Archive for 12 julio 2011

Solo realidad

julio 12, 2011

Camina por las calles llenas de turistas; revisa una y otra vez la tarjeta doblada que aprieta en su mano izquierda. El sol empieza a recorrer su camino de regreso. Una brisa fría y ligera anuncia que quedan a lo sumo dos horas más de luz natural. Revisa una vez más la tarjeta, suspira decidida y se pierde por una calle lateral, una que ningún turista tomaría. Camina rápido, esquivando los montones de basura, los bultos que duermen en el piso y a los dealers que sonrientes se le acercan. “Increíble ver esto a dos calles de la zona turística” piensa mientras mira a una prostituta de quince años fumar en la puerta de una antigua mansión.

Se detiene frente a una casa de dos pisos. El cartel hecho a mano sobre un madero muestra un ojo con unas largas pestañas, es igual al dibujo de la tarjeta que lleva en su ahora sudorosa mano izquierda. Entra a un local oscuro, el cambio en la luz la obliga detenerse. Se respira un ambiente pesado; ante sus ojos empieza a tomar forma lo que la rodea. Varias personas se sientan alrededor de una pipa comunal. Sentados, apoyando la espalda contra la pared algunos parecen dormir, sus quijadas caen pesadas sobre el pecho; otros se mueven en sueños acostados en el piso. Avanza sintiendo gotas de sudor resbalar desde sus axilas. Una escalera, junto a ella, un cartel en madera. Se acerca para comprabar sus sospechas, es igual al de la tarjeta.

Diecisiete días atrás contemplaba fascinada un cuadro.  Desde que ese antiguo barrio obrero cercano al puerto se puso de moda, lo visita cada fin de semana. Las mejores fiestas se hacen en una casa vieja, con patio central y terraza con vista a los barcos viejos que se oxidan olvidados. El tipo de la puerta ya la conoce, la deja pasar mirándole con descaro el culo. El volumen de la música impediría cualquier intento de conversación; la única luz es la de la luna que cae sobre el patio. No conoce a nadie, no importa; el licor, su minifalda y su belleza angelical harán el resto. Da vueltas por los cuartos llenos de gente. En un pasillo ve el cuadro. En él una mujer vestida de blanco camina descalza por la playa. -¿Te gusta?- oye a su espalda. No sabe cuanto tiempo ha estado mirando la pintura. Gira y ve a la mujer que sirvió de modelo. El realismo del cuadro es impresionante. Parece una fotografía. La belleza de la mujer la paraliza, su cercanía acelera su pulso. Un suave beso en los labios la estremece. -Ve- le dice la mujer y le entrega una tarjeta.

Termina de subir la escalera. Un hombre de rasgos orientales fuma y la observa en silencio. Le hace un gesto indicándole que lo siga. Entran a un estudio, un caballete, pinturas, pinceles, lienzos se desparrraman por todo el espacio disponible. -Quiero que me pinte como a un ángel, de blanco y con unas alas muy grandes- dice ella con voz temblorosa. El hombre la observa mientras da un par de chupadas a su cigarrillo. -No, -responde finalmente- solo realidad. Ella se sienta en un taburete, deja que su vestido se suba y lo observa prometiendo el paraíso con su mirada. Sabe que ningún hombre se resiste. El pintor encoge los hombros, prepara sus implementos y en tres horas y veintiún minutos de trabajo continuo, termina la pintura.

Como si se escapara de una pesadilla, despierta al día siguiente. Siente la cabeza pesada, y el dolor de espalda casi la hace gritar. Contra la pared a los pies de su cama ve la pintura. No hay foto, ni pintura que le haga justicia a su verdadera belleza, sólo ese cuadro. Feliz, olvida por un momento el dolor. Con dificultad se levanta, se siente tan cansada. Camina hasta la ducha, se quita la pijama. El roce de la tela contra su espalda la hace gritar. Se gira y observa su espalda en el espejo. Tímidas y aun pequeñas sus alas de ángel empiezan a salir.

Mientras suena:

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Vecinos

julio 7, 2011

Atraviesa a todo lo que le da el cuerpo el corredor oscuro y fresco, siente la hierba crecida del patio rozarlo, “esta vez no se escapa” piensa; lo ve dar vuelta alrededor del árbol y decidido gira para darle alcance. El sol cae directo sobre el patio interior llenando de luz la vieja casa. El árbol ya sobrepasa la altura del techo de tejas de barro. El sol de verano que cae sobre su espalda casi lo convence de abandonar la persecución, dejarse caer sobre la hierba, boca arriba y dormitar un rato. O tal vez explorar los cuartos frescos, en alguno de ellos se debe poder dormir una buena siesta veraniega.

El sonido de la puerta de madera al ser abierta lo distrae, gira la cabeza un segundo, eso basta para perder el rastro, se  escapó otra vez. Se detiene y observa a los dos hombres entran. Uno de ellos parece darle instrucciones al otro, que solo asiente y anota cosas en una libreta. El primero de ellos mueve de manera teatral las manos y observa todo lo que el otro escribe en la libreta.

Curioso los observa, pronto pierde el interés y se echa bajo la sombra del árbol. Escucha que lo llaman, se estira arqueando el cuerpo, bosteza, sube ágil por el árbol y de ahí salta al tejado. Debe ser hora de comer. Trota alegra por el techo de la vieja mansión, escucha la voz de su socio parado en la puerta de la librería que los dos atienden. Mañana atrapará al ratón.

El anciano llama una vez más: ¡Bicho!. Sabe que le gusta pasar las mañanas en la casa abandonada. A veces siente deseos de acompañarlo y explorar juntos, imagina muebles viejos, objetos dejados en el apuro de una mudanza, un jardín que crece silvestre; siempre le han gustando las casas viejas y grandes y mucho más si están abandonadas. Observa a Bicho bajar ágil por el muro que separa las dos casas. Se acerca el día en que no pueda dejarlo salir a jugar en la vieja casa. Aprieta los labios y mueve la cabeza en un gesto reprobatorio. Ya han colocado carteles publicitarios, fotos engañosas, promesas de una felicidad inexistente. Prefiere tener como vecina a la vieja casa abandonada que al moderno edificio de apartamentos que va a remplazarla.

Mientras suena:

 

Gracias a Juli Ospina por su ayuda.