Archive for the ‘Días’ Category

Miércoles

enero 27, 2010

Lleno de agua su mano izquierda. Pegó la quijada contra el pecho y forzó sus ojos a mirar hacia arriba. En esa incómoda posición podía ver en el espejo el rebelde mechón que en la parte de atrás de su cabeza se resistía a adoptar una posición convencional. Aplastó el rebelde mechón y lo acomodó con el agua que tenía en su mano izquierda. Satisfecho con el resultado, metió la camisa dentro del pantalón y se puso el buzo azul oscuro que completaba el uniforme de su colegio.  Era temprano, eran las 9 am y las clases comenzaban al medio día. Solo que ése como todos los miércoles tenía una importante cita.

Con manos temblorosas apuntó el cinturón en el último hueco. Si seguía así pronto tendría que abrir más huecos en su viejo y querido cinturón. Buscó una corbata que hiciera juego con el pantalón que había escogido para ese día. Anudó la corbata, se puso un elegante sombrero de paño, tomó el bastón y con paso vacilante caminó hasta una panadería cercana. Compró dos coca-colas. Caminó de regreso sintiéndose alegre y ligero. Preparó el tablero de ajedrez y se sentó a esperar la visita más importante de la semana.

Con el paso alegre y distraído de los niños recorrió rápidamente las cinco cuadras que lo separaban de su destino. Se detuvo en la panadería y compró dos galletas cubiertas de chocolate. Las galletas de panadería eran las favoritas de los dos. Tal vez era un gusto heredado. Salió de la panadería y echó a correr imaginando que cabalgaba un imponente y veloz caballo. Golpeó la aldaba cuatro veces, como siempre, era su forma de tocar especial que solo conocían los dos. Unos pasos lentos e inseguros se acercaron a la puerta.

-Hola abuelito, ¿jugamos ajedrez?

Eran los mejores amigos. Y los miércoles el mejor día de toda la semana.

Mientras suena: Learning to fly. Pink Floyd

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Martes

octubre 15, 2009

Sol y lluvia. Ciudad Bipolar como decía la vieja que tenía media cabeza rapada y media cabeza llena de un pelo rubio de comercial, esa a la que nadie le hablaba directamente pero todos la miraban y mirábamos, y le hacían comentarios indirectos mientras la miraban de reojo y la vieja respondía siempre con tan un humor tan bueno, tan negro, que cada vez que abría la boca algo pasaba en esa clase y se desataba una carcajada general, discusiones imposibles, teorías enloquecedoras, textos infernales, retratos angelicales. Terminaba la clase y  siempre el mismo grupo la esperaba, crestas, pantalones apretados, taches, botas, risa, cerveza, camisetas blancas… martes en la tarde para siempre, calles encharcadas, sol que quema, Ciudad Bipolar, la rubia fumando y con un movimiento de la cabeza se despide, camina perdiéndose en un martes ya muy lejano.

Mientras suena: All screwed up. The Ramones.

Viernes

octubre 5, 2009

Siete de la noche de un viernes lluvioso. No entiendo porque la gente corre cuando llueve. Los he observado en sus frenéticas carreras y no sirve de nada, es casi como si corrieran al encuentro de la lluvia. Tal vez es eso lo que  quieren, tal vez no escapan de la lluvia sino que corren hacia ella. Un anciano se sube al bus. Empieza su letanía y nadie lo escucha, la misma historia tantas veces escuchada. En medio del ruido de las conversaciones y la pésima música alcanzo a escuchar que va a recitar una poesía. Interesado lo miro detenidamente. Barba larga de esas que toman años en crecer, es una barba perfectamente cuidada, sombrero de fieltro, traje de paño, ojos cansados, como si hubieran visto el mundo entero. Desvío la mirada, y el anciano empieza a recitar. Lo hace en un inglés de acento británico perfecto. Las conversaciones se detienen, la música pésima para. Durante cuatro minutos es el centro de atención de las cuarenta personas que tiritan de frío dentro de un bus viejo. Termina haciendo una ligera inclinación. La gente está muda, admirada. Aplaudimos como si lo hubiéramos ensayado. Revolvemos los bolsillos buscando monedas para el anciano. Alguien le pregunta dónde aprendió ese inglés tan bonito, con esa voz tan profunda que nos hipnotizó durante cuatro minutos. El anciano sonríe, es una sonrisa cansada, una sonrisa sin alegría. Solo menea la cabeza y encoge los hombros sin responder. Se baja y se pierde en una calle oscura. Lo sigo con la mirada preguntándome si alguna vez conoceré su historia.

Mientras suena: Sunday morning. Velvet Underground.

Jueves.

octubre 14, 2008

Mire que siempre en la noche ponía Led Zeppelin. No se porqué. ¿Se acuerda que se las picaba de muy moderna y de solo ir a raves y afters? Pues vea que en las noches, aunque no siempre, casi siempre eran los jueves, es que los jueves son un día muy en medio de la nada, bueno como decía casi todos los jueves por ahí a las 11 o a las 11 y media ponía muy bajito a Led Zeppelin, y no todas las canciones, siempre ponía las de la etapa blusera, la vieja tenía su cosa con el blues, eso me gustaba ¿sabe? Usted ha visto que me gusta mucho el blues, que siento una energía muy fuerte cuando escucho esas armónicas esas canciones tan tristes y melancólicas. Sigo, yo no se si en otros momentos le daba por poner a esta gente, durante el día había mucho ruido, usted sabe como es la candelaria, por eso solo la escuchaba en las noches, y como le decía las noches de los jueves. Cuando había gente en esa casa ponía lo normal, lo que correspondía con su imagen de vieja cool, o sea música electrónica, ni idea, no podría decirle usted sabe que ese tipo de música casi no lo conozco, sí yo creo que era una cosa de marca digamos, mercadeo duro y puro, es decir si la vieja era publicista y tenía encima no se cuantos premios y campañas exitosas, si iba a los sitios más cool y underground a los que dejaba de ir tan pronto se hacían populares, o como ella decía tan pronto se llenaban de caspas, pues con esa imagen que con tanto cuidado había cultivado con sus gafas extrañas, sus 56 kilos de peso, su afición por la tecnología, siempre cagada de la risa, siempre feliz, la más chévere, yo creo que pensaba que le tocaba esconder su faceta de nostalgia, cuando se ponía un saco viejo que le llegaba hasta las rodillas, unos pantalones claritos muy de tía en domingo, y ponía esa música que le desgarraba el alma y que una y otra vez le arrancó una lágrima, lo se porque la vi y la escuché, claro que nunca le pregunté, ni le dije nada, eso me hacía sentir no se como poderoso, como si la conociera mejor que sus amigos. Y después no se, me cambié de apartamento, sí cuando intentamos vivir juntos con Aleja, fresco parce eso se lo contaré después.

PS: Dazed and Confused. Led Zeppelin.