Los tristes

Miércoles

El niño vino otra vez. No tocó el arroz con huevo que le dejé a la entrada del cuarto tal y como me dijo el Africano que hiciera para entretenerlo. Me quedó tan maluca esa vaina, debe ser por los problemas con Juana, no me sale bien ni el agua tibia, no me extraña que el niño ni lo haya olido.

Jueves

Mañana me encuentro con Juana. Quiere sacar la ropa y las otras cosas que dejó acá, yo creo que es excusa para tantear el terreno y ver qué podemos hacer. Voy a ponerme la camisa que me regaló. El niño no vino hoy. No voy a volver a cocinarle nada, el Africano no sabe nada.

Viernes

Juana quedó de pasar el sábado por la tarde por las cosas. Parece que no tiene reversa eso. No me dijo nada de la camisa, no me dijo nada de nosotros, nada personal, era como si estuviera haciendo una diligencia bancaria, ese tono de voz neutro, sin perrenque, sin color, como si hablara con un desconocido, cordial pero lejana. No dijo nada cuando le dije que volviera, apenas me miró como se mira a un niño chiquito que se queja del ratón Pérez. El único momento en el que me miró a los ojos fue cuando le hablé del niño. Aunque bajó la mirada de una y cambió de tema. No me gustó eso, ¿será que sabe algo?

Sábado

Esta madrugada vino el niño. Otra vez se sentó a los pies de la cama, no dice nada cuando le hablo, no hace nada distinto a mirarme a los ojos. Esta vez la herida de la cabeza se le veía más fresca, la sangre se veía brillante y no seca y opaca como las otras veces. Me da la impresión que se sentó más cerca esta vez.

Juana recogió las cosas entre unas cajas y unas maletas. Las maletas no las conozco, tampoco son nuevas, alguien se las prestó. Quise ayudarle a bajar todo pero no quiso. No alcancé a ver quién manejaba la camioneta en la que vino.

Domingo

Me vomité esta madrugada apenas entró el niño. Hoy era un cadáver podrido sentado en mi cama. No sé si me miraba a los ojos porque los suyos estaban vacíos, sentí que sí. Me tapé la cabeza con las cobijas hasta que sentí que se levantó. Voy a hacerle una comida bien rica a ver si me deja en paz. Juana cambió el celular.

Lunes

El niño se quedó en la puerta, no pudo cruzar la sal. El Africano esta vez sí acertó. Aunque dijo que si eso pasaba no era un niño el que me visitaba sino algo con forma de niño. ¿Será un enano? Juana me sacó de Facebook y me bloqueó.

Martes

Hay un animal muerto. El olor no me deja dormir. Levanté todo el tablado del apartamento, encontré un hueso seco envuelto en pelos rojizos debajo de donde estaba la silla de leer de Juana. Eché desinfectante y ambientador y el olor no se va, se queda escondido, como agazapado y vuelve en rachas tan nauseabundas que vomito sin alcanzar a correr al baño. Estoy cansado de limpiar mi propio vómito. No sé cómo mis pasos me llevaron a la casa de la mamá de Juana, no quiso decirme donde está viviendo, no quiero volver con ella, lo único que quiero es que me devuelva las llaves, le dije a la doña. No me creyó. Cuando le grité que Juana había metido un animal muerto al apartamento, que no la encubriera, vieja hijueputa, llamó a la policía y me sacaron de ahí.

Miércoles

No llegué a trabajar. Salí como todos los días y me perdí, o no, no sé. Cuando me di cuenta estaba en el último paradero de los buses y eran las tres y diecisiete de la tarde. No sé qué hice desde las ocho de la mañana. Juana le echó algo a mi comida. Voy a botarla toda y a cambiar las cerraduras. Si cree que así me va a sacar del apartamento está muy equivocada.

Jueves

No tuve que cambiar las cerraduras. El portero me entregó un sobre. Adentro estaba la llave y un papel que decía “Gracias por todo”. Siete años y todo lo que recibo es un graciasportodo. Come mierda, Juana, nunca vas a leer esto, pero come mucha mierda. El portero dice que Juana dejó el sobre con la llave desde el sábado cuando salió. ¿Desde el sábado y hasta hoy me lo entregó? No le creo. También está confabulado con ella. El niño lleva todo el día sentado en el sofá al lado de la ventana. Esta noche no duermo acá.

Domingo

Tengo que ir al apartamento. Da igual. No recuerdo dónde he estado. Sé que salí el jueves en la noche a dormir a un hotel del centro. Decidí caminar para no gastar plata. Ya no tengo trabajo. Nunca llegué al hotel. Desperté el sábado mientras caminaba. La sombra alargada del niño iba detrás. No fui capaz de voltear a mirar, estoy muy nervioso y no quiero verlo. Grité a una muchacha que era igual a Juana por detrás, el mismo pelo, la misma ropa, la misma estatura, pero otra cara, otra edad. Juana la contrató para enloquecerme. Le grité que no me siguiera más y que se llevara al hijueputa niño.

Lunes

Creo que el niño está adentro. Apenas puse pie en el apartamento vi una sombra que corría hacía mí. Creí que era Juana que por fin había recapacitado y abrí los brazos para abrazarla. Abracé el aire y sentí que se me entró un frío que se apoderó de mi estómago y desde ese momento empezó a crecer y a llenarme. Tengo la lengua quemada de tomar agua hirviendo.

¿Quién es esa Juana a la que tanto llamo? ¿Tuvimos un hijo? No lo encuentro.

Martes

Tengo cuerpo nuevo. Está muy flaco y tiene la boca destrozada por las quemaduras. No sé por qué los tristes son más fáciles de dominar.

Anuncios

2 comentarios to “Los tristes”

  1. julianadelaurel Says:

    Me encantó!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: