Los ojos del abuelo

Mamá no me ve. Toda la tarde he tratado de que me escuche y no lo hace. Solo mira por la ventana, me acaricia la cabeza de la misma forma como acaricia al perro cuando se le acerca, es como si no estuviera ahí, sus ojos miran a través de las pared y no me escucha ni me ve. Sé que mira al abuelo que sigue en su silla en el frente de la casa, igual que ayer, que el día antes de ayer y que mañana. Yo no puedo verlo a través de la pared, debo ir y mirarlo. Me siento en el escalón de la puerta al lado de su silla, de tanto en tanto da un sorbo a su café negro como el petróleo con el que cocinaba la abuela antes de enfermar, murmura cosas que a veces entiendo y a veces no. Estos días ha hablado mucho en su idioma que parece una canción larga, hermosa y triste. Cuando le pregunto me mira como si me viera por primera vez, sonríe y responde en español, me habla de su infancia lejana en el tiempo y al otro lado del mar.

Esta mañana el abuelo hablaba en voz baja, concentrado en sus recuerdos y en el ritmo como de letanía de su lengua, le pregunté qué decía y no me oyó, tampoco me vio aunque le mostré la trenza que yo sola pude hacer por primera vez. Me acerqué despacio a su cara y salté frente a sus ojos inmóviles y felices. Fue entonces cuando lo vi y puedo jurarlo a ver si así mamá me cree. Me senté en sus rodillas y le di un beso en el cachete seco y arrugado. En sus ojos el viento corre libre por un desierto en el que nunca he estado pero que conozco por las historias de los abuelos y mis tías, una casa blanca, rodeada de otras casas iguales se alza en la piedra desnuda, sin plantas, tan diferente a las colinas de acá, veo al abuelo salir de su casa seguido de su familia para no volver, la imagen se disuelve en una lágrima y el abuelo me ve otra vez por primera vez, me toma de la mano y me lleva a la cocina, va a partir una patilla que compartiremos. Mamá sigue inmóvil, me acerco a ella, en sus ojos un barco atraviesa el océano, ahora entiendo, por eso no me ve, ni me escucha. Tomo la patilla con mis manos, la muerdo y siento como el líquido resbala por mi quijada y mancha mi vestido, no importa, me pregunto qué historia contarán mis ojos.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: