La buena memoria también es un castigo

agosto 28, 2018

Por fin terminé la carta más larga del mundo, no por extensión, por tiempo. La empecé hace un año. La lluvia que caía por dentro la disolvió, la tinta escurría y se arremolinaba en las esquinas de la hoja. La chimenea quiso leerla, la aprendió de memoria.

Las palabras se escondieron bajo la almohada para contarme cada madrugada historias de futuros posibles y pasados imposibles. Fui desterrado del sueño, me arrullan los ronquidos del perro.

Hoy, en un impulso que todavía hace que mis manos tiemblen, cerré los ojos y escribí. Mal y poco. Puse la carta en el buzón y recibí un telegrama como respuesta.

Recordar cada palabra con su respectivo tono, reorganizar los días, las noches y las conversaciones, encontrar la palabra justa con su tono justo.

La buena memoria también es un castigo.

 

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La huelga

julio 30, 2018

Las palabras fueron las primeras en notar que algo extraño sucedía Con una ceja levantada miraban a su alrededor al piso al cielo nada Por ninguna parte veían a sus habituales acompañantes Los siguientes en notar con extrañeza que algo había cambiado fueron los suscriptores del diario matutino

Esa mañana mientras sorbían sus cafés lectores y lectoras a lo largo y ancho de la ciudad escupieron el café que acababan de probar ante las extrañas frases que leían “Daños cerebrales en el hígado riñones y páncreas fueron la causa…” “Gran remate de ropa interior para personas de ambos sexos” “Talco para pies de uso diario” El director del diario iracundo despidió a todos los empleados del periódico con la excepción de la señora del café era bien sabido por todos que en cuanto dejaba de beber de su taza caía dormido y despertaba tres meses después

Mientras tanto en el cabildo de la ciudad absurdos planes municipales fueron aprobados “A comer niños” iniciativa gubernamental que buscaba convencer a los pequeños acerca de la importancia de ir a casa a cenar en lugar de quedarse a jugar en los parques y plazas hasta que el sueño los vencía y se acostaban bajo las bancas En la biblioteca cuentos y novelas dejaron de tener sentido los libros de historia que el profesor consultaba para preparar su clase solo narraban disparates Ni siquiera el banco se salvó del caos que atravesaba la ciudad las cifras de los libros contables eran imposibles de entender

El alcalde desesperado convocó a una asamblea de emergencia a la que asistieron todos los habitantes de la ciudad Los adultos y los ancianos se miraban unos a otros levantaban las cejas sacudían la cabeza Los niños por su parte reían ya que las clases habían sido canceladas El director de la escuela susurró algo al oído del alcalde este abrió los ojos hasta que las cejas le llegaron a la mitad de la cabeza y se arrancó los pocos pelos que le quedaban El rumor de los adultos y la risa de los niños se extendieron por la asamblea al ver al alcalde frente al micrófono con la mirada en el vacío y los pelos en las manos
—Queridos conciudadanos hago un llamado a la calma Los signos de puntuación
han desaparecido…— dijo el alcalde y no pudo completar el discurso porque en ese momento entró a la carrera el cartero con un pergamino en la mano

“Nosotros los abajo firmantes comunicamos a la ciudadanía que a partir de la fecha y de manera indefinida entramos en huelga hasta que nuestras peticiones sean escuchadas y cumplidas Estamos cansados de que nos pongan donde no corresponde No soportamos la desidia de los estudiantes ante nuestras funciones Exigimos que los legisladores dejen de abusar de nosotros para emitir ordenanzas ambiguas que los favorecen Por lo tanto en consideración a todo lo anterior exigimos ser tratados con la consideración y respeto que nuestro cargo conlleva recibir un pago justo por nuestra labor incluidas horas extras dominicales y pago de vacaciones

Firman Coma Punto y Coma Dos Puntos”

La asamblea en pleno destituyó al alcalde procedió a nombrar un comité de notables que a su vez nombró una delegación quienes a su vez nombraron un secretario encargado de redactar un memorial en el que procedían a negociar las exigencias de Coma Punto y Coma y Dos Puntos Por supuesto el memorial era un sinsentido en el que abundaban las florituras y lisonjas destinadas a ablandar el corazón de los huelguistas

