La carta interrumpida

La lluvia empezó a caer desde la madrugada, las primeras gotas, gruesas como monedas, golpearon el cristal de mi ventana, el viento la abrió y desperté, de no haber sido por la lluvia seguiría durmiendo y no estaría escribiendo estar carta. Sé que prometí escribirte todas las semanas, dejamos tantas cosas pendientes. Déjame volver sobre eso en un rato. Ahora quiero contarte por qué no te he escrito en las últimas tres semanas. Alguien ha estado cortejándome. No te alarmes, no es lo que crees. Tal vez debería escribir “algo ha estado cortejándome” pero entonces creerías que estoy loca y retirarías tu propuesta.

Imagino que paseas por el salón mientras lees, ahora debes estar sentado con una mano en la frente al encontrar mi torpe explicación. Como te darás cuenta, me cuesta concentrarme, las ideas corren desbocadas una tras otra en actividad febril, ningún pensamiento termina de formarse cuando otro ya está tomando su lugar…ojalá estuvieras acá, todo esto deben ser tonterías mías, ya sabes que a veces se me alteran los nervios cuando el tío se va y me deja sola en la hacienda, si tan solo estuviera en la ciudad, pero este páramo helado y solitario exacerba mi imaginación, no me hagas caso.

El viento de la tormenta acaba de apagar la vela, qué extraño, creí levantarme de inmediato para encenderla pero la luz gris de la mañana ya entra por la ventana, no sé en qué momento me quedé dormida. En fin, como te venía diciendo, quiero explicarte la razón de mi silencio. Cada día alrededor de las seis de la tarde, a veces desde las cuatro, cuando el día está más gris que de costumbre, me quedo sin fuerzas y debo arrastrarme hasta mi aposento en el segundo piso. Una vez me quedé dormida en la escalera y desperté en mi cama, le pregunté al tío y a los criados, todos negaron haberme ayudado, seguro me levanté sonámbula y caminé hasta mi cama. El viejo doctor del pueblo me ha aplicado sanguijuelas dos veces, dice que tengo un exceso de humor nervioso y eso alimenta mi melancolía y de ahí mi debilidad. Debo decirte que el tratamiento no ha funcionado. No le digas nada al tío,por favor, ni te preocupes,solo queda un mes y volveré a la ciudad y a la normalidad.

Ahora debo decirte lo más extraño de mi condición y el por qué de mi afirmación sobre el cortejo, jura que no pensarás que estoy loca, ¡júralo! Bien, cada mañana, cuando logro vencer la debilidad que me atrapa desde la tarde anterior, encuentro en el marco de mi ventana un ramo de claveles. Atención, el ramo siempre está por dentro de mi aposento, no importa que sea el tío quien cierra las ventanas ni que yo cierre la puerta con llave. En principio pensé que era yo misma quien dormida iba al camposanto a robar flores. Pero nunca habían marcas de pisadas, ni de hierba, nada que indicara que saliera por mis propios pies.

Hace tres días el tío clavó la ventana por dentro, al día siguiente encontré el ramo de claveles, como todos los días. Ese mismo día empacó y fue a buscar ayuda, no sé si va a buscar un médico o un sacerdote. Ya se acerca la noche y con ella mi debilidad y mi perdición. Fíjate, me ha tomado todo el día escribirte estos disparatados y desiguales renglones y aún no consigo terminar la carta, debo apurarme y ponerla en el sobre antes de que el sol se oculte, de otro modo dormida la lanzaré a la chimenea como ha pasado con las otras que dejé sin terminar. Los últimos rayos de sol entran por la ventana, una corriente helada me sube por la espalda y me paraliza, tengo sueño. Ven por favor, te necesito acá conmigo, alguien, algo, me está cortejando y tengo la sensación de que que va a hacerme suya para siempre a menos que me ayudes, cada segundo estoy más débil, no sé cuánto tiempo pueda resistir…ven por favor.

Postdata: Tengo la horrible sensación de que alguien está leyendo por encima de mi hombro y que si volteo voy a

 

En este punto se interrumpe la carta. El cuerpo de la joven Irene nunca fue encontrado. Las batidas en su búsqueda se prolongaron durante siete semanas sin resultados. La investigación permanece abierta.

 

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