El pasillo infinito

Manotazos, puños y rasguños que se quedan en el aire, esa sensación de pesadez y torpeza propia de los sueños, ya no sabe si sueña o está despierta. El corredor se extiende hasta el infinito, el patrón selvático de la alfombra se une con el techo un poco más allá de la última bombilla. Día o noche da igual, ya no hay diferencia, qué va importar si existen el sol o la luna, o la tierra, lo único que queda es ese pasillo infinito. Y la cosa.

A ellos sí les importa si es de día o de noche. Para ellos sí existe el sol, la luna y la tierra. El pasillo infinito solo lo verán en las pesadillas posteriores en las que ella agita su mano delgada y huesuda, en un movimiento que es a la vez saludo y despedida, sonríe feliz y espantada, sus ojos abiertos hasta el máximo ya no miran nada distinto al horror.

Otra luz se apaga en el fondo del pasillo, la oscuridad está más cerca y en ella contenida y a la vez formada la cosa que la persigue desde esa noche sin estrellas en la que por primera vez no pudo dormir y decidió pintar el techo de su casa de colores luminosos que brillaban en la oscuridad en el primer intento por escapar de eso.

La anciana señala el frasco con las pastillas que su hija debe tomar para evitar que la oscuridad se la trague, el anciano se lleva la mano a la boca, logra contener un grito para no asustar más a su esposa. Bajan juntos con la lentitud exasperada de quien se sabe viejo y frágil, ella aprieta contra el pecho el frasco y murmura una letanía histérica y monocorde, él la sostiene del brazo y se aferra por llenar su mente de luz blanca que envía a su hija. Salen a la máxima velocidad que alcanza su carro familiar esperanzados en que aún están a tiempo.

La oscuridad se traga el pasillo infinito, está a solo unos metros de su nariz, sabe que es por ahí y por sus ojos por donde entrará. En un intento vano y desesperado por despistar a la cosa se quita la ropa y arma un torpe espantapájaros/espantacosas que no logra su cometido y que tan solo confundirá a la policía unas horas más tarde. Con su último pensamiento se arranca los ojos y destroza su nariz, la cosa envuelta en la oscuridad entra y se apodera de su mente. Vivirá a pesar de todo, pero no será nunca más una persona.

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