El cartero partió apurado en su bicicleta mientras los habitantes del pueblo esperaban algunos ilusionados otros indiferentes otros preocupados la respuesta de Coma Punto y Coma y Dos Puntos sin darse cuenta de que estaban atrapados en su espera ya que los únicos que no se habían unido a la huelga eran los sigilosos puntos suspensivos…

Carta a Emilia

abril 30, 2018

Querida Emilia:

Sé que a hoy día no es uno de nuestros talentos, sin embargo, recuerda, Emilia, (cómo me gusta decir tu nombre, me gusta el movimiento que hace mi boca para formar la M, el toque suave en el paladar de mi lengua para que suene la L, y esa A al final que a veces alargo como si se me fuera el aire, ya escaso, en una exclamación extática; sí, así como estás pensando, así como esa tarde), no es a propósito que divago, ya sabes que así soy, sigamos, recuerda, Emilia, que esta carta debes destruirla en cuanto termines de leerla, tal vez la leerás varias veces, eso hago yo con las tuyas, ¿puedes creer que a veces pongo tus cartas en mi ropa interior y que su roce unido a la idea de que ese papel estuvo en tus manos es suficiente para acelerar mi corazón y para llevar sangre a rincones que creía olvidados? En fin, destrúyela, no queremos que tus nietos la encuentren este domingo cuando vengan a visitarte, ya bastantes riesgos corremos entre semana frente a las enfermeras y a las monjas; no sé si son ingenuas o se hacen las de la vista gorda, como esa tarde en la que todo empezó, ¿te acuerdas? Estábamos en el comedor, ¿era el desayuno o el almuerzo? Da igual, no es lo que importa en este momento; al principio te miré mal, una, dos veces, ya iba a gritarte cuando vi tu sonrisa disimulada y cómo me mirabas con el rabillo del ojo, no te lo voy a negar, además porque ya te lo he dicho, al principio creí que era uno de tus movimientos involuntarios (no te ofendas, no soy quién para criticar, mucho menos después de lo que nos pasó con mi caja de dientes, cómo me hubiera gustada ver la cara de le enfermera cuando la encontró entre tus piernas), de nuevo me fui por las ramas, sé que soy desesperante cuando cuento historias, ya casi llegamos al punto, lo prometo; bueno, no puedes negar que las dos primeras veces me golpeaste, la tercera, por fin, sentí tu mano subir por mi pierna, ya no recuerdo, y no exagero, la última vez que sentí ese hormigueo subir por mis piernas, desde tu mano, extenderse a mi espalda, girar hacia el pecho y llenar de color y de calor mi cara; tu mano tomó confianza al ver que te devolví la sonrisa y abrí las piernas, tú seguías tan seria y tranquila como siempre, en una mano tenías la cuchara y comías como si nada, mientras la otra rozaba, frotaba, acariciaba; en ningún momento solté la cuchara pero no pude seguir comiendo, apenas movía la comida de un lado al otro del plato al ritmo de tu mano, perseverante, insistente, paciente, como eres, seguiste en tu empeño, manejaste el ritmo con maestría, ya me contarás, muchacha picarona, sobre tus tardes de aprendizaje, y no solo es tu mano la que manejas con experticia, en fin, proseguiste hasta que la explosión nos tomó por sorpresa, quedé desmadejado sobre la mesa, con un cansancio de años, no me resultó difícil, ni vergonzoso, convencer a la enfermera de que había sufrido un accidente y que me dejara tomar una ducha a deshoras; esa misma noche llegué a tu cuarto, las preguntas que quería hacerte se me escaparon por el hueco de la memoria del que tanto te burlas en cuanto abriste y me hiciste pasar, tenías la pijama lila, estabas descalza y fueron tus pies la primera parada de mi lengua, subí despacio, con la calma que me dan los años y el miedo a morir de un infarto sobre tu cama, subí despacio por tus piernas, beso a beso, lamida a lamida, hasta que me abriste las puertas del paraíso; hay ciertas cosas que ya no puedo hacer, pero otras que me salen mejor que hace cuarenta años, ¿quién diría que este pulso, que tanto dificulta la lectura de mis cartas, sería una bendición sobre la suave piel de tus labios, de tu clítoris? ¿Cómo podría haber adivinado que al quitarme la caja mi lengua se extendería y te llegaría a sitios inesperados e inexplorados? Acordamos no tomarlo con calma, aprovechar cada día con el apuro y el desespero que da un tiempo a punto de acabarse; nos descaramos en la sala de televisión, en el comedor, en el patio y en el jardín, algunos residentes nos cubren, como si vivieran a través de nosotros… casi lo olvido, dile a tus nietos que te traigan más yogurt, ya se acabaron, algún día tendrás que compartirme mi propio sabor a ver por qué te gusta tanto que tome yogurt de fresa; ya se me acaba la hoja y no llego al punto, ya sabes que me gusta entretenerme por el camino, el dolor de la pierna desapareció, puedo caminar de nuevo, así que esta noche deja tu puerta ajustada, iremos al cielo.

