Archive for 25 junio 2012

Quiero verte de civil

junio 25, 2012

Antes de salir se para frente al espejo, repasa su maquillaje. El rojo de la boca, muy rojo. Lo sombra, gigante, exagerada y verde en los ojos. La peluca amarilla, crespa, alborotada. Para completar su atuendo se pone un sombrero negro igual al que utilizaba Chaplin en sus películas. Perfecto. Ahora sí puede salir.

El sol del medio día lo golpea en los ojos, camina lento, haciendo el mínimo esfuerzo. No puede darse el lujo de sudar y que el maquillaje se corra. Es muy importante la imagen para su trabajo. Atraviesa la calle. Debe comprar cebollas y tomates para preparar la carne que le dejará preparada a su hija. Ojalá su hija no se avergonzara de  su profesión. Algún día comprenderá que es su verdadera y única vocación.

-¿Cuándo te dejarás ver de civil? -le pregunta la joven mujer encargada de la tienda de barrio. Hasta hace dos semanas eran los dueños quienes atendían. Un matrimonio viejo, al que al parecer no le pasaban los años, y sin embargo la anciana se había enfermado. Su esposo se había retirado a cuidarla. La joven mujer era probablemente una nieta o una sobrina lejana de alguno de los viejos.

-Un día de estos -responde y toma una bolsa para escoger las cebollas y tomates. Siente los ojos de la joven mujer clavados en su cuerpo.  Se mueve con torpeza, como pasa siempre que alguien se hace consciente de sus propios movimientos. Se pregunta si eso en verdad está pasando. No puede ser. La joven mujer pesa los alimentos. Roza su mano adrede cuando recibe el billete.

Ahora sí está sudando, debe repasar el maquillaje. No puede llegar así a la función de las tres de la tarde. Los niños jamás se reirán de un payaso mal maquillado. Apura el paso, debe terminar el almuerzo de su hija y repasar su maquillaje. La joven mujer lo ve alejarse en dirección a su casa y suspira. Algún día.

 

Mientras suena:

La belleza bajo la sombra del cultivo de palmas

junio 10, 2012

La Luna flota blanca y redonda sobre el cultivo de palma. Al fondo, como si de un  decorado se tratara, el cielo azul oscuro es el telón perfecto para la silueta negra de los árboles. No sospechaba que existieran tantas estrellas en el cielo, creció en una ciudad. La luna, las estrellas, la silueta de las palmas. Todo es tan bello que no puede evitar que los ojos se le llenen de lágrimas. Está muy sensible últimamente. Se conmueve con facilidad y encuentra la belleza a su alrededor sin mayor esfuerzo. Reflexiona. Le gustaría entender el por qué, entender todo. Cierra los ojos y se calma.

Camina introduciéndose en la oscuridad bajo la sombra de las palmas perfectamente alineadas. Cuánta belleza subyace en el orden impuesto por la mano humana. Las noches claras son su favoritas, es una verdadera lástima que sean tan pocas cada mes. O tal vez es mejor así, es un placer dosificado del que siempre desea más. Camina hasta el hombre que dejó amarrado a una de las palmas. Aspira con fuerza, su corazón se acelera, un sabor dulzón inunda su boca. No puede explicar el placer que experimenta al oler el miedo.

Se agacha y con voz enronquecida por el placer le explica al hombre amarrado que lo va a soltar, que va a contar hasta cinco para que corra y que luego irá tras él. El hombre llora y suplica. Lo suelta, cuenta y de nuevo siente como sus ojos se llenan de lágrimas al ver al hombre correr aterrorizado por su vida. Pocas cosas tan bellas logran tocar su corazón de aquella manera como el espectáculo de alguien que corre por su vida. Olor a miedo, la luna, las estrellas, la sombra bajo el cultivo de palmas, un hombre que corre. Seca las lágrimas que corren por sus mejillas. Qué bello es el mundo. Prepara el fusil, apunta a la cabeza y dispara. La belleza es infinita.

 

Mientras suena: