Camina por el camino de piedra que une la carretera con su casa, abre la verja, hoy es lunes de recibir proveedores y pronto el primero entra ondeando una gorra a manera de saludo.

Pasa la mañana recibiendo frutas, verduras, cereales, aceite, carnes, pescados, aves, leche, queso, mantequilla; todo fresco, sin químicos, como le gusta, como debe ser. Un día de su vida anterior se levantó, miró por la ventana y decidió que no correría más en esa ciudad gris, guardó su diploma y desempolvó su amor por la cocina.

Segunda ducha del día, esta vez es más corta y fría, la necesita para refrescarse y reactivar sus músculos adoloridos después de clasificar y almacenar los ingredientes que utilizará durante esta semana. Atraviesa el césped mientras piensa en el postre que planea preparar, entra en la cocina que conforma el núcleo de su nueva vida, selecciona los frutos rojos que va a emplear, sabe que será delicioso y que en dos semanas será la nueva estrella del menú, a ese debe saber la felicidad.

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