 

Abel

Cosas que nadie te explica

enero 22, 2018

Pasa el tiempo, se te queda chica tu camiseta favorita, a tu padre se le cae el pelo, tu madre camina más despacio, a tus abuelos les sale pelo gris y después blanco, te empiezas a quedar sin primeras veces y las que quedan te dan miedo, los ojos y la boca abiertos de asombro se cierran porque ya nada te impresiona y si lo hace, disimulas, agotas las últimas reservas de magia porque la gente que se levanta muy temprano a cumplir un horario no cree en esas cosas, nunca te preparan, ni te preparas, para eso, porque nadie te explica que los días se acortan y las horas vuelan, no te explican que las bancas de los parques están ahí para sentarse un rato a ver pasar la vida, que las plazas las construyen para que los viejos y las palomas tengan un lugar donde encontrarse y compartir el pan, que los años ochenta fueron en sepia, los noventa a todo color, los dos miles en alta definición y tanto detalle no siempre es bueno, más no es mejor, que el amor sabe mejor si lo paladeamos lento como a un vino añejo en lugar de apurarlo de un solo trago, que de desamor te mueres un poquito pero luego vuelves a vivir, que las risas después de comer con las personas que amas son las mejores, que los abuelos son como plantas que vemos perder las hojas y no podemos hacer nada para evitarlo, tan solo regarlas cada tanto con visitas y conversaciones, que la comida de tu casa tiene el poder de llevarte a un lugar feliz, que los hijos de tus amigos son como sobrinos; nadie sabe a donde se va el tiempo cuando se mira a un bebé y menos por qué es tan divertido ver a un bebé hacer nada, tampoco te explican que perros y gatos pueden ser parte de tu familia, ni que un día puedes levantarte con ganas de cuidar una planta, ni que bailar, aunque no sepas y seas tieso como un abedul, es liberador; que nunca crecemos del todo pero disimulamos para que solo unos cuantos, los entrañables, lo noten, que se vale salirse de la película si no te gusta, dejar el libro que no te atrapa, que la máquina del tiempo está construida de olores y canciones; hay tanto que no nos explican y está bien porque debemos descubrirlo.

 

Las mitades del país

septiembre 27, 2017

Hace no mucho tiempo un nuevo país fue fundado. La población que conformaba este país estaba dividida en dos mitades, cada mitad provenía de sitios distintos. Una de las mitades estaba muy emocionada porque desde hace mucho tiempo no pertenecía a un país, llevaba varios años de continuo trasegar de un lado a otro sin poder establecerse en un solo sitio. La otra mitad provenía de un país que había sido saqueado por invasores, por lo tanto, aunque emocionados por conformar un nuevo país, se conducían con mucha cautela.

