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El viento helado a orillas del lago

abril 22, 2015

El hombre saca del bolsillo trasero de su pantalón un pañuelo blanco y bien doblado, lo desdobla con calma, se seca las lágrimas y lo pasa por su nariz. Lo revisa con atención. Limpio, perfecto, húmedo. No está de más asegurarse contra las sorpresas que trae el viento glacial que sopla al lado del lago. Lleva cuarenta minutos de caminata, aun alcanza a ver una mancha azul en la carretera, es su carro, o era, aun no lo sabe. Su plan es caminar hasta que no lo vea más, no tiene ninguna razón para ello, no todo debe tener una razón bien pensada y estructurada, hay que dar espacio suficiente a los impulsos a pesar de que nos lleven a lugares a los que nos queremos ir, piensa mientras continúa su ascenso.

Ese medio siguió un impulso, decidió que almorzaría en casa con su hija. Cerró temprano su despacho, la temporada de impuestos ya había pasado así que la probabilidad de que llegara un cliente era casi cero. Compró pizza, helado de chocolate y el nuevo tomo de la saga para adolescentes de moda, su hija había sido poco sutil durante la semana acerca de lo mucho que le gustaría leerlo e cuanto estuviera disponible. La música a todo volumen le indicó que su hija ya estaba en casa, caminó hacia su cuarto con el libro en la mano. Su hija estaba acostada en la cama con los ojos abiertos, vacíos enfocados en el techo. Se acercó y comprobó que no tenía pulso. Una bufanda fuertemente anudada a su cuello, un consolador en su vagina y otro en su ano. La observó largo rato en silencio, paralizado, las arcadas lo obligaron a moverse. Salió a correr y solo se detuvo en la carretera que conducía al lago.

Gira la cabeza, ya no ve su carro. No va a caminar más. Se sienta en el risco y deja colgar sus piernas en el vacío. El viento helado lo empuja hacia atrás. Se pregunta si vale la pena volver y enfrentar la realidad. Se encoje de hombros y lanza una piedra al lago, la observa caer cientos de metros. Se pregunta si una piedra que cae desde esa altura muere durante la caída o por el choque con el agua helada. La superficie del lago se agita y una cabeza gigante emerge. La cabeza es movida por un largo y elegante cuello. Quince, veinte metros de largo debe tener el cuello de la criatura. Tembloroso saca el celular y graba a la criatura que nada con agilidad . Así que las leyendas eran ciertas. Graba hasta que la criatura se sumerge y no vuelve a salir. Observa la grabación y se seca las lágrimas que caen sin parar. Tantas cosas increíbles, tantas revelaciones. Hay que seguir impulsos, piensa de nuevo, coloca con cuidado el celular sobre el risco y se lanza de cabeza hacia el agua que lo espera helada y tranquila cientos de metros más abajo. No hay razones para volver, alcanza a pensar justo antes de chocar contra el agua.