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Vecinos

julio 7, 2011

Atraviesa a todo lo que le da el cuerpo el corredor oscuro y fresco, siente la hierba crecida del patio rozarlo, “esta vez no se escapa” piensa; lo ve dar vuelta alrededor del árbol y decidido gira para darle alcance. El sol cae directo sobre el patio interior llenando de luz la vieja casa. El árbol ya sobrepasa la altura del techo de tejas de barro. El sol de verano que cae sobre su espalda casi lo convence de abandonar la persecución, dejarse caer sobre la hierba, boca arriba y dormitar un rato. O tal vez explorar los cuartos frescos, en alguno de ellos se debe poder dormir una buena siesta veraniega.

El sonido de la puerta de madera al ser abierta lo distrae, gira la cabeza un segundo, eso basta para perder el rastro, se  escapó otra vez. Se detiene y observa a los dos hombres entran. Uno de ellos parece darle instrucciones al otro, que solo asiente y anota cosas en una libreta. El primero de ellos mueve de manera teatral las manos y observa todo lo que el otro escribe en la libreta.

Curioso los observa, pronto pierde el interés y se echa bajo la sombra del árbol. Escucha que lo llaman, se estira arqueando el cuerpo, bosteza, sube ágil por el árbol y de ahí salta al tejado. Debe ser hora de comer. Trota alegra por el techo de la vieja mansión, escucha la voz de su socio parado en la puerta de la librería que los dos atienden. Mañana atrapará al ratón.

El anciano llama una vez más: ¡Bicho!. Sabe que le gusta pasar las mañanas en la casa abandonada. A veces siente deseos de acompañarlo y explorar juntos, imagina muebles viejos, objetos dejados en el apuro de una mudanza, un jardín que crece silvestre; siempre le han gustando las casas viejas y grandes y mucho más si están abandonadas. Observa a Bicho bajar ágil por el muro que separa las dos casas. Se acerca el día en que no pueda dejarlo salir a jugar en la vieja casa. Aprieta los labios y mueve la cabeza en un gesto reprobatorio. Ya han colocado carteles publicitarios, fotos engañosas, promesas de una felicidad inexistente. Prefiere tener como vecina a la vieja casa abandonada que al moderno edificio de apartamentos que va a remplazarla.

Mientras suena:

 

Gracias a Juli Ospina por su ayuda.