Cada mitad nombró sus representantes, firmaron acuerdos y escribieron una Constitución. Las dos mitades sonrieron y se abrazaron seguras de haber encontrado, por fin, su lugar en el mundo. Organizaron festividades y celebraciones que se prolongaron por varios meses hasta que la euforia inicial dio paso a la rutina y a los hábitos. Poco a poco empezaron a surgir las primeras diferencias.

Una de las mitades desconfiaba de la otra, temía ser víctima de un engaño y terminar saqueada y en ruinas como en el país anterior. La otra mitad aunque nerviosa por la desconfianza sonreía segura de que el tiempo sería su aliado y podrían integrarse sin miedos.

Pronto la desconfianza escaló, una de las mitades vigilaba a la otra y dudaba de sus acciones. La otra mitad decidió vestir de blanco todo el tiempo y caminar con las manos en alto como señal de buena voluntad. Llegó el día en que las voces de protesta fueron más fuertes que las que pedían paciencia. Se desató la guerra civil.

Una guerra no deja vencedores, solo vencidos; al comprender eso las dos mitades deshicieron sus acuerdos y dejaron de ser un país. Una de las mitades se sintió defraudada y saqueada una vez más. La otra mitad cortó un trozo de territorio abandonado y decidió convertirse en una isla.

Los tristes

agosto 8, 2017

Miércoles

El niño vino otra vez. No tocó el arroz con huevo que le dejé a la entrada del cuarto tal y como me dijo el Africano que hiciera para entretenerlo. Me quedó tan maluca esa vaina, debe ser por los problemas con Juana, no me sale bien ni el agua tibia, no me extraña que el niño ni lo haya olido.

Jueves

Mañana me encuentro con Juana. Quiere sacar la ropa y las otras cosas que dejó acá, yo creo que es excusa para tantear el terreno y ver qué podemos hacer. Voy a ponerme la camisa que me regaló. El niño no vino hoy. No voy a volver a cocinarle nada, el Africano no sabe nada.

Viernes

Juana quedó de pasar el sábado por la tarde por las cosas. Parece que no tiene reversa eso. No me dijo nada de la camisa, no me dijo nada de nosotros, nada personal, era como si estuviera haciendo una diligencia bancaria, ese tono de voz neutro, sin perrenque, sin color, como si hablara con un desconocido, cordial pero lejana. No dijo nada cuando le dije que volviera, apenas me miró como se mira a un niño chiquito que se queja del ratón Pérez. El único momento en el que me miró a los ojos fue cuando le hablé del niño. Aunque bajó la mirada de una y cambió de tema. No me gustó eso, ¿será que sabe algo?

Sábado

Esta madrugada vino el niño. Otra vez se sentó a los pies de la cama, no dice nada cuando le hablo, no hace nada distinto a mirarme a los ojos. Esta vez la herida de la cabeza se le veía más fresca, la sangre se veía brillante y no seca y opaca como las otras veces. Me da la impresión que se sentó más cerca esta vez.

Juana recogió las cosas entre unas cajas y unas maletas. Las maletas no las conozco, tampoco son nuevas, alguien se las prestó. Quise ayudarle a bajar todo pero no quiso. No alcancé a ver quién manejaba la camioneta en la que vino.

Domingo

Me vomité esta madrugada apenas entró el niño. Hoy era un cadáver podrido sentado en mi cama. No sé si me miraba a los ojos porque los suyos estaban vacíos, sentí que sí. Me tapé la cabeza con las cobijas hasta que sentí que se levantó. Voy a hacerle una comida bien rica a ver si me deja en paz. Juana cambió el celular.

Lunes

El niño se quedó en la puerta, no pudo cruzar la sal. El Africano esta vez sí acertó. Aunque dijo que si eso pasaba no era un niño el que me visitaba sino algo con forma de niño. ¿Será un enano? Juana me sacó de Facebook y me bloqueó.

Martes

Hay un animal muerto. El olor no me deja dormir. Levanté todo el tablado del apartamento, encontré un hueso seco envuelto en pelos rojizos debajo de donde estaba la silla de leer de Juana. Eché desinfectante y ambientador y el olor no se va, se queda escondido, como agazapado y vuelve en rachas tan nauseabundas que vomito sin alcanzar a correr al baño. Estoy cansado de limpiar mi propio vómito. No sé cómo mis pasos me llevaron a la casa de la mamá de Juana, no quiso decirme donde está viviendo, no quiero volver con ella, lo único que quiero es que me devuelva las llaves, le dije a la doña. No me creyó. Cuando le grité que Juana había metido un animal muerto al apartamento, que no la encubriera, vieja hijueputa, llamó a la policía y me sacaron de ahí.

Miércoles

No llegué a trabajar. Salí como todos los días y me perdí, o no, no sé. Cuando me di cuenta estaba en el último paradero de los buses y eran las tres y diecisiete de la tarde. No sé qué hice desde las ocho de la mañana. Juana le echó algo a mi comida. Voy a botarla toda y a cambiar las cerraduras. Si cree que así me va a sacar del apartamento está muy equivocada.

Jueves

No tuve que cambiar las cerraduras. El portero me entregó un sobre. Adentro estaba la llave y un papel que decía “Gracias por todo”. Siete años y todo lo que recibo es un graciasportodo. Come mierda, Juana, nunca vas a leer esto, pero come mucha mierda. El portero dice que Juana dejó el sobre con la llave desde el sábado cuando salió. ¿Desde el sábado y hasta hoy me lo entregó? No le creo. También está confabulado con ella. El niño lleva todo el día sentado en el sofá al lado de la ventana. Esta noche no duermo acá.

Domingo

Tengo que ir al apartamento. Da igual. No recuerdo dónde he estado. Sé que salí el jueves en la noche a dormir a un hotel del centro. Decidí caminar para no gastar plata. Ya no tengo trabajo. Nunca llegué al hotel. Desperté el sábado mientras caminaba. La sombra alargada del niño iba detrás. No fui capaz de voltear a mirar, estoy muy nervioso y no quiero verlo. Grité a una muchacha que era igual a Juana por detrás, el mismo pelo, la misma ropa, la misma estatura, pero otra cara, otra edad. Juana la contrató para enloquecerme. Le grité que no me siguiera más y que se llevara al hijueputa niño.

Lunes

Creo que el niño está adentro. Apenas puse pie en el apartamento vi una sombra que corría hacía mí. Creí que era Juana que por fin había recapacitado y abrí los brazos para abrazarla. Abracé el aire y sentí que se me entró un frío que se apoderó de mi estómago y desde ese momento empezó a crecer y a llenarme. Tengo la lengua quemada de tomar agua hirviendo.

¿Quién es esa Juana a la que tanto llamo? ¿Tuvimos un hijo? No lo encuentro.

Martes

Tengo cuerpo nuevo. Está muy flaco y tiene la boca destrozada por las quemaduras. No sé por qué los tristes son más fáciles de dominar.

¿Sí me entiende?

julio 28, 2017

Pues es que los cuchos me enseñaron a no dejarme, ¿sí me entiende? a mí no me la monta es nadie, eso sí el que da papaya, lleva, ¿quién los manda no estar en la juega? Vea, por ejemplo, el otro día la cucha de la tienda me dio cien pesos de más en las vueltas, me los embolsillé y me pisé de ahí, culpa de ella por no estar abeja. Es como en los buses, yo no voy a pagar por ese servicio de mierda, uno bien espichado ahí y los de arriba sí se roban todo, de malas, papá, es como una forma de protesta que tenemos con mis amigos, ¿sí me entiende? que paguen otros, yo no voy a pagar, ¿no ve que eso es un negocio? eso debería ser para la gente, yo no les voy a dar plata a esos perros. La otra vez casi enciendo a un mancito todo salsa, dizque porque me colé, yo que me voy a poner a hacer fila, ¿no ve que iba de afán? dizque respete la fila, que la respete su agüela. A las hembritas les encanta eso, si viera como me miraban, es que así digan que no a todas les gusta un tipo bien macho que no se deje de nadie no un güevoncito de esos todos miedosos, es que con las hembritas toca así, dicen que no pa’ que uno les ruegue, dicen que no y es que sí, así es la vuelta, se hacen las asustadas y hasta miran mal, pero eso es puro visaje, ¿sí me entiende? yo sé cómo es la vuelta; vea toca es ser la cagada que eso les encanta y se cagan de risa y ahí ya fue, por ejemplo la otra vez que con mis amigos nos pusimos a madrear por internet al técnico ese calvo, ¿cómo es que se llama? o al ciclista, Jairo Nosequé, eso es puro balseo, ganas de joder la vida y reírnos con los parceros, es que yo sí soy la cagada, ¿sí me entiende? todo me vale güevo y mis amigos se cagan de la risa conmigo, ¿sí o qué que soy la cagada? ¿Y usté por qué no se ríe, hijueputa? ¿Muy salsita? Ríase, pirobo que es jodiendo, lo vi, quihubo, pues.

