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La belleza

abril 25, 2019

Desde la ventana ve la Avenida Caracas. Las prostitutas de la 22 caminan de una esquina a la otra y de vuelta, los recicladores descargan bulto tras bulto frente a un local oscuro y de techo bajo, un muchacho joven camina con torpeza mientras huele un frasco de pegante. El semáforo cambia y los buses rojos de Transmilenio aceleran y llenan la calle de humo negro. Ella mira hacia arriba, hacia el pedazo de cielo azul que llena sus ojos.

Se acomoda con lentitud sobre la silla que acercó a la ventana para aprovechar el rato de sol que de tarde en tarde, cuando no llueve, entra por la ventana de su apartamento. Descubre con cuidado la cabeza del bebé, cualquier movimiento brusco puede despertarlo, la doctora dijo que debía darle baños de sol, era bueno para su evolución. Qué bonito suena eso, baños de sol. Repite la frase y sonríe.

El bebé, demasiado pequeño para sus seis meses, se estira y bosteza, parece que va a despertar, arruga la boca en ese gesto particular tan suyo antes de empezar a llorar y vuelve a acomodarse sobre el pecho. Ese ligero movimiento, como de mariposa al viento, es, sin embargo, suficiente para que la cánula que lleva oxígeno a los pulmones del bebé se mueva de sitio.

Con la facilidad de movimientos que solo se consigue con la práctica acomoda la cánula para que su bebé siga dormido al sol. Afuera un perro que camina al lado de una carreta de reciclaje ladra y mueve la cola ante la vista de medio pan que su dueño, tan hambriento y flaco como él, le comparte. Un perro bonito, mira, guaguau, dice la mujer en voz baja y besa al bebé en la frente.

Duerma cuando duerme el bebé, fue uno de los primeros y más repetitivos consejos que escuchó durante los últimos meses de embarazo. Sonríe y cierra los ojos, la luz del sol que cae directo sobre sus párpados se vuelve rojiza, cálida como un abrazo, como si viera su interior. Nunca antes se había dado cuenta de eso. Algo cambió desde que el bebé fue dado de alta, de repente se encontró inmersa en un mundo diferente. La belleza antes tan esquiva y escasa empezó a mostrarse frente a sus ojos en cada momento. Cuando la doctora dijo que el bebé sobreviviría algo cambió e inundó su cabeza. Ese mundo, lleno de sencillas maravillas, es el que quiere mostrarle a su hijo.