El pasillo infinito

junio 27, 2017

Manotazos, puños y rasguños que se quedan en el aire, esa sensación de pesadez y torpeza propia de los sueños, ya no sabe si sueña o está despierta. El corredor se extiende hasta el infinito, el patrón selvático de la alfombra se une con el techo un poco más allá de la última bombilla. Día o noche da igual, ya no hay diferencia, qué va importar si existen el sol o la luna, o la tierra, lo único que queda es ese pasillo infinito. Y la cosa.

A ellos sí les importa si es de día o de noche. Para ellos sí existe el sol, la luna y la tierra. El pasillo infinito solo lo verán en las pesadillas posteriores en las que ella agita su mano delgada y huesuda, en un movimiento que es a la vez saludo y despedida, sonríe feliz y espantada, sus ojos abiertos hasta el máximo ya no miran nada distinto al horror.

Otra luz se apaga en el fondo del pasillo, la oscuridad está más cerca y en ella contenida y a la vez formada la cosa que la persigue desde esa noche sin estrellas en la que por primera vez no pudo dormir y decidió pintar el techo de su casa de colores luminosos que brillaban en la oscuridad en el primer intento por escapar de eso.

La anciana señala el frasco con las pastillas que su hija debe tomar para evitar que la oscuridad se la trague, el anciano se lleva la mano a la boca, logra contener un grito para no asustar más a su esposa. Bajan juntos con la lentitud exasperada de quien se sabe viejo y frágil, ella aprieta contra el pecho el frasco y murmura una letanía histérica y monocorde, él la sostiene del brazo y se aferra por llenar su mente de luz blanca que envía a su hija. Salen a la máxima velocidad que alcanza su carro familiar esperanzados en que aún están a tiempo.

La oscuridad se traga el pasillo infinito, está a solo unos metros de su nariz, sabe que es por ahí y por sus ojos por donde entrará. En un intento vano y desesperado por despistar a la cosa se quita la ropa y arma un torpe espantapájaros/espantacosas que no logra su cometido y que tan solo confundirá a la policía unas horas más tarde. Con su último pensamiento se arranca los ojos y destroza su nariz, la cosa envuelta en la oscuridad entra y se apodera de su mente. Vivirá a pesar de todo, pero no será nunca más una persona.

Crónicas desde el futuro vol. IV

junio 9, 2017

El origen de esta curiosa y efímera moda surgió de las tradicionales Encuestas Mundiales de Satisfacción. El objetivo del Consejo era recabar la mayor cantidad de información posible sobre sus gobernados para de esa manera determinar las políticas a seguir para mantenerlos bajo su dominio.

Los preocupantes incrementos en los índices de satisfacción con la vida ocasionaron acalorados debates en el Consejo, aunque durante varios meses no acordaron una solución que le ofreciera a la humanidad algún tipo de divertimento que los sacara de su miseria espiritual, el consenso era unánime: debían hallar pronto el remplazo del consumismo desaforado porque una masa de personas con tiempo para pensar e insatisfacción permanente era la puerta de entrada a una revolución y por lo tanto peligraban los privilegios de los miembros del Consejo, sus familias y amigos cercanos.

La solución pronto fue hallada por el Departamento de Entretenimiento. Un agresivo plan de expectativa promocionó Las Vacaciones de Sí Mísmo. “¿Ha soñado con ser una estrella del deporte? ¿O tal vez un artista reconocido? ¿Un ermitaño en los bosques de Birmania?*” Por supuesto, no toda la población estaba en capacidad de pagar los planes Premium, por lo tanto fueron diseñados planes de vacaciones al alcance de todos los presupuestos.

Las Vacaciones de Sí Mismo permitían que cada persona adulta, una vez firmara los permisos de rigor y pagara por adelantado, podría vivir la vida de otra persona durante una semana. El procedimiento era muy sencillo, se recurría al Volcamiento de Memoria (ya usado como método para prolongar la vida aunque los filósofos no se ponían de acuerdo si trasladar “el ser” a un artefacto era vida), de manera que dos personas intercambiaban sus cuerpos. Algunas personas no soportaban estar en un cuerpo distinto y se suicidaron, es decir asesinaron a otra persona, otros se hallaron tan a gusto que huyeron en sus nuevos cuerpos, otros los aprovecharon para llevar a venganzas terribles, otros sometieron al cuerpo prestado a un desgaste tan acelerado durante esa semana que los devolvían casi inservibles. Aun así los estimados del Departamento de Entretenimiento establecieron una tasa de buen uso de los cuerpos intercambiados superior al 63%. Sin embargo, el porcentaje de quejas y problemas fue tan alto que el Consejo clausuró el programa y prohibió su reapertura.

*Desde el incendio de la Amazonía los bosques de Birmania fueron el último reducto verde en el planeta.

 

Los ojos del abuelo

mayo 2, 2017

Mamá no me ve. Toda la tarde he tratado de que me escuche y no lo hace. Solo mira por la ventana, me acaricia la cabeza de la misma forma como acaricia al perro cuando se le acerca, es como si no estuviera ahí, sus ojos miran a través de las pared y no me escucha ni me ve. Sé que mira al abuelo que sigue en su silla en el frente de la casa, igual que ayer, que el día antes de ayer y que mañana. Yo no puedo verlo a través de la pared, debo ir y mirarlo. Me siento en el escalón de la puerta al lado de su silla, de tanto en tanto da un sorbo a su café negro como el petróleo con el que cocinaba la abuela antes de enfermar, murmura cosas que a veces entiendo y a veces no. Estos días ha hablado mucho en su idioma que parece una canción larga, hermosa y triste. Cuando le pregunto me mira como si me viera por primera vez, sonríe y responde en español, me habla de su infancia lejana en el tiempo y al otro lado del mar.

Esta mañana el abuelo hablaba en voz baja, concentrado en sus recuerdos y en el ritmo como de letanía de su lengua, le pregunté qué decía y no me oyó, tampoco me vio aunque le mostré la trenza que yo sola pude hacer por primera vez. Me acerqué despacio a su cara y salté frente a sus ojos inmóviles y felices. Fue entonces cuando lo vi y puedo jurarlo a ver si así mamá me cree. Me senté en sus rodillas y le di un beso en el cachete seco y arrugado. En sus ojos el viento corre libre por un desierto en el que nunca he estado pero que conozco por las historias de los abuelos y mis tías, una casa blanca, rodeada de otras casas iguales se alza en la piedra desnuda, sin plantas, tan diferente a las colinas de acá, veo al abuelo salir de su casa seguido de su familia para no volver, la imagen se disuelve en una lágrima y el abuelo me ve otra vez por primera vez, me toma de la mano y me lleva a la cocina, va a partir una patilla que compartiremos. Mamá sigue inmóvil, me acerco a ella, en sus ojos un barco atraviesa el océano, ahora entiendo, por eso no me ve, ni me escucha. Tomo la patilla con mis manos, la muerdo y siento como el líquido resbala por mi quijada y mancha mi vestido, no importa, me pregunto qué historia contarán mis ojos.